Mayo 04 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 103
2 REYES 8 - 11
La mujer sunamita regresa a su casa
8 Eliseo
le había dicho a la madre del niño que él había resucitado: «Toma a tu familia
y múdate a algún otro lugar, porque el Señor ha decretado que habrá
hambre en Israel durante siete años». 2 Entonces la
mujer hizo lo que el hombre de Dios le indicó. Tomó a su familia y se
estableció en la tierra de los filisteos por siete años.
3 Una
vez que pasó el hambre, la mujer regresó de la tierra de los filisteos y fue a
ver al rey para recuperar su casa y sus tierras. 4 Cuando
ella entró, el rey estaba conversando con Giezi, el sirviente del hombre de
Dios, y acababa de decirle: «Cuéntame algunas de las grandes cosas que ha hecho
Eliseo». 5 Cuando Giezi estaba relatándole al rey
la ocasión en que Eliseo le había devuelto la vida a un niño, en ese preciso
instante, la madre del niño entró para presentarle al rey la petición de su
casa y de sus tierras.
—¡Mire, mi señor el rey!—exclamó Giezi—. ¡Ella es
la mujer y este es su hijo, el que Eliseo volvió a la vida!
6 —¿Es
cierto?—le preguntó el rey.
Y ella le contó la historia. Entonces el rey dio
instrucciones a uno de sus funcionarios para que la mujer recuperara todo lo
que había perdido, incluso el valor de todos los cultivos que se habían
cosechado durante su ausencia.
Hazael mata a Ben-adad
7 Luego
Eliseo fue a Damasco, la capital de Aram, donde el rey Ben-adad estaba enfermo.
Cuando alguien le informó al rey que el hombre de Dios había llegado, 8 el
rey le dijo a Hazael: «Llévale un regalo al hombre de Dios. Luego dile que le
pregunte al Señor: “¿Voy a recuperarme de esta enfermedad?”».
9 Entonces
Hazael cargó cuarenta camellos con los mejores productos de Damasco para
regalarle a Eliseo. Fue a verlo y le dijo:
—Tu siervo Ben-adad, rey de Aram, me ha enviado a
preguntarte: “¿Voy a recuperarme de esta enfermedad?”.
10 Eliseo
contestó:
—Ve y dile: “Ciertamente te recuperarás”. ¡Pero
la verdad es que el Señor me ha mostrado que morirá!
11 Eliseo
se quedó mirando a Hazael tan fijamente que Hazael se sintió incómodo. Entonces
el hombre de Dios se puso a llorar.
12 —¿Qué
pasa, mi señor?—le preguntó Hazael.
—Yo sé las cosas terribles que tú le harás al
pueblo de Israel—contestó Eliseo—. ¡Quemarás sus ciudades fortificadas, matarás
a sus muchachos a filo de espada, estrellarás a sus niños contra el suelo y
abrirás el vientre a sus mujeres embarazadas!
13 Entonces
Hazael le dijo:
—¿Cómo podría un don nadie como yo hacer
cosas tan grandes como esas?
Eliseo le contestó:
—El Señor me ha mostrado que tú serás
rey de Aram.
14 Cuando
Hazael se despidió de Eliseo y regresó, el rey le preguntó:
—¿Qué te dijo Eliseo?
—Me dijo que es seguro que te
recuperarás—contestó Hazael.
15 Ahora
bien, al día siguiente, Hazael agarró una manta, la empapó en agua y se la puso
al rey sobre la cara hasta que murió. Entonces Hazael pasó a ser el siguiente
rey de Aram.
Yoram gobierna sobre Judá
16 Yoram,
hijo del rey Josafat de Judá, comenzó a gobernar Judá durante el quinto año del
reinado de Joram, hijo de Acab, rey de Israel. 17 Yoram
tenía treinta y dos años cuando subió al trono, y reinó en Jerusalén ocho
años. 18 Sin embargo, siguió el ejemplo de los
reyes de Israel y fue tan perverso como el rey Acab, porque se había casado con
una de las hijas de Acab. Así que Yoram hizo lo malo a los ojos del Señor. 19 El Señor no
quiso destruir a Judá porque le había prometido a su siervo David que sus
descendientes seguirían gobernando, brillando como una lámpara por siempre.
