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No es el tamaño de la fe, porque cuando se trata de la Fe, el tamaño no lo es todo. Tampoco se trata del tamaño de la montaña. ¿Sabes, por qué? Porque Dios es más grande que todo.
Si de verdad confías en Dios, el tamaño de tu fe no importa; la verdadera fe, aunque sea pequeña puede hacer grandes cosas.

Al fin y al cabo, no se trata de la fuerza de la Fe, sino del fundamento de mi FE. No es la capacidad de la Fe, sino el cimiento de la Fe.
No es FE en la FE. Un poquito de FE en Él hace lo que mucha FE en la FE no puede hacer.

La Fe en la FE está basada en lo que yo puedo creer, en lo que yo puedo hacer y es medida por resultados. La Fe en Él, por cuanto no está basada en mis capacidades o en mis posibilidades, sino en Él, porque Él todo lo puede, siempre lo puede y nunca es tarde.

La ecuación es sencilla: DIOS GRANDE, problema pequeño; dios pequeño, GRANDES PROBLEMAS.

La pregunta es ¿Cuál es el Dios al que realmente estás adorando? ¿A un GRAN, GRAN, GRAN DIOS? Entonces, ¿cuál es el problema?
Muchas veces tendemos a operar basados en una fe que depende de nuestros sentimientos. En vez de tener esa fe que no depende de cómo me siento, sino que depende de la fidelidad de Dios.
Hoy quiero decirte que no se trata de la grandeza de tu Fe, sino de la grandeza de Tu Dios.

Palabra Profética
Mateo 17:19-20 (NVI)
19 Después los discípulos se acercaron a Jesús y, en privado, le preguntaron:
¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?
20 Por la poca fe que tienen les respondió. Les aseguro que, si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: “Trasládate de aquí para allá”, y se trasladaría. Para ustedes nada sería imposible.