Mayo 01 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 100
1 REYES 20 - 22
Ben-adad ataca Samaria
20 Por
ese tiempo, Ben-adad, rey de Aram, movilizó a su ejército con el apoyo de
treinta y dos reyes aliados, sus carros de guerra y sus caballos. Sitiaron
Samaria, la capital de Israel, y lanzaron ataques contra la ciudad. 2 Ben-adad
envió mensajeros a la ciudad para que transmitieran el siguiente mensaje al rey
Acab de Israel: «Ben-adad dice: 3 “¡Tu plata y tu
oro son míos, igual que tus esposas y tus mejores hijos!”».
4 «Está
bien, mi señor el rey—respondió el rey de Israel—. ¡Todo lo que tengo es
tuyo!».
5 Pronto
los mensajeros de Ben-adad regresaron y dijeron: «Ben-adad dice: “Ya te he
exigido que me des tu plata, tu oro, tus esposas y tus hijos; 6 pero
mañana a esta hora, enviaré a mis funcionarios a registrar tu palacio y las
casas de tus funcionarios. ¡Se llevarán todo lo que más valoras!”».
7 Entonces
Acab mandó llamar a todos los ancianos del reino y les dijo:
—¡Miren cómo este hombre está causando problemas!
Ya accedí a su exigencia de darle mis esposas, mis hijos, mi plata y mi oro.
8 —No
cedas ante ninguna otra de sus exigencias—le aconsejaron todos los ancianos y
todo el pueblo.
9 Así
que Acab dijo a los mensajeros de Ben-adad: «Díganle esto a mi señor el rey:
“Te daré todo lo que pediste la primera vez, pero no puedo aceptar tu última
exigencia”». Entonces los mensajeros le llevaron la respuesta a Ben-adad.
10 Con
eso Ben-adad le envió otro mensaje a Acab, que decía: «Que los dioses me hieran
e incluso me maten si de Samaria queda polvo suficiente para darle un puñado a
cada uno de mis soldados».
11 El
rey de Israel le envió esta respuesta: «Un guerrero que está preparándose con
su espada para salir a pelear no debería presumir como un guerrero que ya
ganó».
12 Ben-adad
y los otros reyes recibieron la respuesta de Acab mientras bebían en sus
carpas. «¡Prepárense para atacar!», ordenó Ben-adad a sus oficiales.
Entonces se prepararon para atacar la ciudad.
Acab derrota a Ben-adad
13 Entonces
un profeta fue a ver a Acab, rey de Israel, y le dijo:
—Esto dice el Señor: “¿Ves todas esas
fuerzas enemigas? Hoy las entregaré en tus manos. Así sabrás que yo soy
el Señor”.
14 —¿Cómo
lo hará?—preguntó Acab.
El profeta contestó:
—Esto dice el Señor: “Lo harán las tropas de
los comandantes provinciales”.
—¿Debemos atacar nosotros primero?—preguntó Acab.
—Sí—contestó el profeta.
15 Entonces
Acab reunió a las tropas de los doscientos treinta y dos comandantes de las
provincias. Luego llamó al resto del ejército de Israel, unos siete mil
hombres. 16 Cerca del mediodía, mientras Ben-adad y
los treinta y dos reyes aliados aún estaban en sus carpas bebiendo hasta
emborracharse, 17 el primer contingente, formado
por las tropas de los comandantes provinciales, avanzó desde la ciudad.
Mientras se acercaban, la patrulla de avanzada
que había mandado Ben-adad le informó:
—Unas tropas avanzan desde Samaria.
18 —Tráiganlos
vivos—ordenó Ben-adad—, ya sea que vengan en son de paz o de guerra.
19 Ahora
bien, los comandantes de las provincias de Acab junto con todo el ejército
habían salido a pelear. 20 Cada soldado israelita
mató a su oponente arameo, y de pronto todo el ejército arameo sintió pánico y
huyó. Los israelitas persiguieron a los arameos, pero el rey Ben-adad y algunos
de sus conductores de carros escaparon a caballo. 21 Sin
embargo, el rey de Israel destruyó el resto de los caballos y carros de guerra
y masacró a los arameos.