20 Durante
el reinado de Yoram, los edomitas se rebelaron contra Judá y coronaron a su
propio rey. 21 Entonces Yoram marchó con todos
sus carros de guerra a atacar la ciudad de Zair. Los edomitas rodearon a
Yoram y a los comandantes de sus carros de guerra, pero él los atacó de noche[f] al abrigo de la oscuridad. Sin
embargo, el ejército de Yoram lo abandonó y los soldados huyeron a sus
casas. 22 Así que Edom ha sido independiente de
Judá hasta el día de hoy. La ciudad de Libna también se rebeló por ese mismo
tiempo.
23 Los
demás acontecimientos del reinado de Yoram y todo lo que hizo están registrados
en El libro de la historia de los reyes de Judá. 24 Cuando
Yoram murió, lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David. Luego su
hijo Ocozías lo sucedió en el trono.
Ocozías gobierna sobre Judá
25 Ocozías,
hijo de Yoram, comenzó a gobernar Judá durante el año doce del reinado de
Joram, hijo de Acab, rey de Israel.
26 Ocozías
tenía veintidós años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén un año. Su
madre se llamaba Atalía y era nieta del rey Omri de Israel. 27 Ocozías
siguió el mal ejemplo de la familia del rey Acab. Hizo lo malo a los ojos
del Señor, igual que la familia de Acab, pues eran parientes políticos.
28 Ocozías
se unió a Joram, hijo de Acab, en su guerra contra el rey Hazael de Aram en
Ramot de Galaad. Cuando los arameos hirieron al rey Joram en la batalla, 29 él
regresó a Jezreel para recuperarse de las heridas que había recibido en Ramot. Como
Joram estaba herido, el rey Ocozías de Judá fue a visitarlo a Jezreel.
Jehú es ungido rey de Israel
9 Mientras
tanto, el profeta Eliseo mandó llamar a un miembro del grupo de profetas.
«Prepárate para viajar—le dijo—, y llévate este frasco de aceite de oliva. Ve a
Ramot de Galaad, 2 y busca a Jehú, hijo de Josafat,
hijo de Nimsi. Llévalo a un cuarto privado, lejos de sus amigos, 3 y
derrama el aceite sobre su cabeza. Dile: “Esto dice el Señor: ‘Yo te unjo
para que seas rey de Israel’”. Luego abre la puerta ¡y corre por tu vida!».
4 Entonces
el joven profeta hizo lo que se le indicó y fue a Ramot de Galaad. 5 Cuando
llegó, encontró a Jehú sentado junto con otros oficiales del ejército.
—Tengo un mensaje para usted, comandante—le dijo.
—¿Para quién de nosotros?—preguntó Jehú.
—Para usted, comandante—le contestó.
6 Entonces
Jehú dejó a los otros y entró en la casa. Acto seguido, el joven profeta
derramó el aceite sobre la cabeza de Jehú y dijo: «Esto es lo que el Señor,
Dios de Israel, dice: “Yo te unjo rey del pueblo del Señor, Israel. 7 Tú
destruirás a la familia de Acab, tu amo. Así vengaré el asesinato de mis
profetas y de todos los siervos del Señor a quienes Jezabel
mató. 8 Es preciso que toda la familia de Acab sea
aniquilada. Destruiré a cada uno de sus descendientes varones, tanto esclavos
como libres, en todo Israel. 9 Destruiré a la
familia de Acab, así como destruí a las familias de Jeroboam, hijo de Nabat, y
de Baasa, hijo de Ahías. 10 Los perros se comerán a
Jezabel, la esposa de Acab, en la parcela en Jezreel, y nadie la enterrará”».
Enseguida el joven profeta abrió la puerta y salió corriendo.
11 Jehú
regresó a donde estaban los otros oficiales y uno de ellos le preguntó:
—¿Qué quería ese loco? ¿Está todo bien?
