LA HUMILDAD DEL CORAZÓN
SALMOS 131:1-3
Cántico para los peregrinos que suben a
Jerusalén. Salmo de David.
131 Señor, mi corazón no es
orgulloso;
mis ojos no son altivos.
No me intereso en cuestiones demasiado grandes
o impresionantes que no puedo asimilar.
2 En cambio, me he calmado y aquietado,
como un niño destetado que ya no llora por la leche de
su madre.
Sí, tal como un niño destetado es mi alma en mi
interior.
3 Oh Israel, pon tu
esperanza en el Señor,
ahora y siempre.
https://youtu.be/Zpws_7_O6_Q?si=9tGdKql3HSh-CySw
Estimado lector:
Este salmo refleja una actitud de humildad y confianza en
Dios. Resalta un principio clave: “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia
a los humildes” (Proverbios 3:34, Santiago 4:6, 1 Pedro 5:5). A pesar de los
logros y propósitos individuales, la autosuficiencia y el orgullo no conducen a
una relación genuina con Dios.
También se enfatiza la importancia de evitar la ambición
desmedida. No se trata de buscar posiciones o reconocimiento más allá de lo que
Dios dispone en cada tiempo. Jesús enseñó la importancia de aceptar los lugares
de servicio con humildad, confiando en que Dios exalta en el momento oportuno
(Lucas 14:8-11).
La búsqueda de grandeza y logros puede desviar la verdadera
esencia del servicio. En lugar de enfocarse en hacer grandes cosas, este salmo
invita a aquietar el alma y descansar en Dios. No se trata de alcanzar más,
sino de aprender a confiar plenamente en Él.
Así como el proceso de destete no ocurre de manera natural
para un niño, depender completamente de Dios es un aprendizaje continuo. La
verdadera satisfacción se encuentra en alinear la vida con Su voluntad: “Mi
alimento es hacer la voluntad del que me envió” (Juan 4:34).