Marzo 15 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 53
DEUTERONOMIO 1 AL 3
Introducción al primer discurso de
Moisés
1 Estas
son las palabras que Moisés dirigió a todo el pueblo de Israel cuando se
encontraba en el desierto, al oriente del río Jordán. Ellos acampaban en el
valle del Jordán, cerca de Suf, entre Parán de un lado y Tofel, Labán,
Hazerot y Dizahab del otro.
2 Por
lo general, solo lleva once días viajar desde el monte Sinaí hasta
Cades-barnea, siguiendo la ruta del monte Seir. 3 Sin
embargo, cuarenta años después de que los israelitas salieron de Egipto, el
primer día del mes once, Moisés le habló al pueblo de Israel acerca de
todo lo que el Señor le había ordenado que dijera. 4 Ese
hecho ocurrió luego de derrotar a Sehón, rey de los amorreos, quien gobernaba
en Hesbón, y después de derrotar en Edrei a Og, rey de Basán, quien gobernaba
en Astarot.
5 Mientras
los israelitas estaban en la tierra de Moab, al oriente del río Jordán, Moisés
les explicó con mucho cuidado las siguientes instrucciones que el Señor había
dado:
La orden de dejar el Sinaí
6 «Cuando
estábamos en el monte Sinaí, el Señor nuestro Dios nos dijo: “Ya
pasaron bastante tiempo en este monte. 7 Es hora de
levantar el campamento y seguir adelante. Vayan al territorio montañoso de los
amorreos y a todas las regiones vecinas: el valle del Jordán, la zona
montañosa, las colinas occidentales, el Neguev y la llanura costera. Vayan
a la tierra de los cananeos y al Líbano, y avancen hasta el gran río
Éufrates. 8 ¡Miren, les doy toda esta tierra!
Entren y tomen posesión de ella, porque es la tierra que el Señor juró
dar a sus antepasados—Abraham, Isaac y Jacob—y a todos los descendientes de
ellos”».
Moisés nombra líderes de cada tribu
9 Moisés
siguió diciendo: «En aquel tiempo, les dije: “Ustedes son una carga demasiado
pesada para sobrellevarla yo solo. 10 El Señor su
Dios los ha aumentado en cantidad, ¡son tan numerosos como las estrellas! 11 ¡Que
el Señor, Dios de sus antepasados, los multiplique mil veces más y los
bendiga tal como lo prometió! 12 ¡Pero ustedes son
demasiado peso para llevar! ¿Cómo puedo lidiar con tantos problemas y
discusiones entre ustedes? 13 Elijan a hombres bien
respetados de cada tribu, conocidos por su sabiduría y entendimiento, y yo los
nombraré líderes de ustedes”.
14 »Y
ustedes respondieron: “Es una buena idea”. 15 Así
que tomé a esos hombres sabios y respetados que ustedes habían elegido de sus
respectivas tribus y los designé para que fueran jueces y funcionarios sobre
ustedes. Algunos estuvieron a cargo de mil personas; otros, de cien; otros, de
cincuenta; y otros, de diez.
16 »En
aquel tiempo, les di a los jueces las siguientes instrucciones: “Ocúpense de
oír todos los casos de sus hermanos israelitas y también los de los extranjeros
que viven entre ustedes. Sean totalmente justos en las decisiones que
tomen 17 e imparciales en sus juicios. Atiendan los
casos tanto de los pobres como de los ricos. No se acobarden ante el enojo de
nadie, porque la decisión que ustedes tomen será la decisión de Dios. Tráiganme
a mí los casos que les resulten demasiado difíciles, y yo me ocuparé de ellos”.
18 »En
aquel tiempo, les di instrucciones a ustedes acerca de todo lo que tenían que
hacer.
Exploración de la Tierra Prometida
19 »Entonces,
tal como el Señor nuestro Dios nos ordenó, partimos del monte Sinaí y
cruzamos el inmenso y terrible desierto, como seguramente ustedes recuerdan, y
nos dirigimos hacia el territorio montañoso de los amorreos. Al llegar a
Cades-barnea, 20 les dije: “Han llegado al
territorio montañoso de los amorreos, el cual el Señor nuestro Dios
nos da. 21 ¡Miren! El Señor su Dios ha
puesto esta tierra delante de ustedes. Vayan y tomen posesión de ella como les
dijo en su promesa el Señor, Dios de sus antepasados. ¡No tengan miedo ni
se desanimen!”.