—Ya sabes cómo parlotea un hombre de
esos—contestó Jehú.
12 —Estás
ocultando algo—le dijeron ellos—, cuéntanos.
Entonces Jehú les contó:
—Él me dijo: “Esto dice el Señor: ‘Yo te he
ungido para que seas rey de Israel’”.
13 Enseguida
ellos tendieron sus mantos sobre las gradas y tocaron el cuerno de carnero
mientras gritaban: «¡Jehú es rey!».
Jehú mata a Joram y a Ocozías
14 Entonces
Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsi, encabezó una conspiración contra el rey
Joram. (Joram había estado con el ejército en Ramot de Galaad, defendiendo a
Israel contra las fuerzas del rey Hazael de Aram; 15 pero
el rey Joram fue herido durante la batalla y regresó a Jezreel para
recuperarse). Así que Jehú dijo a sus hombres: «Si ustedes quieren que yo sea
rey, no dejen que nadie salga de la ciudad y vaya a Jezreel para informar lo
que hemos hecho».
16 Entonces
Jehú subió a un carro de guerra y fue a Jezreel a buscar al rey Joram, quien
estaba allí, acostado y herido. El rey Ocozías de Judá también se encontraba
allí porque había ido a visitarlo. 17 Cuando el
centinela de la torre de Jezreel divisó a Jehú y a sus acompañantes
acercándose, gritó a Joram:
—¡Una compañía de soldados se aproxima!
—Manda a un jinete a preguntarles si vienen en
son de paz—ordenó el rey Joram.
18 Así
que salió un jinete al encuentro de Jehú y le dijo:
—El rey quiere saber si vienes en son de paz.
—¿Y tú qué sabes de paz?—preguntó Jehú—. ¡Únete a
nosotros!
Entonces el centinela gritó al rey: «¡El
mensajero llegó hasta ellos, pero no regresa!».
19 De
modo que el rey envió a un segundo jinete, el cual cabalgó hasta donde ellos
estaban y les dijo:
—El rey quiere saber si vienen en son de paz.
Y otra vez Jehú respondió:
—¿Y tú qué sabes de paz? ¡Únete a nosotros!
20 El
centinela exclamó: «¡El mensajero llegó hasta ellos, pero tampoco regresa! Debe
ser Jehú, el hijo de Nimsi, porque conduce como un loco».
21 «¡Rápido!
¡Preparen mi carro!», ordenó el rey Joram.
Entonces el rey Joram de Israel y el rey Ocozías
de Judá salieron en sus carros de guerra a encontrarse con Jehú. Dieron con él
en la parcela que había pertenecido a Nabot de Jezreel. 22 El
rey Joram preguntó:
—¿Vienes en son de paz, Jehú?
—¿Cómo puede haber paz cuando la idolatría y la
brujería de tu madre, Jezabel, están por todas partes?—contestó Jehú.
23 Entonces
el rey Joram, dando vuelta a sus caballos para huir, le gritó a Ocozías:
«¡Traición, Ocozías!». 24 Jehú tensó su arco y le
disparó a Joram entre los hombros. La flecha le atravesó el corazón, y Joram
cayó muerto dentro de su carro.
25 Luego
Jehú le dijo a su oficial, Bidcar: «Arrójenlo en la parcela que perteneció a
Nabot de Jezreel. ¿Recuerdas cuando tú y yo íbamos a caballo detrás de su
padre, Acab? El Señor declaró este mensaje en su contra cuando
dijo: 26 “Juro solemnemente, dice el Señor,
que en esta misma parcela le daré su merecido por el asesinato que vi ayer de
Nabot y de sus hijos”. Así que tírenlo en la propiedad de Nabot, tal como dijo
el Señor».
