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La clave de una vida victoriosa está determinada, por lo tanto, que creemos en la Palabra, cuando la situación es incomprensible, que tanto creo en la Palabra cuando pareciera más razonable hacer las cosas a mi manera o hacer, lo que todo el mundo hace, antes que obedecer su Palabra. Le quiero dar tres razones.

a. Su palabra PERMANECE para siempre.
Su palabra es firme. Lo que Él dice va porque va y ninguna circunstancia, ningún hombre o ningún diablo detendrá su veracidad.

b. Su palabra tiene PODER.
La creación es la evidencia. Todo está diseñado para funcionar de acuerdo a su Palabra, porque fue la Palabra la que le dio vida a todo. Por eso, quiero resaltar cuatro conclusiones que saque del Salmo 119:93-95 basado en el Poder de la Palabra:

*Disfrutarla te hace fuerte. El salmista dice: en el versículo
92Si tu ley no fuera mi regocijo, la aflicción habría acabado conmigo.

*Memorizarla te da vida.
93 Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has dado vida.

*Escudriñarla te salva. El salmista dice
94 ¡Sálvame,‚Ķ porque yo escudriño tus preceptos!

Entenderla te defiende
95 Los impíos me acechan para destruirme, pero yo me esfuerzo por entender tus estatutos.

c. Su palabra es PERFECTA.
El ser humano es imperfecto, por eso el camino de la vida está lleno de situaciones imperfectas. Pero será mi respuesta de acuerdo a la perfecta Palabra que sacara de la situación más imperfecta un resultado perfecta, porque su perfección es ilimitada, Medite en esta palabra profética de parte de Dios.

Salmos 119:89-96 (NVI)
89 Tu palabra, Señor, es eterna, y está firme en los cielos. 90 Tu fidelidad permanece para siempre; estableciste la tierra, y quedó firme. 91 Todo subsiste hoy, conforme a tus decretos, porque todo está a tu servicio. 92 Si tu ley no fuera mi regocijo, la aflicción habría acabado conmigo. 93 Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has dado vida. 94 ¡Sálvame, pues te pertenezco y escudriño tus preceptos! 95 Los impíos me acechan para destruirme, pero yo me esfuerzo por entender tus estatutos. 96 He visto que aun la perfección tiene sus límites; ¡solo tus mandamientos son infinitos!