22 »Sin
embargo, todos ustedes se acercaron y me dijeron: “Primero enviemos espías a
que exploren la tierra por nosotros. Ellos nos aconsejarán cuál es la mejor
ruta para tomar y en qué aldeas entrar”.
23 »Me
pareció una buena idea, así que elegí a doce espías, uno de cada tribu. 24 Se
dirigieron hacia la zona montañosa, llegaron hasta el valle de Escol y lo
exploraron. 25 Cortaron algunos frutos y los
trajeron; luego nos informaron lo siguiente: “La tierra que el Señor nuestro
Dios nos ha dado es en verdad una muy buena tierra”.
Rebelión de Israel contra el Señor
26 »Sin
embargo, ustedes se rebelaron contra la orden del Señor su Dios y se
negaron a entrar. 27 Se quejaron dentro de sus
carpas y dijeron: “Seguro que el Señor nos odia. Por eso nos trajo
desde Egipto, para entregarnos en manos de los amorreos para que nos
maten. 28 ¿Adónde podemos ir? Nuestros hermanos nos
desmoralizaron cuando nos dijeron: ‘Los habitantes de esa tierra son más altos
que nosotros y son más fuertes, y las ciudades son grandes, ¡con murallas que
llegan hasta el cielo! ¡Hasta vimos gigantes, los descendientes de Anac!’”.
29 »Pero
yo les dije: “¡No se asusten ni les tengan miedo! 30 El Señor su
Dios va delante de ustedes. Él peleará por ustedes tal como vieron que hizo en
Egipto. 31 También vieron cómo el Señor su
Dios los cuidó todo el tiempo que anduvieron por el desierto, igual que un
padre cuida de sus hijos; y ahora los trajo hasta este lugar”.
32 »Pero
aun después de todo lo que él hizo, ustedes se negaron a confiar en el Señor su
Dios, 33 quien va delante de ustedes buscando los
mejores lugares para que acampen, y guiándolos, de noche con una columna de
fuego y de día con una columna de nube.
34 »Cuando
el Señor oyó que se quejaban, se enojó mucho y entonces juró
solemnemente: 35 “Ninguno de esta generación
perversa vivirá para ver la buena tierra que juré dar a sus antepasados, 36 excepto
Caleb, el hijo de Jefone. Él verá la tierra porque siguió al Señor en
todo. Les daré a él y a sus descendientes parte de esa misma tierra que exploró
durante su misión”.
37 »Además,
el Señor se enojó conmigo por culpa de ustedes. Me dijo: “Moisés, ¡tú
tampoco entrarás en la Tierra Prometida! 38 En
cambio, será tu ayudante Josué, hijo de Nun, quien guiará al pueblo hasta
llegar a la tierra. Anímalo, porque él irá al frente cuando los israelitas
tomen posesión de ella. 39 Daré la tierra a los
pequeños del pueblo, a los niños inocentes. Ustedes tenían miedo de que los
pequeños fueran capturados, pero serán ellos los que entrarán a poseerla. 40 En
cuanto a ustedes, den la vuelta y regresen por el desierto hacia el mar Rojo”.
41 »Luego
ustedes confesaron: “¡Hemos pecado contra el Señor! Ahora iremos y
pelearemos por la tierra como el Señor nuestro Dios nos lo ordenó”.
Entonces los hombres tomaron sus armas porque pensaron que sería fácil atacar
la zona montañosa.
42 »Pero
el Señor me encargó que les dijera: “No ataquen, porque yo no estoy
con ustedes. Si insisten en ir solos, serán aplastados por sus enemigos”.
43 »Eso
fue lo que les dije, pero ustedes no quisieron escuchar. En cambio, se
rebelaron otra vez contra la orden del Señor y marcharon con
arrogancia a la zona montañosa para pelear. 44 Entonces
los amorreos que vivían allí salieron a atacarlos como un enjambre de abejas.
Los persiguieron y los vencieron por todo el camino desde Seir hasta
Horma. 45 Luego ustedes regresaron y lloraron ante
el Señor, pero él se negó a escucharlos. 46 Por
eso se quedaron en Cades por mucho tiempo.
Israel en el desierto
2 »Luego
dimos la vuelta y regresamos por el desierto hacia el mar Rojo, tal como
el Señor me había indicado y, durante mucho tiempo, anduvimos de un
lugar a otro en la región del monte Seir.