27 Al
ver lo que pasaba, el rey Ocozías de Judá huyó por el camino que lleva a
Bet-hagan. Entonces Jehú lo siguió gritando: «¡Dispárenle a él también!». Así
que hirieron a Ocozías en su carro de guerra en la cuesta de Gur, cerca de
Ibleam. Pudo llegar hasta Meguido, pero allí murió. 28 Sus
sirvientes lo llevaron en el carro de guerra hasta Jerusalén, donde lo
enterraron junto a sus antepasados, en la Ciudad de David. 29 Ocozías
había comenzado a reinar en Judá durante el año once del reinado de Joram, hijo
de Acab.
Muerte de Jezabel
30 Cuando
Jezabel, la reina madre, supo que Jehú había llegado a Jezreel, se pintó los
párpados, se arregló el cabello y se sentó frente a una ventana. 31 Cuando
Jehú entró por la puerta del palacio, ella le gritó: «¿Has venido en son de
paz, asesino? ¡Tú eres igual a Zimri, quien mató a su amo!».
32 Jehú
levantó la vista, la vio en la ventana y gritó: «¿Quién está de mi lado?».
Entonces dos o tres eunucos se asomaron a verlo. 33 «¡Tírenla
abajo!», gritó Jehú. Así que la arrojaron por la ventana, y su sangre salpicó
la pared y los caballos; y Jehú pisoteó el cuerpo de Jezabel con las patas de
sus caballos.
34 Luego
Jehú entró al palacio, comió y bebió. Después de un rato dijo: «Que alguien se
encargue de enterrar a esa maldita mujer, porque era hija de un rey»; 35 pero
cuando fueron a enterrarla, solo encontraron el cráneo, los pies y las manos.
36 Cuando
regresaron y le contaron a Jehú, él declaró: «Eso cumple el mensaje que
el Señor dio por medio de su siervo Elías de Tisbé, quien dijo: “Los
perros se comerán el cuerpo de Jezabel en la parcela de Jezreel. 37 Sus
restos quedarán desparramados como estiércol en la parcela de Jezreel, para que
nadie pueda reconocerla”».
Jehú mata a la familia de Acab
10 Acab
tenía setenta hijos que vivían en la ciudad de Samaria. Así que Jehú escribió
cartas y las envió a Samaria, a los ancianos y funcionarios de la ciudad y
a los tutores de los hijos de Acab. Les escribió: 2 «Los
hijos del rey están con ustedes y ustedes tienen a su disposición carros de
guerra, caballos, armas y una ciudad fortificada. En cuanto reciban esta
carta, 3 escojan al más competente de los hijos de
su amo para que sea su rey y prepárense para pelear por la dinastía de Acab».
4 Entonces
se paralizaron de miedo y dijeron: «¡Hemos visto que dos reyes no pudieron
contra este hombre! ¿Qué podemos hacer nosotros?».
5 Así
que los administradores del palacio y de la ciudad, junto con los ancianos y
con los tutores de los hijos del rey, enviaron el siguiente mensaje a Jehú:
«Somos sus sirvientes y haremos todo lo que nos diga. No proclamaremos rey a
nadie; haga lo que mejor le parezca».
6 Jehú
respondió con una segunda carta: «Si ustedes están de mi lado y van a
obedecerme, tráiganme a Jezreel la cabeza de cada uno de los hijos de su amo
mañana, a esta hora». Los setenta hijos del rey estaban al cuidado de los
líderes de Samaria, en donde se les había criado desde la niñez. 7 Cuando
llegó la carta, los líderes mataron a los setenta hijos del rey; pusieron las
cabezas en canastos y se las entregaron a Jehú, quien estaba en Jezreel.
8 Un
mensajero fue a ver a Jehú y le dijo:
—Han traído las cabezas de los hijos del rey.
Entonces Jehú ordenó:
—Apílenlas en dos montones a la entrada de la
puerta de la ciudad y déjenlas allí hasta la mañana.
9 Al
día siguiente, Jehú salió y habló a la multitud que se había juntado: «Ustedes
no tienen la culpa—les dijo—. Yo soy el que conspiró contra mi amo y lo mató;
pero ¿quién mató a todos estos? 10 No tengan duda
de que se cumplirá el mensaje que el Señor dio acerca de la familia
de Acab. El Señor declaró por medio de su siervo Elías que esto
sucedería». 11 Después Jehú mató a los demás
parientes de Acab que vivían en Jezreel, a todos sus funcionarios importantes,
a sus amigos personales y a sus sacerdotes. Así que a Acab no le quedó ningún
descendiente.
