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Vivimos cada día en medio de una terrible sensación de inseguridad y desprotección, que han llevado al ser humano, en un afán de sentirse seguro, crear las mismas armas con las que hoy se han cobrado tantas vidas a lo largo de toda la tierra. Ante semejantes hechos aterradores, es importante saber y entender que solo debajo de las alas protectoras de nuestro Dios es donde podremos sentirnos seguros y tranquilos.

Dios es una PROTECCIÓN SEGURA contra:
1. Las asechanzas del mundo espiritual.
Salmos 34:7
El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende. Las tinieblas a través de demonios, brujerías o hechicerías quieren perturbar nuestra vida con ataques u opresiones que solo en Cristo y por su protección quedan neutralizados y sin efecto en nuestra vida.

2. Ataques terrenales de delincuentes o enemigos.
Salmos 3:3-7
Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo. Selah Yo me acosté y dormí, Y desperté, porque Jehová me sustentaba. No temeré a diez millares de gente, Que pusieren sitio contra mí. Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío; Porque tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla; Los dientes de los perversos quebrantaste.

Los seres humanos llenos de odio en su corazón procurarán nuestro mal, pero si Dios es nuestro escudo, podremos sentir que ninguna estrategia humana o ataque de los perversos podrá tocarnos. Cada día salgamos de casa sin temor y con confianza de que Dios está con nosotros y a través de sus ángeles nos cuida y protege.

3. Nuestras propias debilidades.
Salmos 124:7-8
Nuestra alma escapó cual ave del lazo de los cazadores; Se rompió el lazo, y escapamos nosotros. Nuestro socorro está en el nombre de Jehová, Que hizo el cielo y la tierra.

Los seres humanos somos frágiles y solo debajo de la cobertura y protección de Dios es que podemos sentirnos seguros y confiados; pero si nos salimos de su cobertura, no solo se evidenciará aún más nuestra fragilidad, sino que además nos volveremos vulnerables a toda debilidad y tentación internas que procurarán nuestra propia destrucción y derrota.

Palabra profética
Salmos 91:1-7
El que habita al abrigo del Altísimo. Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará.