Abril 10 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 79
1 SAMUEL 4 - 8
1 Y
las palabras de Samuel llegaban a todo el pueblo de Israel.
Los filisteos capturan el arca
En aquel tiempo, Israel estaba en guerra con los
filisteos. El ejército israelita acampaba cerca de Ebenezer y los filisteos
estaban en Afec. 2 Los filisteos atacaron al
ejército de Israel y lo derrotaron matando a cuatro mil hombres. 3 Terminada
la batalla, las tropas se retiraron a su campamento, y los ancianos de Israel
se preguntaban: «¿Por qué permitió el Señor que los filisteos nos
derrotaran?». Después dijeron: «Traigamos de Silo el arca del pacto del Señor.
Si la llevamos con nosotros a la batalla, nos salvará de nuestros
enemigos».
4 Así
que enviaron hombres a Silo para que trajeran el arca del pacto del Señor de
los Ejércitos Celestiales, quien está entronizado entre los querubines. Los
hijos de Elí, Ofni y Finees, también estaban allí con el arca del pacto de
Dios. 5 Cuando los israelitas vieron que el arca
del pacto del Señor llegaba al campamento, ¡su grito de alegría fue
tan fuerte que hizo temblar la tierra!
6 «¿Qué
estará pasando?—se preguntaron los filisteos—. ¿Qué es todo ese griterío en el
campamento de los hebreos?». Cuando les dijeron que era porque el arca
del Señor había llegado al campamento, 7 entraron
en pánico. «¡Los dioses han llegado a su campamento!—exclamaron—. ¡Esto es
un desastre! ¡Nunca antes nos hemos enfrentado a algo así! 8 ¡Socorro!
¿Quién podrá librarnos de los dioses poderosos de Israel? Son los mismos dioses
que destruyeron a los egipcios con plagas cuando Israel estaba en el
desierto. 9 ¡Filisteos, peleen como nunca antes!
¡Si no lo hacen, seremos esclavos de los hebreos así como ellos han sido
esclavos nuestros! ¡Peleen como hombres!».
10 Así
que los filisteos pelearon con desesperación, y de nuevo derrotaron a Israel.
La matanza fue grande; ese día murieron treinta mil soldados israelitas. Los
sobrevivientes dieron la vuelta y huyeron, cado uno a su carpa. 11 Entonces
los filisteos capturaron el arca de Dios y mataron a Ofni y a Finees, los dos
hijos de Elí.
Muerte de Elí
12 Un
hombre de la tribu de Benjamín corrió desde el campo de batalla y, más tarde
ese mismo día, llegó a Silo. Había rasgado su ropa y echado polvo sobre su
cabeza en señal de dolor. 13 Elí esperaba junto al
camino para oír noticias de la batalla, pues estaba tan preocupado por la
seguridad del arca de Dios que le temblaba el corazón. Cuando llegó el
mensajero y contó lo que había sucedido, un clamor resonó por todo el pueblo.
14 «¿A
qué se debe todo ese ruido?», preguntó Elí.
Entonces el mensajero corrió a donde estaba
Elí, 15 quien tenía noventa y ocho años de edad y
ya estaba ciego, 16 y le dijo:
—Acabo de llegar del campo de batalla; estuve
allí hoy mismo.
—¿Qué pasó, hijo mío?—preguntó Elí.
17 —Israel
fue derrotado por los filisteos—le contestó el mensajero—. Masacraron a la
gente, también mataron a sus dos hijos, Ofni y Finees, y capturaron el arca de
Dios.
18 Cuando
el mensajero mencionó lo que había sucedido al arca de Dios, Elí cayó de
espaldas de su asiento junto a la puerta. Se quebró la nuca y murió, porque era
viejo y demasiado gordo. Durante cuarenta años había sido el juez de Israel.