2 »Finalmente
el Señor me dijo: 3 “Ya han estado
vagando lo suficiente por esta zona montañosa; ahora diríjanse al norte. 4 También
da las siguientes órdenes al pueblo: ‘Atravesarán el territorio de sus
parientes, los edomitas, los descendientes de Esaú, que viven en Seir. Los
edomitas se sentirán amenazados, así que vayan con cuidado. 5 No
los molesten, porque yo les he dado como propiedad toda la zona montañosa que
rodea el monte Seir, y a ustedes no les daré ni un metro cuadrado de esa
tierra. 6 Páguenles por todo el alimento que
necesiten para comer y también por el agua para beber. 7 Pues
el Señor Dios de ustedes los ha bendecido en todo lo que han hecho.
Él les ha cuidado cada paso que han dado por este inmenso desierto. En estos
cuarenta años, el Señor su Dios los ha acompañado, y no les ha
faltado nada’”.
8 »Entonces
pasamos de largo el territorio de nuestros parientes, los descendientes de
Esaú, que viven en Seir. Evitamos el camino que pasa por el valle del Arabá,
que sube desde Elat y Ezión-geber.
»Luego, cuando nos dirigimos hacia el norte por
la ruta del desierto que atraviesa a Moab, 9 el Señor nos
advirtió: “No molesten a los moabitas, descendientes de Lot, ni comiencen una
guerra contra ellos. A los moabitas les he dado la ciudad de Ar como propiedad
y a ustedes no les daré nada de su tierra”».
10 (Una
raza de gigantes conocida como los emitas vivió en una época en la región de
Ar. Eran tan fuertes, altos y numerosos como los anaceos, otra raza de
gigantes. 11 A los emitas y a los anaceos también
se les conoce como refaítas, aunque los moabitas los llaman emitas. 12 Antiguamente
los horeos vivían en Seir, pero fueron expulsados y desplazados de esa tierra
por los descendientes de Esaú, de la misma manera que Israel expulsó a los
habitantes de Canaán cuando el Señor le dio la tierra de ellos).
13 Moisés
siguió diciendo: «Entonces el Señor nos dijo: “Pónganse en marcha.
Crucen el arroyo Zered”. Así que cruzamos el arroyo.
14 »¡Treinta
y ocho años pasaron desde que partimos por primera vez de Cades-barnea hasta
que cruzamos finalmente el arroyo Zered! Para entonces, todos los hombres con
edad suficiente para ir a la guerra habían muerto en el desierto, tal como
el Señor juró que sucedería. 15 El Señor los
hirió hasta que todos quedaron eliminados de la comunidad.
16 »Cuando
todos los hombres con edad para ir a la guerra murieron, 17 el Señor me
dijo: 18 “Hoy cruzarán la frontera con Moab por la
ciudad de Ar 19 y entrarán en la tierra de los
amonitas, que son descendientes de Lot; pero no los molesten ni comiencen una
guerra contra ellos. A los amonitas les he dado el territorio de Amón como
propiedad y a ustedes no les daré ninguna parte de la tierra de ellos”».
20 (Antiguamente,
a esa región se le consideraba la tierra de los refaítas, porque ellos habían
vivido allí, aunque los amonitas los llamaban zomzomeos. 21 También
eran fuertes, altos y numerosos como los anaceos. Pero el Señor destruyó
a los refaítas para que los amonitas se apoderaran de la tierra de ellos. 22 Lo
mismo hizo por los descendientes de Esaú, que vivían en Seir, pues destruyó a
los horeos para que los de Esaú pudieran establecerse allí. Los descendientes
de Esaú viven en esa tierra hasta el día de hoy. 23 Algo
parecido sucedió cuando los caftoritas de Creta invadieron y destruyeron a
los aveos, que habían vivido en aldeas en la región de Gaza).
24 Moisés
siguió diciendo: «Entonces el Señor dijo: “¡Pónganse en marcha!
Crucen el valle del Arnón. Miren, les voy a entregar al amorreo Sehón, rey de
Hesbón, y también a su tierra. Atáquenlo y comiencen a apoderarse de su
territorio. 25 A partir de hoy, haré que los
pueblos de toda la tierra sientan terror a causa de ustedes. Cuando oigan
hablar de ustedes, temblarán de espanto y de miedo”».
