Mayo 09 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 108
2 REYES 23 - 25
Reformas religiosas de Josías
23 Entonces
el rey convocó a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. 2 Luego
subió al templo del Señor junto con todos los habitantes de Judá y de
Jerusalén, acompañado por los sacerdotes y los profetas: toda la gente, desde
el menos importante hasta el más importante. Allí el rey les leyó todo el libro
del pacto, que se había encontrado en el templo del Señor. 3 El
rey tomó su lugar de autoridad junto a la columna y renovó el pacto en
presencia del Señor. Se comprometió a obedecer al Señor cumpliendo
sus mandatos, leyes y decretos con todo el corazón y con toda el alma. De esa
manera, confirmó todas las condiciones del pacto que estaban escritas en el
rollo, y toda la gente se comprometió con el pacto.
4 Seguidamente
el rey dio instrucciones al sumo sacerdote Hilcías, a los sacerdotes de segundo
rango y a los porteros del templo para que quitaran del templo del Señor todos
los objetos que se usaban para rendir culto a Baal, a Asera y a todos los
poderes de los cielos. El rey hizo quemar todas estas cosas fuera de Jerusalén,
en las terrazas del valle de Cedrón, y llevó las cenizas a Betel. 5 Eliminó
a los sacerdotes idólatras, que habían sido nombrados por los reyes anteriores
de Judá, porque ofrecían sacrificios en los santuarios paganos por todo el
territorio de Judá y hasta en los alrededores de Jerusalén. También ofrecían
sacrificios a Baal, al sol, a la luna, a las constelaciones y a todos los
poderes de los cielos. 6 El rey quitó del templo
del Señor el poste dedicado a la diosa Asera y lo llevó fuera de
Jerusalén, al valle de Cedrón, donde lo quemó. Luego molió las cenizas del
poste hasta hacerlas polvo y tiró el polvo sobre las tumbas de la gente. 7 También
derribó las habitaciones de los prostitutos y las prostitutas de los santuarios
paganos ubicados dentro del templo del Señor, donde las mujeres tejían
mantos para el poste dedicado a la diosa Asera.
8 Josías
trasladó a Jerusalén a todos los sacerdotes que vivían en otras ciudades de
Judá. También profanó los santuarios paganos donde habían ofrecido sacrificios,
desde Geba hasta Beerseba. Destruyó los santuarios que estaban a la entrada de
la puerta de Josué, gobernador de Jerusalén. Esta puerta estaba situada a la
izquierda de la puerta principal de la entrada a la ciudad. 9 A
los sacerdotes que habían servido en los santuarios paganos no se les permitió
servir en el altar del Señor en Jerusalén, pero se les dio
permiso para comer pan sin levadura con los otros sacerdotes.
10 Después
el rey profanó el altar de Tofet en el valle de Ben-hinom, a fin de que nunca
más nadie lo usara para sacrificar a un hijo o una hija en el fuego como
ofrenda a Moloc. 11 También quitó de la entrada del
templo del Señor las estatuas de caballos que los reyes anteriores de
Judá habían dedicado al sol, las cuales estaban cerca de las habitaciones del
eunuco Natán-melec, un funcionario de la corte. El rey también quemó los
carros de guerra dedicados al sol.
12 Josías
derribó los altares que los reyes de Judá habían construido en la azotea del
palacio, sobre la habitación de Acaz en el piso de arriba. El rey destruyó los
altares que Manasés había construido en los dos atrios del templo del Señor.
Los hizo añicos y esparció los pedazos en el valle de Cedrón. 13 El
rey también profanó los santuarios paganos que estaban al oriente de Jerusalén
y al sur del monte de la Corrupción, donde el rey Salomón de Israel había
construido santuarios para Astoret, la diosa detestable de los sidonios; para
Quemos, el dios detestable de los moabitas; y para Moloc, el repugnante
dios de los amonitas. 14 Destrozó las columnas
sagradas y derribó los postes dedicados a la diosa Asera. Luego profanó estos
lugares al esparcir huesos humanos sobre ellos.