22 Después
el profeta le dijo al rey Acab: «Prepárate para otro ataque; empieza a
planificar desde ahora, porque el rey de Aram regresará la próxima primavera».
Segundo ataque de Ben-adad
23 Después
de la derrota, los oficiales de Ben-adad le dijeron: «Los dioses de los
israelitas son dioses de las montañas, por eso ganaron; pero podemos vencerlos
fácilmente en las llanuras. 24 ¡Solo que esta vez
reemplaza a los reyes con generales! 25 Recluta
otro ejército como el que perdiste. Consíguenos la misma cantidad de caballos,
carros de guerra y hombres, y nosotros pelearemos contra los israelitas en las
llanuras. Sin duda los venceremos». Así que el rey Ben-adad hizo lo que ellos
le sugirieron.
26 La
primavera siguiente, llamó al ejército arameo y avanzó contra Israel, pero esta
vez en Afec. 27 Entonces Israel reunió a su
ejército, montó líneas de abastecimiento y salió a pelear. Pero el ejército de
Israel parecía dos pequeños rebaños de cabras en comparación con el inmenso
ejército arameo, ¡que llenaba la campiña!
28 Entonces
el hombre de Dios fue a ver al rey de Israel y le dijo: «Esto dice el Señor:
“Los arameos han dicho: ‘El Señor es un dios de las montañas y no de
las llanuras’. Así que derrotaré a este gran ejército por ti. Entonces sabrás
que yo soy el Señor”».
29 Los
dos ejércitos acamparon, uno frente al otro, durante siete días. El séptimo día
comenzó la batalla. En un solo día los israelitas mataron a cien mil soldados
arameos de infantería. 30 El resto huyó a la ciudad
de Afec, pero la muralla les cayó encima y mató a otros veintisiete mil de
ellos. Ben-adad huyó a la ciudad y se escondió en un cuarto secreto.
31 Los
oficiales de Ben-adad le dijeron: «Hemos oído, señor, que los reyes de Israel
son compasivos. Entonces pongámonos tela áspera alrededor de la cintura y sogas
en la cabeza en señal de humillación, y rindámonos ante el rey de Israel. Tal
vez así le perdone la vida».
32 Entonces
se pusieron tela áspera y sogas, y fueron a ver al rey de Israel, a quien le
suplicaron:
—Su siervo Ben-adad dice: “Le ruego que me
perdone la vida”.
El rey de Israel respondió:
—¿Todavía vive? ¡Él es mi hermano!
33 Los
hombres tomaron la respuesta como una buena señal y, aprovechando esas
palabras, enseguida le respondieron:
—¡Sí, su hermano Ben-adad!
—¡Vayan a traerlo!—les dijo el rey de Israel.
Cuando Ben-adad llegó, Acab lo invitó a subir a
su carro de guerra.
34 Ben-adad
le dijo:
—Te devolveré las ciudades que mi padre le quitó
a tu padre, y puedes establecer lugares de comercio en Damasco, como hizo mi
padre en Samaria.
Entonces Acab le dijo:
—Te dejaré en libertad con estas condiciones.
Así que hicieron un nuevo tratado y Ben-adad
quedó en libertad.
Un profeta condena a Acab
35 Mientras
tanto, el Señor le ordenó a un miembro del grupo de profetas que le
dijera a otro: «¡Golpéame!»; pero el hombre se negó a golpearlo. 36 Entonces
el profeta le dijo: «Como no obedeciste la voz del Señor, un león te
matará apenas te separes de mí». Cuando el hombre se fue, sucedió que un león
lo atacó y lo mató.
37 Luego
el profeta se dirigió a otro hombre y le dijo: «¡Golpéame!». Así que el hombre
lo golpeó y lo hirió.
38 El
profeta se puso una venda en los ojos para que no lo reconocieran y se quedó
junto al camino, esperando al rey. 39 Cuando el rey
pasó, el profeta lo llamó:
—Señor, yo estaba en lo más reñido de la batalla,
cuando de pronto un hombre me trajo un prisionero y me dijo: “Vigila a este
hombre; si por alguna razón se te escapa, ¡pagarás con tu vida o con una multa
de treinta y cuatro kilos de plata!”; 40 pero
mientras yo estaba ocupado en otras cosas, ¡el prisionero desapareció!