Victoria sobre Sehón, rey de Hesbón
26 Moisés
siguió diciendo: «Desde el desierto de Cademot mandé embajadores a Sehón, rey
de Hesbón, con la siguiente propuesta de paz:
27 “Permítanos
atravesar su territorio. Nos quedaremos en el camino principal y no nos
desviaremos por los campos ni a un lado ni al otro. 28 Véndanos
alimentos para comer y agua para beber, y le pagaremos. Solo queremos permiso
para pasar por su territorio. 29 Los descendientes
de Esaú, que viven en Seir, nos permitieron pasar por su tierra, y lo mismo
hicieron los moabitas, que viven en Ar. Déjenos pasar hasta que crucemos el
Jordán y lleguemos a la tierra que el Señor nuestro Dios nos da”.
30 »Pero
Sehón, rey de Hesbón, no nos permitió cruzar, porque el Señor Dios de
ustedes hizo que Sehón se pusiera terco y desafiante, a fin de ayudarlos a
derrotarlo, tal como lo hizo.
31 »Así
que el Señor me dijo: “Mira, he comenzado a entregarte al rey Sehón y
a su tierra. Empieza ya a conquistar y a poseer su territorio”.
32 »Entonces
el rey Sehón nos declaró la guerra y movilizó sus fuerzas en Jahaza. 33 Sin
embargo, el Señor nuestro Dios lo entregó en nuestras manos, y lo
aplastamos a él, a sus hijos y a todo su pueblo. 34 Conquistamos
todas sus ciudades y los destruimos a todos por completo: hombres, mujeres y niños. No dejamos a
nadie con vida. 35 Nos llevamos todo su ganado como
botín, junto con todas las cosas de valor que había en las ciudades que
saqueamos.
36 »El Señor nuestro
Dios también nos ayudó a conquistar Aroer, que está al límite del valle del
Arnón, al igual que la aldea situada en el valle junto con todo el territorio
que se extiende hasta Galaad. Ninguna ciudad tenía murallas lo suficientemente
fuertes para detenernos. 37 Sin embargo, evitamos
pasar por la tierra de los amonitas, a lo largo del río Jaboc, y también por
las ciudades de la zona montañosa, o sea todos los lugares que el Señor nuestro
Dios nos ordenó no tocar.
Victoria sobre Og, rey de Basán
3 »Luego
dimos la vuelta y nos dirigimos a la tierra de Basán, donde el rey Og nos atacó
en Edrei con todo su ejército. 2 Pero el Señor me
dijo: “No le tengas miedo, porque yo te he dado la victoria sobre Og y sobre
todo su ejército, y te daré todo su territorio. Trátalo de la misma manera que
trataste a Sehón, rey de los amorreos, quien gobernaba en Hesbón”.
3 »Así
que el Señor nuestro Dios nos entregó al rey Og y a toda su gente, y
los matamos a todos. No quedó nadie con vida. 4 Conquistamos
cada una de las sesenta ciudades del reino, es decir, a toda la región de
Argob, dentro de Basán. No dejamos ni una sola ciudad sin conquistar. 5 Esas
ciudades estaban fortificadas con murallas altas y portones con rejas. Al mismo
tiempo, también conquistamos muchas ciudades que no estaban amuralladas. 6 Destruimos
por completo el reino de Basán, de la misma manera
que habíamos destruido a Sehón, rey de Hesbón. En cada ciudad conquistada,
aniquilamos a toda la gente, tanto hombres como mujeres y niños. 7 Pero
nos quedamos con todos los animales y nos llevamos el botín de todas las
ciudades.
8 »Por
lo tanto, nos apoderamos de la tierra que pertenecía a los dos reyes amorreos
del oriente del río Jordán, desde el valle del Arnón hasta el monte
Hermón. 9 (Los sidonios llaman Sirión al monte
Hermón, mientras que los amorreos lo llaman Senir). 10 Para
entonces ya habíamos conquistado todas las ciudades de la meseta y todo el
territorio de Galaad y de Basán, aun hasta llegar a las ciudades de Salca y de
Edrei, que formaban parte del reino de Og, en Basán. 11 (Og,
rey de Basán, fue el último sobreviviente de los gigantes refaítas. Su cama era
de hierro y tenía más de cuatro metros de largo y casi dos de ancho. Aún
hoy se puede ver en la ciudad amonita de Rabá).