15 El
rey también derribó el altar que estaba en Betel, el santuario pagano que
Jeroboam, hijo de Nabat, había levantado cuando hizo pecar a Israel. Quemó el
santuario y lo molió hasta convertirlo en cenizas, y quemó el poste dedicado a
la diosa Asera. 16 Luego Josías se dio vuelta y
notó que había varias tumbas en la ladera de la colina. Ordenó que sacaran los
huesos y los quemó sobre el altar de Betel para profanarlo. (Todo sucedió tal
como lo había anunciado el Señor por medio del hombre de Dios cuando
Jeroboam se paró junto al altar durante el festival).
Después Josías se dio vuelta y miró hacia arriba,
a la tumba del hombre de Dios que había predicho estas cosas.
17 —¿Qué
es ese monumento que está allí?—preguntó Josías.
Y la gente de la ciudad contestó:
—¡Es la tumba del hombre de Dios que vino desde
Judá y predijo precisamente lo que tú acabas de hacer al altar de Betel!
18 —¡Déjenlo
en paz!—respondió Josías—. ¡No molesten sus huesos!
Por lo tanto, no quemaron sus huesos ni los del
viejo profeta de Samaria.
19 Después
Josías demolió todas las edificaciones que había en los santuarios paganos de
los pueblos de Samaria, tal como lo hizo en Betel. Estas construcciones fueron
obra de diversos reyes de Israel y con ellas hicieron enojar mucho al Señor. 20 Por
último, el rey ejecutó a los sacerdotes de los santuarios paganos sobre sus
propios altares y quemó huesos humanos en los altares para profanarlos. Cuando
terminó, volvió a Jerusalén.
Josías celebra la Pascua
21 Luego
el rey Josías emitió la siguiente orden para todo el pueblo: «Ustedes deben
celebrar la Pascua para el Señor su Dios, como se exige en este libro
del pacto». 22 No se había celebrado una Pascua
igual desde la época en que los jueces gobernaban en Israel, ni durante todos
los años de los reyes de Israel y de Judá. 23 Sin
embargo, en el año dieciocho del reinado de Josías, esta Pascua se celebró en
Jerusalén en honor al Señor.
24 Josías
también se deshizo de los médiums y los videntes, de los dioses familiares, de
los ídolos, y de todas las demás prácticas detestables, tanto en Jerusalén
como por toda la tierra de Judá. Lo hizo en obediencia a las leyes escritas en
el rollo que el sacerdote Hilcías había encontrado en el templo del Señor. 25 Nunca
antes hubo un rey como Josías, que se volviera al Señor con todo su
corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas, obedeciendo todas las leyes
de Moisés. Desde entonces nunca más hubo un rey como él.
26 Aun
así, el Señor estaba muy enojado con Judá, debido a todas las
perversidades que Manasés había hecho para provocarlo. 27 Pues
el Señor dijo: «También expulsaré a Judá de mi presencia, así como
expulsé a Israel; y rechazaré a Jerusalén, mi ciudad escogida, y al templo
donde debía honrarse mi nombre».
28 Los
demás acontecimientos del reinado de Josías y todos sus logros están
registrados en El libro de la historia de los reyes de Judá.
29 Durante
el reinado de Josías, el faraón Necao, rey de Egipto, fue al río Éufrates para
ayudar al rey de Asiria. El rey Josías y su ejército salieron a enfrentarlo, pero
el rey Necao mató a Josías cuando se encontraron en Meguido. 30 Los
funcionarios de Josías llevaron su cuerpo en un carro de guerra desde Meguido
hasta Jerusalén y lo enterraron en su tumba. Entonces la gente de la nación
ungió a Joacaz, hijo de Josías, y lo proclamó el siguiente rey.
Joacaz gobierna sobre Judá
31 Joacaz
tenía veintitrés años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén tres meses. Su
madre se llamaba Hamutal y era hija de Jeremías, de Libna. 32 Joacaz
hizo lo malo a los ojos del Señor, igual que sus antepasados.
33 El
faraón Necao metió a Joacaz en la cárcel de Ribla, en la tierra de Hamat, para
impedir que gobernara en Jerusalén. También exigió que Judá pagara un
tributo de tres mil cuatrocientos kilos de plata, y treinta y cuatro kilos de
oro.