—Bueno, fue tu culpa—respondió el rey—. Tú mismo
has firmado tu propia sentencia.
41 Enseguida
el profeta se quitó la venda de los ojos, y el rey lo reconoció como uno de los
profetas. 42 El profeta le dijo:
—Esto dice el Señor: “Por haberle perdonado
la vida al hombre que yo dije que había que destruir ahora tú morirás en
su lugar, y tu pueblo morirá en lugar de su pueblo”.
43 Entonces
el rey de Israel volvió a su casa en Samaria, enojado y de mal humor.
El viñedo de Nabot
21 Había
un hombre llamado Nabot, de Jezreel, que era dueño de un viñedo ubicado en
Jezreel al lado del palacio de Acab, rey de Samaria. 2 Cierto
día Acab le dijo a Nabot:
—Ya que tu viñedo está tan cerca de mi palacio,
me gustaría comprarlo para usarlo como huerta. A cambio te daré un viñedo
mejor, o bien, si prefieres, te pagaré con dinero.
3 Pero
Nabot respondió:
—El Señor me libre de entregar la
herencia que me dejaron mis antepasados.
4 Entonces
Acab regresó a su casa enojado y de mal humor por la respuesta de Nabot, y se
acostó de cara a la pared y no quiso comer.
5 —¿Qué
te pasa?—le preguntó su esposa Jezabel—. ¿Por qué estás tan disgustado que no
quieres comer nada?
6 —Le
pedí a Nabot que me vendiera su viñedo, incluso le ofrecí canjeárselo por otro
mejor, ¡pero no quiso!—le contestó Acab.
7 —¿Acaso
no eres tú el rey de Israel?—preguntó Jezabel—. Levántate y come algo, no te
preocupes por eso. ¡Yo te conseguiré el viñedo de Nabot!
8 Entonces
ella escribió cartas en nombre de Acab, las selló con el sello del rey y las
envió a los ancianos y a los demás líderes de la ciudad donde vivía
Nabot. 9 En esas cartas daba la siguiente orden:
«Convoquen a todos los ciudadanos a que se reúnan para tener un tiempo de ayuno
y denle a Nabot un lugar de honor. 10 Luego,
sienten a dos sinvergüenzas frente a él que lo acusen de maldecir a Dios y al
rey. Después sáquenlo y mátenlo a pedradas».
11 Así
que los ancianos y los demás líderes de la ciudad siguieron las instrucciones
que Jezabel había escrito en las cartas. 12 Proclamaron
ayuno y pusieron a Nabot en un lugar prominente ante la gente. 13 Luego
llegaron los dos sinvergüenzas y se sentaron frente a él. Entonces acusaron a
Nabot ante todos los presentes diciendo: «Este hombre maldijo a Dios y al rey».
Entonces arrastraron a Nabot hasta sacarlo de la ciudad y lo mataron a
pedradas. 14 Después los líderes de la ciudad
mandaron a decirle a Jezabel: «Nabot fue apedreado hasta morir».
15 En
cuanto Jezabel oyó la noticia, le dijo a Acab: «¿Recuerdas el viñedo que Nabot
no quería venderte? Bueno, pues, ¡ahora es tuyo! ¡Nabot está muerto!». 16 Entonces
Acab bajó de inmediato al viñedo de Nabot para tomarlo en posesión.
17 Pero
el Señor dijo a Elías: 18 «Ve a
encontrarte con el rey Acab de Israel, que gobierna en Samaria. Estará en
Jezreel, en el viñedo de Nabot, adueñándose de él. 19 Dale
el siguiente mensaje: “Esto dice el Señor: ‘¿No te bastó con matar a
Nabot? ¿También tienes que robarle? Por lo que has hecho, ¡los perros lamerán
tu sangre en el mismo lugar donde lamieron la sangre de Nabot!’”».
20 —Así
que, enemigo mío, ¡me has encontrado!—le dijo Acab a Elías.