12 Entonces
Jehú partió hacia Samaria. En el camino, mientras estaba en Bet-eked de los
Pastores, 13 se cruzó con unos parientes del rey
Ocozías, de Judá.
—¿Quiénes son ustedes? —les preguntó.
Y ellos contestaron:
—Somos parientes del rey Ocozías. Vamos a visitar
a los hijos del rey Acab y a los hijos de la reina madre.
14 «¡Tráiganlos
vivos!», gritó Jehú a sus hombres. Así que los capturaron, cuarenta y dos en
total, y los mataron junto al pozo de Bet-eked. No escapó ninguno.
15 Cuando
Jehú salió de allí, encontró a Jonadab, hijo de Recab, quien venía a su
encuentro. Después de saludarse, Jehú le dijo:
—¿Me eres tan leal como yo lo soy contigo?
—Sí, lo soy—contestó Jonadab.
—Si lo eres—dijo Jehú—, entonces estréchame la
mano.
Jonadab le dio la mano y Jehú lo ayudó a subirse
al carro. 16 Luego Jehú le dijo:
—Ven conmigo y verás lo dedicado que soy al Señor.
Y Jonadab lo acompañó en su carro.
17 Cuando
Jehú llegó a Samaria, mató a todos los que quedaban de la familia de Acab, tal
como el Señor había prometido por medio de Elías.
Jehú mata a los sacerdotes de Baal
18 Luego
Jehú convocó a una reunión a toda la gente de la ciudad y les dijo: «¡La forma
en que Acab le rindió culto a Baal no fue nada en comparación con la forma en
que yo voy a rendirle culto! 19 Por lo tanto,
manden llamar a todos los profetas y a los que veneran a Baal y reúnan a todos
sus sacerdotes. Asegúrense de que vengan todos, porque voy a ofrecer un gran
sacrificio a Baal. Cualquiera que no venga será ejecutado»; pero el astuto plan
de Jehú consistía en destruir a todos los que rendían culto a Baal.
20 Después
Jehú ordenó: «¡Preparen una asamblea solemne para rendir culto a Baal!». Así
que lo hicieron. 21 Mandó mensajeros por todo
Israel para convocar a los que veneraban a Baal. Asistieron todos—no faltó
ninguno—y llenaron el templo de Baal de un extremo al otro. 22 Entonces
Jehú le indicó al encargado del guardarropa: «Asegúrate de que todos los que
rinden culto a Baal tengan puesto uno de estos mantos». Así que a cada uno de
ellos se le dio un manto.
23 Después
Jehú entró al templo de Baal con Jonadab, hijo de Recab, y les dijo a los que
veneraban a Baal: «Asegúrense de que aquí no haya nadie que adora al Señor,
solo los que rinden culto a Baal». 24 Así que
estaban todos adentro del templo para ofrecer sacrificios y ofrendas quemadas.
Ahora bien, Jehú había puesto a ochenta de sus hombres fuera del edificio y les
había advertido: «Si dejan que alguno se escape, pagarán con su propia vida».
25 Apenas
Jehú terminó de sacrificar la ofrenda quemada, les ordenó a sus guardias y
oficiales: «¡Entren y mátenlos a todos! ¡Que no escape nadie!». Así que los
guardias y oficiales los mataron a filo de espada y arrastraron los cuerpos
fuera. Luego los hombres de Jehú entraron en la fortaleza más recóndita del
templo de Baal 26 y sacaron a rastras la columna
sagrada que se usaba para rendir culto a Baal y la quemaron. 27 Destrozaron
la columna sagrada, demolieron el templo de Baal y lo convirtieron en un baño
público; y así quedó hasta el día de hoy.