La división de la tierra al oriente
del Jordán
12 »Cuando
tomamos posesión de esa tierra, les di a la tribu de Rubén y a la de Gad el
territorio que está pasando Aroer, a lo largo del valle del Arnón, y también la
mitad de la zona montañosa de Galaad junto con sus ciudades. 13 Después
le entregué a la media tribu de Manasés el resto de Galaad y todo Basán, que
era el antiguo reino de Og. (A toda esa región de Argob, en Basán, se le
conocía como la tierra de los refaítas. 14 Jair,
uno de los líderes de la tribu de Manasés, conquistó toda esa región de Argob,
en Basán, hasta llegar a la frontera con los gesureos y maacateos. Jair le puso
su propio nombre a la región, es decir, la llamó Ciudades de Jair, y así
se le conoce hasta el día de hoy). 15 Le di Galaad
al clan de Maquir; 16 pero también di parte de
Galaad a la tribu de Rubén y a la de Gad. La región que les entregué se
extiende desde el medio del valle del Arnón, al sur, hasta el río Jaboc, en la
frontera amonita. 17 También recibieron el valle
del Jordán, es decir, todo el trayecto desde el mar de Galilea hasta el mar
Muerto, donde el río Jordán servía de límite occidental. Hacia el oriente
estaban las laderas del monte Pisga.
18 »En
aquel tiempo, les di la siguiente orden a las tribus que iban a vivir al
oriente del Jordán: “Por más que el Señor su Dios les haya dado esta
tierra como propiedad, todos sus hombres de guerra deberán cruzar el Jordán
delante de sus hermanos israelitas, armados y listos para ayudarlos; 19 pero
a sus esposas e hijos, y la gran cantidad de animales que tienen podrán
dejarlos en las ciudades que les di. 20 Una vez que
el Señor les haya dado seguridad a los demás israelitas—como ya lo ha
hecho con ustedes—y cuando ellos tomen posesión de la tierra que el Señor su
Dios les da del otro lado del río Jordán, entonces todos ustedes podrán volver
aquí, a la tierra que les he dado”.
A Moisés se le prohíbe entrar en la
Tierra Prometida
21 »En
aquel tiempo, le di a Josué la siguiente orden: “Tú viste con tus propios ojos
todo lo que el Señor tu Dios les hizo a esos dos reyes. Él hará lo
mismo con todos los reinos situados al occidente del Jordán. 22 No
tengas miedo de esas naciones, porque el Señor tu Dios peleará por
ustedes”.
23 »En
aquel tiempo, le rogué al Señor: 24 “Oh Señor Soberano,
a mí, tu siervo, recién has comenzado a mostrar tu grandeza y la fuerza de tu
mano. ¿Acaso hay otro dios en el cielo o en la tierra que pueda hacer cosas tan
grandes y poderosas como las que haces tú? 25 Te
pido, por favor, que me permitas cruzar el Jordán para ver esa tierra
maravillosa que hay del otro lado, la bella zona montañosa y los montes del
Líbano”.
26 »Pero
el Señor estaba enojado conmigo por culpa de ustedes y no quiso
escucharme. “¡Ya basta!—exclamó—. Ni una sola palabra más sobre ese
asunto. 27 Pero sube a la cima del monte Pisga y
mira la tierra en todas las direcciones. Mírala bien, pero no cruzarás el río
Jordán. 28 Por lo tanto, encarga a Josué y dale
ánimo y fuerzas, porque él guiará al pueblo en el cruce del Jordán. Les dará
como posesión toda la tierra que ahora ves frente a ti”. 29 Así
que nos quedamos en el valle que está cerca de Bet-peor.
SALMOS 53
Para el director del coro:
meditación, salmo de David.
53 Solo
los necios dicen en su corazón:
«No hay Dios».
Ellos son corruptos y sus acciones son malas;
¡no hay ni uno solo que haga lo bueno!
2 Dios
mira desde los cielos
a toda la raza humana;
observa para ver si hay alguien realmente sabio,
si alguien busca a Dios.
3 Pero no, todos se desviaron;
todos se corrompieron.
No hay ni uno que haga lo bueno,
¡ni uno solo!
4 ¿Será
posible que nunca aprendan los que hacen el mal?
Devoran a mi pueblo como si fuera pan
y ni siquiera piensan en orar a Dios.
5 El terror se apoderará de ellos,
un terror como nunca han conocido.
Dios esparcirá los huesos de tus enemigos.
Los avergonzarás, porque Dios los ha rechazado.
6 ¿Quién
vendrá del monte Sion para rescatar a Israel?
Cuando Dios restaure a su pueblo,
Jacob gritará de alegría e Israel se gozará.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
Moisés pronuncia sus últimas palabras de
advertencia y sabiduría a los israelitas antes de que entren en la tierra
prometida. ¡Esta es la conclusión épica de la Torá! Y, alerta de spoiler:
Moisés muere.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”