—Sí—contestó Elías—, te encontré porque te has
vendido para hacer lo malo a los ojos del Señor. 21 Por
eso ahora el Señor dice: “Traeré calamidad sobre ti y te
consumiré. ¡Destruiré a cada uno de tus descendientes varones, tanto esclavos
como libres, en todo Israel! 22 Voy a destruir a tu
familia como lo hice con la familia de Jeroboam, hijo de Nabat, y con la
familia de Baasa, hijo de Ahías, ¡porque me hiciste enojar mucho e hiciste
pecar a Israel!”.
23 »En
cuanto a Jezabel, el Señor dice: “Los perros se comerán el cuerpo de
Jezabel en la parcela de Jezreel”.
24 »A
los miembros de la familia de Acab que mueran en la ciudad, se los comerán los
perros, y a los que mueran en el campo se los comerán los buitres.
25 (Nunca
nadie se entregó tanto a hacer lo que es malo a los ojos del Señor como
Acab, bajo la influencia de su esposa Jezabel. 26 La
peor infamia que cometió fue rendir culto a ídolos tal como habían hecho
los amorreos, pueblo que el Señor había expulsado de la tierra del
paso de los israelitas).
27 Sin
embargo, cuando Acab escuchó este mensaje, rasgó su ropa, se vistió de tela
áspera e hizo ayuno. Hasta dormía vestido de tela áspera y andaba de luto.
28 Entonces
Elías recibió otro mensaje del Señor: 29 «¿Viste
cómo Acab se ha humillado ante mí? Por haberse humillado, no haré lo que
prometí mientras él viva, sino que traeré la desgracia sobre sus hijos.
Destruiré su dinastía».
Josafat y Acab
22 Durante
tres años no hubo guerra entre Aram e Israel; 2 pero
al tercer año, el rey Josafat de Judá fue a visitar a Acab, rey de
Israel. 3 Durante la visita, el rey de Israel dijo
a sus funcionarios: «¿Se dan cuenta de que la ciudad de Ramot de Galaad nos
pertenece? ¡Sin embargo, no hemos hecho nada por recuperarla de manos del rey
de Aram!».
4 Entonces
se dirigió a Josafat y le preguntó:
—¿Saldrás conmigo a la batalla para recuperar
Ramot de Galaad?
—¡Por supuesto!—contestó Josafat al rey de
Israel—. Tú y yo somos como uno solo. Mis tropas son tus tropas y mis caballos
son tus caballos.
5 Entonces
agregó:
—Pero primero averigüemos qué dice el Señor.
6 Así
que el rey de Israel convocó a los profetas, unos cuatrocientos en total, y les
preguntó:
—¿Debo ir a pelear contra Ramot de Galaad o
desistir?
Todos ellos contestaron:
—¡Sí, adelante! El Señor dará la victoria al rey.
7 Pero
Josafat preguntó:
—¿Acaso no hay también un profeta del Señor aquí?
Debemos hacerle la misma pregunta.
8 El
rey de Israel contestó a Josafat:
—Hay un hombre más que podría consultar al Señor por
nosotros, pero lo detesto. ¡Nunca me profetiza nada bueno, solo desgracias! Se
llama Micaías, hijo de Imla.
—¡Un rey no debería hablar de esa
manera!—respondió Josafat—. Escuchemos lo que tenga que decir.
9 De
modo que el rey de Israel llamó a uno de sus funcionarios y le dijo:
—¡Rápido! Trae a Micaías, hijo de Imla.
Micaías profetiza contra Acab
10 El
rey Acab de Israel y Josafat, rey de Judá, vestidos con sus vestiduras reales,
estaban sentados en sus respectivos tronos en el campo de trillar que está
cerca de la puerta de Samaria. Todos los profetas de Acab profetizaban allí,
delante de ellos. 11 Uno de los profetas llamado
Sedequías, hijo de Quenaana, hizo unos cuernos de hierro y proclamó:
—Esto dice el Señor: ¡Con estos cuernos
cornearás a los arameos hasta matarlos!
12 Todos
los demás profetas estaban de acuerdo.