28 De
esa forma, Jehú destruyó todo rastro del culto a Baal en Israel. 29 Sin
embargo, no destruyó los becerros de oro que estaban en Betel y en Dan, con los
cuales Jeroboam, hijo de Nabat, había hecho pecar a Israel.
30 No
obstante, el Señor le dijo a Jehú: «Hiciste bien al seguir mis
instrucciones de destruir a la familia de Acab. Por lo tanto, tus descendientes
serán reyes de Israel hasta la cuarta generación»; 31 pero
Jehú no obedeció con todo el corazón la ley del Señor, Dios de Israel. Se
negó a abandonar los pecados que Jeroboam hizo cometer a Israel.
Muerte de Jehú
32 Por
ese tiempo, el Señor comenzó a reducir el tamaño del territorio de
Israel. El rey Hazael conquistó varias regiones del país 33 al
oriente del río Jordán, entre ellas, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén
y de Manasés. El área que conquistó se extendía desde la ciudad de Aroer, cerca
del valle del Arnón, hasta tan al norte como Galaad y Basán.
34 Los
otros acontecimientos del reinado de Jehú—todo lo que hizo y todos sus
logros—están registrados en El libro de la historia de los reyes de
Israel.
35 Cuando
Jehú murió, lo enterraron en Samaria; y su hijo Joacaz lo sucedió en el
trono. 36 Jehú reinó en Israel desde Samaria
durante veintiocho años en total.
La reina Atalía gobierna sobre Judá
11 Cuando
Atalía, la madre del rey Ocozías de Judá, supo que su hijo había muerto,
comenzó a aniquilar al resto de la familia real; 2 pero
Josaba, hermana de Ocozías e hija del rey Yoram, tomó a Joás, el hijo más
pequeño de Ocozías, y lo rescató de entre los demás hijos del rey que estaban a
punto de ser ejecutados. Puso a Joás y a su nodriza en un dormitorio y lo
escondieron de Atalía; por eso el niño no fue asesinado. 3 Joás
permaneció escondido en el templo del Señor durante seis años,
mientras Atalía gobernaba el país.
Rebelión contra Atalía
4 En
el séptimo año del reinado de Atalía, el sacerdote Joiada mandó llamar al
templo del Señor a los comandantes, a los mercenarios cariteos y a
los guardias del palacio. Hizo un pacto solemne con ellos y los obligó a hacer
un juramento de lealtad allí, en el templo del Señor; luego les mostró al
hijo del rey.
5 Joiada
les dijo: «Tienen que hacer lo siguiente: una tercera parte de ustedes, los que
están de turno el día de descanso, vigilarán el palacio real; 6 otra
tercera parte de ustedes hará guardia en la puerta Sur; y la otra tercera parte
lo hará detrás de la guardia del palacio. Los tres grupos vigilarán el
palacio. 7 Los dos grupos que no están de turno el
día de descanso guardarán al rey en el templo del Señor. 8 Formen
una escolta alrededor del rey y tengan sus armas en la mano. Maten a cualquiera
que intente penetrar las filas. Quédense junto al rey vaya donde vaya».
9 Así
que los comandantes hicieron todo tal como el sacerdote Joiada les había
ordenado. Los comandantes se encargaron de los hombres que se presentaban para
su turno ese día de descanso, así como de los que terminaban el suyo. Los
llevaron a todos ante el sacerdote Joiada, 10 quien
les dio las lanzas y los escudos pequeños que habían pertenecido al rey David y
estaban guardados en el templo del Señor. 11 Los
guardias del palacio se ubicaron alrededor del rey, con sus armas listas.
Formaron una hilera desde el lado sur del templo hasta el lado norte y
alrededor del altar.
12 Entonces
Joiada sacó a Joás, el hijo del rey, puso la corona sobre su cabeza y le
entregó una copia de las leyes de Dios. Lo ungieron y lo proclamaron rey,
y todos aplaudieron y gritaron: «¡Viva el rey!».