19 La
nuera de Elí, esposa de Finees, estaba embarazada y próxima a dar a luz. Cuando
se enteró de que habían capturado el arca de Dios y que su suegro y su esposo
habían muerto, entró en trabajo de parto y dio a luz. 20 Ella
murió después del parto, pero antes de que muriera las parteras trataron de
animarla. «No tengas miedo—le dijeron—. ¡Tienes un varón!». Pero ella no
contestó ni les prestó atención.
21 Al
niño le puso por nombre Icabod (que significa «¿dónde está la gloria?») porque
dijo: «La gloria de Israel se ha ido». Le puso ese nombre porque el arca de
Dios había sido capturada y porque murieron su suegro y su esposo. 22 Y
luego dijo: «La gloria se ha ido de Israel, porque el arca de Dios ha sido
capturada».
El arca en territorio filisteo
5 Después
de que los filisteos capturaran el arca de Dios, la llevaron del campo de
batalla en Ebenezer hasta la ciudad de Asdod. 2 Llevaron
el arca de Dios al templo del dios Dagón y la pusieron junto a una estatua de
Dagón. 3 Pero cuando los ciudadanos de Asdod fueron
a verla a la mañana siguiente, ¡la estatua de Dagón había caído boca abajo
delante del arca del Señor! Así que levantaron a Dagón y nuevamente lo
colocaron en su lugar. 4 Pero temprano al día
siguiente sucedió lo mismo: de nuevo Dagón había caído boca abajo frente al
arca del Señor. Esta vez su cabeza y sus manos se habían quebrado y
estaban a la entrada; solo el tronco de su cuerpo quedó intacto. 5 Por
eso, hasta el día de hoy, ni los sacerdotes de Dagón ni nadie más que entra al
templo de Dagón, en Asdod, pisan el umbral.
6 Entonces
la mano dura del Señor hirió a la gente de Asdod y de las aldeas
cercanas con una plaga de tumores. 7 Cuando el
pueblo se dio cuenta de lo que sucedía, exclamó: «¡No podemos quedarnos con el
arca del Dios de Israel ni un minuto más! ¡Él está en contra de nosotros! Todos
seremos destruidos junto con Dagón, nuestro dios». 8 De
modo que convocaron a los gobernantes de las ciudades filisteas y les
preguntaron:
—¿Qué debemos hacer con el arca del Dios de
Israel?
Los gobernantes deliberaron y contestaron:
—Trasládenla a la ciudad de Gat.
Así que trasladaron el arca del Dios de Israel a
Gat. 9 Pero cuando el arca llegó a Gat, la mano
dura del Señor cayó sobre sus hombres, jóvenes y mayores; los hirió
con una plaga de tumores, y hubo gran pánico.
10 Entonces
enviaron el arca de Dios a la ciudad de Ecrón, pero cuando los habitantes de
Ecrón vieron que se acercaba, clamaron: «¡Traen el arca del Dios de Israel a
nuestra ciudad para matarnos a nosotros también!». 11 Entonces
el pueblo volvió a llamar a los gobernantes filisteos y les suplicó: «¡Por
favor, regresen el arca del Dios de Israel a su propio país, o nos matará a
todos!». Pues ya había comenzado la plaga mortal enviada por Dios, y un gran
temor se apoderaba del pueblo. 12 Los que no
morían, sufrían de tumores; y el clamor del pueblo ascendió al cielo.
Los filisteos devuelven el arca
6 Así
que el arca del Señor permaneció en territorio filisteo por un total
de siete meses. 2 Entonces los filisteos mandaron
llamar a sus sacerdotes y adivinos, y les preguntaron:
—¿Qué debemos hacer con el arca del Señor?
Dígannos cómo devolverla a su propio país.
3 —Devuelvan
el arca del Dios de Israel junto con un regalo—les dijeron—. Envíen una ofrenda
por la culpa, para que la plaga se detenga. Entonces, si se sanan, sabrán que
fue la mano de Dios la que causó esta plaga.
4 —¿Qué
clase de ofrenda por la culpa debemos enviar?—preguntaron.