—Sí—decían—, sube a Ramot de Galaad y saldrás
vencedor, porque ¡el Señor dará la victoria al rey!
13 Mientras
tanto, el mensajero que había ido a buscar a Micaías le dijo:
—Mira, todos los profetas le prometen victoria al
rey. Ponte tú también de acuerdo con ellos y asegúrale que saldrá vencedor.
14 Pero
Micaías respondió:
—Tan cierto como que el Señor vive,
solo diré lo que el Señor me indique.
15 Cuando
Micaías se presentó ante el rey, Acab le preguntó:
—Micaías, ¿debemos ir a pelear contra Ramot de
Galaad o desistir?
Micaías le respondió con sarcasmo:
—¡Sí, sube y saldrás vencedor, porque el Señor dará
la victoria al rey!
16 Pero
el rey le respondió con dureza:
—¿Cuántas veces tengo que exigirte que solo me
digas la verdad cuando hables de parte del Señor?
17 Entonces
Micaías le dijo:
—En una visión, vi a todo Israel disperso por los
montes, como ovejas sin pastor, y el Señor dijo: “Han matado a su
amo. Envíalos a sus casas en paz”.
18 —¿No
te dije?—exclamó el rey de Israel a Josafat—. Nunca me profetiza otra cosa que
desgracias.
19 Micaías
continuó diciendo:
—¡Escucha lo que dice el Señor! Vi al Señor sentado
en su trono, rodeado por todos los ejércitos del cielo, a su derecha y a su
izquierda. 20 Entonces el Señor dijo:
“¿Quién puede seducir a Acab para que vaya a pelear contra Ramot de Galaad y lo
maten?”.
»Hubo muchas sugerencias, 21 hasta
que finalmente un espíritu se acercó al Señor y dijo: “¡Yo puedo
hacerlo!”.
22 »“¿Cómo
lo harás?”, preguntó el Señor.
»El espíritu contestó: “Saldré e inspiraré a
todos los profetas de Acab para que hablen mentiras”.
»“Tendrás éxito—dijo el Señor—, adelante,
hazlo”.
23 »Así
que, como ves, el Señor ha puesto un espíritu de mentira en la boca
de todos tus profetas, porque el Señor ha dictado tu condena.
24 Entonces
Sedequías, hijo de Quenaana, se acercó a Micaías y le dio una bofetada.
—¿Desde cuándo el Espíritu del Señor salió
de mí para hablarte a ti?—le reclamó.
25 Y
Micaías le contestó:
—¡Ya lo sabrás, cuando estés tratando de
esconderte en algún cuarto secreto!
26 «¡Arréstenlo!—ordenó
el rey de Israel—. Llévenlo de regreso a Amón, el gobernador de la ciudad, y a
mi hijo Joás. 27 Denles la siguiente orden de parte
del rey: “¡Metan a este hombre en la cárcel y no le den más que pan y agua
hasta que yo regrese sano y salvo de la batalla!”».
28 Pero
Micaías respondió: «¡Si tú regresas a salvo, eso significará que el Señor no
habló por medio de mí!». Entonces dirigiéndose a los que estaban alrededor,
agregó: «¡Todos ustedes, tomen nota de mis palabras!».
Muerte de Acab
29 Entonces
Acab, rey de Israel, y Josafat, rey de Judá, dirigieron a sus ejércitos contra
Ramot de Galaad. 30 El rey de Israel dijo a
Josafat: «Cuando entremos en la batalla, yo me disfrazaré para que nadie me
reconozca, pero tú ponte tus vestiduras reales». Así que el rey de Israel se
disfrazó, y ambos entraron en la batalla.
31 Mientras
tanto, el rey de Aram había dado las siguientes órdenes a sus treinta y dos
comandantes de carros de guerra: «Ataquen solo al rey de Israel. ¡No pierdan
tiempo con nadie más!». 32 Entonces, cuando los
comandantes arameos de los carros vieron a Josafat en sus vestiduras reales,
comenzaron a perseguirlo. «¡Allí está el rey de Israel!», gritaban; pero cuando
Josafat gritó, 33 los comandantes de los carros se
dieron cuenta de que no era el rey de Israel y dejaron de perseguirlo.
