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La intimidad con Dios empieza con Dios; intimidad con Dios no se trata de lo que Él pueda dar o hacer, por mí. Intimidad con Dios es más que solo orar.

Analicemos 4 cosas que definen nuestra intimidad con Dios.

1. La intimidad con Dios define nuestro propósito en la vida.

Fuimos creados para tener una relación con Dios, por lo tanto, nuestro propósito en la vida lo descubro en mi relación con Él y esta debo fortalecerla cada día.

2. La intimidad con Dios define lo que perseguimos en la vida.

No vemos las cosas como son, sino que las vemos como somos. Al final nos convertimos en lo que perseguimos y lo que perseguimos define lo que somos. Ahora la pregunta es ¿qué o quién podrá definir lo que somos, mejor que Dios?

3. La intimidad con Dios define mi pasión en la vida.

Cada día debe haber una preocupación, una prioridad, una cosa, que sea el centro de mi vida, y esa es, estar con Él. Ahora ese “Estar con Él”, es más que un momento de oración, estar con Él es más que saber que Él está aquí, es más que conformarnos con su Omnipresencia, estar es que mi alma, mi corazón y mente tengan conciencia permanente de su Presencia.
La búsqueda de significado en el hombre se traduce en la frase: “Debe haber algo más que esto”. Él es eso más, que buscamos.

Alguien dijo: Aquello que esté en el centro de nuestras vidas será la fuente de nuestra dirección, sabiduría y poder.

4.La intimidad con Dios define mi victoria.

Una vida de victoria no está determinada por una situación, sino por una revelación. No es conocer lo que está pasando, lo que determina lo que Dios está haciendo. Es conocer a Dios, lo que verdaderamente determina, lo que está pasando. Y hay dos cosas que tienes que conocer de Él en medio de cada situación que vives.
Que es bueno.
Que él te ama.
La convicción de esto, lo define nuestra intimidad y esa convicción, nuestra victoria, en medio de cualquier situación.

Palabra Profética
Salmos 27:4-6 (NVI)
4 Una sola cosa le pido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo.
5 Porque en el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre una roca.
6 Me hará prevalecer frente a los enemigos que me rodean; en su templo ofreceré sacrificios de alabanza y cantaré salmos al Señor.