Entonces les respondieron:
—Ya que la plaga los hirió a ustedes y a sus
cinco gobernantes, elaboren cinco tumores de oro y cinco ratas de oro como los
que asolaron la tierra. 5 Hagan estas cosas para
demostrar su respeto al Dios de Israel. Tal vez entonces él deje de afligirlos
a ustedes, a sus dioses y a su tierra. 6 No sean
tercos y rebeldes como lo fueron faraón y los egipcios. Cuando Dios terminó con
ellos, estaban deseosos de dejar ir a Israel.
7 »Así
que construyan una carreta nueva y busquen dos vacas que acaben de tener cría.
Asegúrense de que las vacas nunca hayan llevado yugo. Engánchenlas a la
carreta, pero encierren sus becerros en un corral. 8 Pongan
el arca del Señor en la carreta, y junto a ella coloquen un cofre con
las ratas de oro y los tumores de oro que estarán enviando como ofrenda por la
culpa. Después dejen que las vacas vayan por donde quieran. 9 Si
cruzan la frontera de nuestra tierra y van hacia Bet-semes, sabremos que fue
el Señor quien trajo este terrible desastre sobre nosotros. Si no la
cruzan, sabremos que no fue la mano de Dios que causó esta plaga; más bien
sucedió por pura casualidad.
10 Así
que llevaron a cabo las instrucciones. Engancharon dos vacas a la carreta y
encerraron sus crías en un corral. 11 Luego
pusieron el arca del Señor en la carreta junto con el cofre que
contenía los tumores y las ratas de oro. 12 Y
efectivamente, las vacas, sin desviarse a ningún lado, siguieron directo por el
camino hacia Bet-semes, mugiendo por todo el camino. Los gobernantes filisteos
las siguieron hasta los límites de Bet-semes.
13 Ahora
bien, los habitantes de Bet-semes estaban cosechando trigo en el valle y,
cuando vieron el arca, ¡se llenaron de alegría! 14 La
carreta entró en el campo de un hombre llamado Josué y se detuvo junto a una
roca grande. Entonces la gente hizo pedazos la madera de la carreta para leña,
mató a las dos vacas y las sacrificó al Señor como ofrenda
quemada. 15 Varios hombres de la tribu de Leví
levantaron de la carreta el arca del Señor y el cofre—que contenía
las ratas y los tumores de oro—y los pusieron sobre la roca grande. En ese día
el pueblo de Bet-semes ofreció muchos sacrificios y ofrendas quemadas al Señor. 16 Los
cinco gobernantes filisteos observaron todo esto y luego regresaron a Ecrón ese
mismo día.
17 Los
cinco tumores de oro enviados por los filisteos al Señor, como ofrenda por
la culpa, eran regalos de los gobernantes de Asdod, Gaza, Ascalón, Gat y
Ecrón. 18 Las cinco ratas de oro representaban las
cinco ciudades filisteas junto con sus aldeas vecinas, que eran controladas por
los cinco gobernantes. La gran roca de Bet-semes, donde colocaron el arca
del Señor, todavía está en el campo de Josué como un testimonio de lo que
sucedió allí.
Trasladan el arca a Quiriat-jearim
19 Pero
el Señor mató a setenta hombres de Bet-semes porque miraron
dentro del arca del Señor. Y el pueblo hizo gran duelo por lo que el Señor había
hecho. 20 «¿Quién puede estar en la presencia
del Señor, este Dios santo?—clamaron—. ¿Adónde podremos enviar el arca
desde aquí?».
21 Así
que enviaron mensajeros a la gente de Quiriat-jearim y le dijeron: «Los
filisteos han devuelto el arca del Señor. ¡Vengan y llévensela!».
7 Entonces
los hombres de Quiriat-jearim fueron por el arca del Señor. La llevaron a
la casa de Abinadab que estaba en las laderas y comisionaron a su hijo Eleazar
para que se encargara de ella. 2 El arca permaneció
en Quiriat-jearim mucho tiempo: veinte años en total. Durante ese tiempo todos
los israelitas se lamentaron porque parecía que el Señor los había
abandonado.