Joacim gobierna sobre Judá
34 Luego
el faraón Necao puso en el trono a Eliaquim, otro de los hijos de Josías, para
que reinara en lugar de su padre y le cambió el nombre a Joacim. Joacaz fue
llevado a Egipto como prisionero, y allí murió.
35 Para
obtener la plata y el oro que el faraón Necao exigía como tributo, Joacim
recaudaba un impuesto de los habitantes de Judá, para el cual les pedía que
pagaran en proporción a sus riquezas.
36 Joacim
tenía veinticinco años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén once años. Su
madre se llamaba Zebuda y era hija de Pedaías, de Ruma. 37 Él
hizo lo malo a los ojos del Señor, igual que sus antepasados.
24 Durante
el reinado de Joacim, Nabucodonosor, rey de Babilonia, invadió la tierra de
Judá. Joacim se rindió y le pagó tributo durante tres años, pero después se
rebeló. 2 Entonces el Señor mandó contra
Judá bandas de saqueadores babilonios, arameos, moabitas y amonitas a fin
de destruirla, tal como el Señor lo había prometido por medio de sus
profetas. 3 Estas calamidades le sucedieron a Judá
por orden del Señor. Él había decidido expulsar a Judá de su presencia
debido a los muchos pecados de Manasés, 4 quien
había llenado Jerusalén con sangre inocente. El Señor no perdonaba
eso.
5 Los
demás acontecimientos del reinado de Joacim y todos sus logros están
registrados en El libro de la historia de los reyes de Judá. 6 Cuando
Joacim murió, su hijo Joaquín lo sucedió en el trono.
7 A
partir de entonces, el rey de Egipto no se atrevió a salir más de su país,
porque el rey de Babilonia conquistó toda la región que anteriormente
pertenecía a Egipto, desde el arroyo de Egipto hasta el río Éufrates.
Joaquín gobierna sobre Judá
8 Joaquín
tenía dieciocho años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén tres meses. Su
madre se llamaba Nehusta y era hija de Elnatán, de Jerusalén. 9 Joaquín
hizo lo malo a los ojos del Señor, igual que su padre.
10 Durante
el reinado de Joaquín, los oficiales del rey Nabucodonosor de Babilonia
subieron contra Jerusalén y la sitiaron. 11 El
propio Nabucodonosor llegó a la ciudad durante el sitio. 12 Entonces
el rey Joaquín, junto con la reina madre, sus consejeros, sus comandantes y sus
oficiales, se rindieron ante los babilonios.
Durante el octavo año de su reinado,
Nabucodonosor tomó a Joaquín prisionero. 13 Como
el Señor ya había dicho, Nabucodonosor se llevó todos los tesoros del
templo del Señor y del palacio real. Sacó todos los objetos de
oro que el rey Salomón había puesto en el templo. 14 El
rey Nabucodonosor se llevó cautiva a toda la población de Jerusalén—unas diez
mil personas en total—incluso a los comandantes y a los mejores soldados, y a
los artesanos y a otras personas habilidosas. Solo dejaron en el país a la
gente más pobre.
15 Nabucodonosor
llevó cautivo a Babilonia al rey Joaquín, junto con la reina madre, las esposas
del rey, sus funcionarios y las personas más influyentes de la sociedad de
Jerusalén. 16 También desterró a siete mil de los
mejores soldados, y a mil artesanos y a otras personas habilidosas, todos
fuertes y aptos para la guerra. 17 Después el rey
de Babilonia puso en el trono a Matanías, tío de Joaquín, para que fuera
el siguiente rey y le cambió el nombre a Sedequías.
Sedequías gobierna sobre Judá
18 Sedequías
tenía veintiún años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén once años. Su
madre se llamaba Hamutal y era hija de Jeremías, de Libna. 19 Sin
embargo, Sedequías hizo lo malo a los ojos del Señor, igual que
Joacim. 20 Estas cosas sucedieron debido al enojo
que el Señor tenía contra la gente de Jerusalén y de Judá, hasta que
finalmente los expulsó de su presencia y los envió al destierro.