34 Sin
embargo, un soldado arameo disparó una flecha al azar hacia las tropas
israelitas e hirió al rey de Israel entre las uniones de su armadura. «¡Da la
vuelta y sácame de aquí!—dijo Acab entre quejas y gemidos al conductor de
su carro—. ¡Estoy gravemente herido!».
35 La
encarnizada batalla se prolongó todo ese día, y el rey permaneció erguido en su
carro frente a los arameos. La sangre de su herida corría hasta llegar al piso
del carro, y al atardecer, murió. 36 Justo cuando
se ponía el sol, este clamor recorrió las filas israelitas: «¡Estamos perdidos!
¡Sálvese quien pueda!».
37 Así
que el rey murió, y llevaron su cuerpo a Samaria, donde lo enterraron. 38 Después
lavaron su carro junto al estanque de Samaria y llegaron los perros y lamieron
su sangre en el lugar donde se bañaban las prostitutas, tal como el Señor lo
había anunciado.
39 Los
demás acontecimientos del reinado de Acab y todo lo que él hizo—incluso la
historia del palacio de marfil y las ciudades que construyó—están registrados
en El libro de la historia de los reyes de Israel. 40 Así
que Acab murió y su hijo Ocozías lo sucedió en el trono.
Josafat gobierna sobre Judá
41 Josafat,
hijo de Asa, comenzó a gobernar Judá durante el cuarto año del reinado de Acab,
rey de Israel. 42 Josafat tenía treinta y cinco
años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén veinticinco años. Su madre era
Azuba, hija de Silhi.
43 Josafat
fue un buen rey, quien siguió el ejemplo de su padre Asa. Hizo lo que era
agradable a los ojos del Señor. Sin embargo, durante su reinado no
quitó todos los santuarios paganos, y la gente siguió ofreciendo sacrificios y
quemando incienso allí. 44 Josafat también hizo la
paz con el rey de Israel.
45 Los
demás acontecimientos del reinado de Josafat, el alcance de su poder y las
guerras que hizo están registrados en El libro de la historia de los
reyes de Judá. 46 Expulsó de la tierra a los
demás prostitutos y prostitutas de los santuarios paganos, quienes seguían con
sus prácticas desde los días de su padre Asa.
47 (En
ese tiempo no había rey en Edom sino solo un regente).
48 Josafat
también construyó una flota de barcos mercantes para que navegaran hasta
Ofir en busca de oro; pero los barcos nunca llegaron a zarpar porque
naufragaron en su propio puerto de Ezión-geber. 49 En
una oportunidad, Ocozías, hijo de Acab, le propuso a Josafat: «Deja que mis
hombres naveguen con los tuyos en los barcos»; pero Josafat rechazó la
propuesta.
50 Cuando
Josafat murió, lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David. Después
su hijo Yoram lo sucedió en el trono.
Ocozías gobierna sobre Israel
51 Ocozías,
hijo de Acab, comenzó a gobernar Israel en el año diecisiete del reinado de
Josafat en Judá; reinó en Samaria dos años. 52 Él
hizo lo malo a los ojos del Señor al seguir el ejemplo de su padre y
de su madre y también el ejemplo de Jeroboam, hijo de Nabat, quien había hecho
pecar a Israel. 53 Ocozías sirvió a Baal y le
rindió culto, con lo que provocó el enojo del Señor, Dios de Israel, tal
como lo había hecho su padre.
SALMOS 100
Salmo de agradecimiento.
100 ¡Aclamen con alegría al Señor, habitantes de toda la tierra!
2 Adoren al Señor con
gozo.
Vengan ante él cantando con alegría.
3 ¡Reconozcan que el Señor es Dios!
Él nos hizo, y le pertenecemos;
somos su pueblo, ovejas de su prado.
4 Entren por sus puertas con acción de gracias;
vayan a sus atrios con alabanza.
Denle gracias y alaben su nombre.
5 Pues el Señor es bueno.
Su amor inagotable permanece para siempre,
y su fidelidad continúa de generación en generación.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”