Samuel lleva a Israel a la victoria
3 Entonces
Samuel le dijo a todo el pueblo de Israel: «Si de todo corazón desean volver
al Señor, desháganse de sus dioses ajenos y de las imágenes de Astoret.
Dediquen su corazón al Señor y obedézcanlo solamente a él; entonces
él los rescatará de los filisteos». 4 Así que los
israelitas se deshicieron de todas sus imágenes de Baal y de Astoret y adoraron
únicamente al Señor.
5 Después
Samuel les dijo: «Reúnan a todo Israel en Mizpa, y yo oraré al Señor por
ustedes». 6 De manera que se reunieron en Mizpa y,
en una gran ceremonia, sacaron agua de un pozo y la derramaron delante
del Señor. Asimismo no comieron durante todo el día y confesaron que
habían pecado contra el Señor. (Fue en Mizpa donde Samuel se convirtió en
juez de Israel).
7 Cuando
los gobernantes filisteos se enteraron de que Israel se había reunido en Mizpa,
movilizaron a su ejército y avanzaron. El miedo invadió a los israelitas cuando
supieron que los filisteos se acercaban. 8 «¡No
dejes de rogarle al Señor nuestro Dios que nos salve de los
filisteos!», le suplicaron a Samuel. 9 Entonces
Samuel tomó un cordero y lo ofreció al Señor como ofrenda quemada
entera. Rogó al Señor que ayudara a Israel, y el Señor le
contestó.
10 Entonces,
justo en el momento en que Samuel sacrificaba la ofrenda quemada, llegaron los
filisteos para atacar a Israel. Pero ese día el Señor habló con una
poderosa voz de trueno desde el cielo y causó tal confusión entre los
filisteos, que los israelitas los derrotaron. 11 Los
hombres de Israel los persiguieron desde Mizpa hasta un lugar abajo de Bet-car,
matándolos a lo largo del camino.
12 Luego
Samuel tomó una piedra grande y la colocó entre las ciudades de Mizpa y Jesana. La
llamó Ebenezer (que significa «la piedra de ayuda») porque dijo: «¡Hasta aquí
el Señor nos ha ayudado!».
13 De
modo que los filisteos fueron sometidos y no volvieron a invadir a Israel por
algún tiempo. Y durante toda la vida de Samuel la mano poderosa del Señor se
levantó contra los filisteos. 14 Entonces fueron
restituidas a Israel las aldeas cercanas a Ecrón y Gat que los filisteos habían
tomado, junto con el resto del territorio que habían tomado de Israel. Y en
esos días hubo paz entre los israelitas y los amorreos.
15 Samuel
continuó como juez de Israel por el resto de su vida. 16 Cada
año hacía un recorrido y establecía su tribunal, primero en Betel, luego en
Gilgal y después en Mizpa. Juzgaba al pueblo de Israel en cada uno de estos
lugares. 17 Luego regresaba a su hogar en Ramá,
donde también atendía otros casos. En Ramá, Samuel construyó un altar al Señor.
Israel pide un rey
8 Cuando
Samuel envejeció, nombró a sus hijos como jueces de Israel. 2 Joel
y Abías, sus hijos mayores, establecieron su corte en Beerseba. 3 Pero
ellos no eran como su padre, porque codiciaban el dinero; aceptaban sobornos y
pervertían la justicia.
4 Finalmente,
todos los ancianos de Israel se reunieron en Ramá para hablar del asunto con
Samuel. 5 «Mira, Samuel—le dijeron—, ya eres
anciano y tus hijos no son como tú. Danos un rey para que nos juzgue así como
lo tienen las demás naciones».
6 Samuel
se disgustó con esta petición y fue al Señor en busca de
orientación. 7 «Haz todo lo que te digan—le
respondió el Señor—, porque me están rechazando a mí y no a ti; ya no
quieren que yo siga siendo su rey. 8 Desde que los
saqué de Egipto me han abandonado continuamente y han seguido a otros dioses. Y
ahora te tratan a ti de la misma manera. 9 Haz lo
que te pidan, pero adviérteles seriamente acerca de la manera en que reinará
sobre ellos un rey».