Muerte de Atalía
13 Cuando
Atalía oyó el ruido que hacían los guardias del palacio y la gente, fue de
prisa al templo del Señor para ver qué pasaba. 14 Cuando
llegó, vio al recién coronado rey de pie en el lugar de autoridad, junto a la
columna, como era la costumbre durante las coronaciones. Los comandantes y los
trompetistas lo rodeaban, y gente de todo el reino celebraba y tocaba las
trompetas. Cuando Atalía vio todo esto, rasgó su ropa en señal de desesperación
y gritó: «¡Traición! ¡Traición!».
15 Después
el sacerdote Joiada ordenó a los comandantes que estaban a cargo de las tropas:
«Llévensela a los soldados que están de guardia frente al templo, y maten
a cualquiera que intente rescatarla». Pues el sacerdote había dicho: «No deben
matarla dentro del templo del Señor». 16 Por
eso la agarraron y la llevaron a la puerta por donde los caballos entraban al
predio del palacio, y allí la mataron.
Reformas religiosas de Joiada
17 Luego
Joiada hizo un pacto entre el Señor y el rey y el pueblo, de que
serían el pueblo del Señor. También hizo un pacto entre el rey y el
pueblo. 18 Así que toda la gente fue al templo de
Baal y entre todos lo destruyeron; demolieron los altares, hicieron pedazos los
ídolos y mataron a Matán, el sacerdote de Baal, frente a los altares.
El sacerdote Joiada puso guardias en el templo
del Señor. 19 Después los comandantes, los
mercenarios cariteos, los guardias del palacio y toda la gente del reino
escoltaron al rey desde el templo del Señor; pasaron por la puerta de la
guardia y entraron al palacio, y el rey se sentó en el trono real. 20 Toda
la gente del reino se alegró, y la ciudad estaba tranquila porque Atalía había
sido ejecutada en el palacio del rey.
21 Joás tenía
siete años cuando subió al trono.
SALMOS 103
Salmo de David.
103 Que
todo lo que soy alabe al Señor;
con todo el corazón alabaré su santo nombre.
2 Que todo lo que soy alabe al Señor;
que nunca olvide todas las cosas buenas que hace por
mí.
3 Él perdona todos mis pecados
y sana todas mis enfermedades.
4 Me redime de la muerte
y me corona de amor y tiernas misericordias.
5 Colma mi vida de cosas buenas;
¡mi juventud se renueva como la del águila!
6 El Señor da
rectitud
y hace justicia a los que son tratados injustamente.
7 Dio
a conocer su carácter a Moisés
y sus obras al pueblo de Israel.
8 El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y está lleno de amor inagotable.
9 No nos reprenderá todo el tiempo
ni seguirá enojado para siempre.
10 No nos castiga por todos nuestros pecados;
no nos trata con la severidad que merecemos.
11 Pues su amor inagotable hacia los que le temen
es tan inmenso como la altura de los cielos sobre la
tierra.
12 Llevó nuestros pecados tan lejos de nosotros
como está el oriente del occidente.
13 El Señor es como un padre con sus hijos,
tierno y compasivo con los que le temen.
14 Pues él sabe lo débiles que somos;
se acuerda de que somos tan solo polvo.
15 Nuestros días sobre la tierra son como la hierba;
igual que las flores silvestres, florecemos y morimos.
16 El viento sopla, y desaparecemos
como si nunca hubiéramos estado aquí.
17 Pero el amor del Señor permanece para
siempre
con los que le temen.
¡Su salvación se extiende a los hijos de los hijos
18 de los que son fieles a su
pacto,
de los que obedecen sus mandamientos!
19 El Señor ha
hecho de los cielos su trono;
desde allí gobierna todo.
20 Alaben
al Señor, ustedes los ángeles,
ustedes los poderosos que llevan a cabo sus planes,
que están atentos a cada uno de sus mandatos.
21 ¡Sí, alaben al Señor, ejércitos de ángeles
que le sirven y hacen su voluntad!
22 Alabe al Señor todo lo que él ha creado,
todo lo que hay en su reino.
Que todo lo que soy alabe al Señor.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”