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Septiembre 14 | Día 174

La obra del Espíritu como tu defensa.

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La obra del Espíritu como tu defensa.

 

Hechos 22:1-21 (RV’60)

 Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante vosotros.

Y al oír que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio. Y él les dijo:

Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros.

Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres;

como el sumo sacerdote también me es testigo, y todos los ancianos, de quienes también recibí cartas para los hermanos, y fui a Damasco para traer presos a Jerusalén también a los que estuviesen allí, para que fuesen castigados.

Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo;

y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.

Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo.

10 Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas.

11 Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco.

12 Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban,

13 vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré.

14 Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.

15 Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.

16 Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.

17 Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis.

18 Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.

19 Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti;

20 y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.

21 Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles.

 

Hechos 22:1-21 (NTV)

«Hermanos y estimados padres —dijo Pablo—, escuchen mientras presento mi defensa». 

Cuando lo oyeron hablar en el idioma de ellos, el silencio fue aún mayor.

Entonces Pablo dijo: «Soy judío, nacido en Tarso, una ciudad de Cilicia, y fui criado y educado aquí en Jerusalén bajo el maestro Gamaliel. Como estudiante de él, fui cuidadosamente entrenado en nuestras leyes y costumbres judías. Llegué a tener un gran celo por honrar a Dios en todo lo que hacía, tal como todos ustedes hoy. 

Perseguí a los seguidores del Camino, acosando a algunos hasta la muerte, y arresté tanto a hombres como a mujeres para arrojarlos en la cárcel. 

El sumo sacerdote y todo el consejo de ancianos pueden dar fe de que esto es cierto. Pues recibí cartas de ellos, dirigidas a nuestros hermanos judíos en Damasco, las cuales me autorizaban a encadenar a los seguidores del Camino de esa ciudad y traerlos a Jerusalén para que fueran castigados.

»Cuando iba de camino, ya cerca de Damasco, como al mediodía, de repente una intensa luz del cielo brilló alrededor de mí. 

Caí al suelo y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”.

»“¿Quién eres, señor?”, pregunté.

»Y la voz contestó: “Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues”. 

La gente que iba conmigo vio la luz pero no entendió la voz que me hablaba.

10 »Yo pregunté: “¿Qué debo hacer, Señor?”.

»Y el Señor me dijo: “Levántate y entra en Damasco, allí se te dirá todo lo que debes hacer”.

11 »Quedé ciego por la intensa luz y mis compañeros tuvieron que llevarme de la mano hasta Damasco. 

12 Allí vivía un hombre llamado Ananías. Era un hombre recto, muy devoto de la ley y muy respetado por todos los judíos de Damasco. 

13 Él llegó y se puso a mi lado y me dijo: “Hermano Saulo, recobra la vista”. Y, en ese mismo instante, ¡pude verlo!

14 »Después me dijo: “El Dios de nuestros antepasados te ha escogido para que conozcas su voluntad y para que veas al Justo y lo oigas hablar. 

15 Pues tú serás su testigo; les contarás a todos lo que has visto y oído. 

16 ¿Qué esperas? Levántate y bautízate. Queda limpio de tus pecados al invocar el nombre del Señor”.

17 »Después de regresar a Jerusalén y, mientras oraba en el templo, caí en un estado de éxtasis. 

18 Tuve una visión de Jesús, quien me decía: “¡Date prisa! Sal de Jerusalén, porque la gente de aquí no aceptará tu testimonio acerca de mí”.

19 »“Pero Señor —argumenté—, seguramente ellos saben que, en cada sinagoga, yo encarcelé y golpeé a los que creían en ti. 

20 Y estuve totalmente de acuerdo cuando mataron a tu testigo Esteban. Estuve allí cuidando los abrigos que se quitaron cuando lo apedrearon”.

21 »Pero el Señor me dijo: “¡Ve, porque yo te enviaré lejos, a los gentiles!”».

 

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COMENTARIOS

 

Cuando la multitud reconoció que Pablo estaba hablando en hebreo, se quedó más callada aún (no porque el hebreo fuera un lenguaje sagrado, sino porque les hizo darse cuenta de que era judío, y no gentil, ya que los gentiles trataban sus negocios con los judíos en idioma griego).

Entonces Pablo se identificó como judío nacido en Tarso, pero criado en Jerusalén, a los pies de Gamaliel. Gamaliel lo había enseñado a prestar estricta atención a todos los detalles de la ley de los padres (La ley de Moisés con las adiciones de todas las tradiciones de los escribas y fariseos).

Él también había sido un zelote, devotamente consagrado a Dios, tal como eran los que escuchaban.

 

A continuación, Pablo les narró el relato de la luz venida del cielo y la voz de Jesús que sus compañeros no oyeron. Les contó cómo recibió la vista nuevamente por medio de Ananías de Damasco y cómo el Espíritu Santo lo envío a encontrarse con Pablo porque "instrumento útil sería este ex perseguidor y participante del asesinato de Esteban".

Pablo continúa narrando todos los sucesos vividos anteriormente para llegar a explicar cómo estaba frente a ellos y el porqué de toda la situación en la que se veía envuelto.

 

Podemos ver una vez más, que, así como Pablo, estamos muy lejos de la meta de inicio. Todo aquel que ha tenido un encuentro con Cristo está muy lejos de lo que fue, pero cada vez más cerca de lo que será. No hay mejor carta de presentación que la experiencia y testimonio de conversión, como evidencia cuando alguien demande una defensa de nuestra fe. El Espíritu ha obrado, ya no somos los mismos, ni podemos serlo.

 

Gracias Espíritu Santo. 🔥

 

4 pasos que te ayudarán a tener un tiempo con Dios.


Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.

  1. Lea despacio

  2. Lea en voz alta

  3. Mientras esté leyendo pregúntele a Dios:

¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele


Dios podría estar hablándole de Él

  1. ¿Quién es Él?
  2. ¿Cuáles son sus características?
  3. ¿Qué hará?

Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:

  • P ¿Será un PECADO que debo confesar?
  • A ¿Será una ACTITUD que debo adoptar?
  • M ¿Será un MANDAMIENTO que debo obedecer?
  • P ¿Será una PROMESA que debo reclamar?
  • E ¿Será un EJEMPLO que debo seguir o evitar?

Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con él en oración.


  1. Pida PERDÓN: Confiese su pecado, arrepiéntase y reciba el perdón de Dios

  2. De GRACIAS: Agradezca a Dios por sus muchas bendiciones y promesas

  3. Por FAVOR: Ore por sus necesidades y las de otros; salvación, sanidad, protección …

  4. Finalice diciendo TE AMO. Termine este tiempo en adoración y alabanza

Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con él en oración.


  1. ¿Qué le habló Dios?
  2. ¿Cómo esto cambiará sus perspectivas?
  3. ¿Cómo aplicará esto en su vida diaria?

Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”

Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”

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