Samuel advierte contra tener un rey
10 Entonces
Samuel transmitió la advertencia del Señor al pueblo que pedía un
rey.
11 —Esta
es la manera en que un rey gobernará sobre ustedes—les dijo—. El rey reclutará
en el ejército a los hijos de ustedes y los asignará a los carros de guerra y a
sus conductores, y los hará correr delante de sus carros. 12 Algunos
serán generales y capitanes del ejército, otros serán obligados a arar y a
cosechar los cultivos del rey, y otros harán las armas y el equipo para los
carros de guerra. 13 El rey tomará a las hijas de
ustedes y las obligará a cocinar, a hornear y a hacer perfumes para él. 14 Les
quitará a ustedes lo mejor de sus campos, viñedos y huertos de olivos, y se los
dará a sus oficiales. 15 Tomará una décima parte de
su grano y de sus cosechas de uvas y la repartirá entre sus oficiales y
miembros de la corte. 16 Les quitará sus esclavos y
esclavas, y les exigirá lo mejor de sus ganados y burros para su propio
uso. 17 Les exigirá la décima parte de sus rebaños,
y ustedes serán sus esclavos. 18 Cuando llegue ese
día, suplicarán ser aliviados de este rey que ahora piden, pero entonces
el Señor no los ayudará.
19 Sin
embargo, el pueblo se negó a escuchar la advertencia de Samuel.
—Aun así, todavía queremos un rey—dijeron
ellos—. 20 Nuestro deseo es ser como las naciones
que nos rodean. El rey nos juzgará y será nuestro líder en las batallas.
21 Así
que Samuel le repitió al Señor lo que el pueblo dijo, 22 y
el Señor respondió: «Haz lo que te piden y dales un rey». Entonces
Samuel estuvo de acuerdo y los envió a sus casas.
SALMOS 79
Salmo de Asaf.
79 Oh
Dios, naciones paganas conquistaron tu tierra,
tu posesión más preciada.
Profanaron tu santo templo
y convirtieron a Jerusalén en un montón de ruinas.
2 Dejaron los cadáveres de tus siervos
como alimento para las aves del cielo.
La carne de tus justos
se ha convertido en comida para los animales salvajes.
3 La sangre fluyó como agua por toda Jerusalén;
no queda nadie para enterrar a los muertos.
4 Nuestros vecinos se mofan de nosotros;
somos objeto de desprecio y desdén de quienes nos
rodean.
5 Oh Señor,
¿hasta cuándo seguirás enojado con nosotros? ¿Será para siempre?
¿Hasta cuándo arderá tu celo como el fuego?
6 Derrama tu ira sobre las naciones que se niegan a
reconocerte,
sobre los reinos que no invocan tu nombre.
7 Pues devoraron a tu pueblo, Israel,
y convirtieron la tierra en un desierto desolado.
8 ¡No nos hagas responsables por los pecados de nuestros
antepasados!
Que tu compasión satisfaga pronto nuestras necesidades,
porque estamos al borde de la desesperación.
9 ¡Ayúdanos,
oh Dios de nuestra salvación!
Ayúdanos por la gloria de tu nombre;
sálvanos y perdona nuestros pecados
por la honra de tu nombre.
10 ¿Por qué se les permite a las naciones paganas
burlarse
y preguntar: «Dónde está su Dios»?
Muéstranos tu venganza contra las naciones,
porque han derramado la sangre de tus siervos.
11 Escucha el lamento de los prisioneros.
Demuestra tu gran poder al salvar a los condenados a
muerte.
12 Oh
Señor, multiplica siete veces tu venganza contra nuestros vecinos
por la burla que han lanzado contra ti.
13 Entonces nosotros, tu pueblo, las ovejas de tu prado,
te agradeceremos por siempre y para siempre,
y alabaremos tu grandeza de generación en generación.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”