Caída de Jerusalén
Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia.
25 Así
que el 15 de enero, durante el noveno año del reinado de Sedequías,
Nabucodonosor, rey de Babilonia, dirigió a todo su ejército contra Jerusalén.
Rodearon la ciudad y construyeron rampas de asalto contra las murallas. 2 Jerusalén
estuvo sitiada hasta el año once del reinado de Sedequías.
3 Hacia
el 18 de julio del año once del reinado de Sedequías, el hambre en la
ciudad ya era muy intensa y se había agotado por completo lo último que quedaba
de alimento. 4 Entonces abrieron una brecha en la
muralla de la ciudad. Como la ciudad estaba rodeada por los babilonios, los
soldados esperaron hasta la caída del sol y escaparon por la puerta que
está entre las dos murallas detrás del jardín real. Entonces se dirigieron al
valle del Jordán.
5 Sin
embargo, las tropas babilónicas persiguieron al rey y lo alcanzaron en las
llanuras de Jericó, porque todos sus hombres lo habían abandonado y se habían
dispersado. 6 Capturaron al rey y lo llevaron ante
el rey de Babilonia, que se encontraba en Ribla, donde dictó sentencia contra
Sedequías. 7 Hicieron que Sedequías observara
mientras masacraban a sus hijos. Luego le sacaron los ojos, lo ataron con
cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia.
Destrucción del templo
8 El
14 de agosto de ese año, que era el año diecinueve del reinado de
Nabucodonosor, llegó a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia y
funcionario del rey babilónico. 9 Quemó por
completo el templo del Señor, el palacio real y todas las casas de
Jerusalén. Destruyó todos los edificios importantes de la ciudad. 10 Después
supervisó a todo el ejército babilónico mientras derribaba por completo las
murallas de Jerusalén. 11 Entonces Nabuzaradán,
capitán de la guardia, se llevó cautivas a las personas que quedaban en la
ciudad, a los desertores que habían jurado lealtad al rey de Babilonia y al
resto de la población; 12 pero el capitán de la
guardia permitió que algunos de los más pobres se quedaran para cuidar los
viñedos y los campos.
13 Los
babilonios hicieron pedazos las columnas de bronce que estaban al frente del
templo del Señor, las carretas de bronce para llevar agua y el enorme
tazón de bronce llamado el Mar, y se llevaron todo el bronce a Babilonia. 14 También
se llevaron los recipientes para la ceniza, las palas, las despabiladeras de
las lámparas, los cucharones y todos los demás objetos de bronce que se usaban
para realizar los sacrificios en el templo. 15 El
capitán de la guardia también se llevó los recipientes para quemar incienso y
los tazones, y todos los demás objetos de oro puro o de plata.
16 El
peso del bronce de las dos columnas, el Mar y las carretas para llevar agua era
tanto que no podía calcularse. Estos objetos se habían hecho para el templo
del Señor en tiempos de Salomón. 17 Cada
columna tenía ocho metros con treinta centímetros de alto. El capitel de
bronce en la parte superior de cada columna era de dos metros con treinta
centímetros de alto y estaba decorado alrededor con una red de granadas
hecha de bronce.
18 Nabuzaradán,
capitán de la guardia, se llevó consigo como prisioneros al sumo sacerdote
Seraías, al sacerdote de segundo rango Sofonías, y a los tres porteros
principales. 19 De la gente que seguía escondida en
la ciudad, se llevó a un oficial que había estado al mando del ejército judío,
a cinco de los consejeros personales del rey, al secretario principal del
comandante del ejército, quien estaba a cargo del reclutamiento, y a otros
sesenta ciudadanos. 20 Nabuzaradán, capitán de la
guardia, los llevó a todos ante el rey de Babilonia, que se encontraba en
Ribla. 21 Allí, en Ribla, en la tierra de Hamat, el
rey de Babilonia mandó que los ejecutaran a todos. Así que el pueblo de Judá
fue expulsado de su tierra y llevado al destierro.
Gedalías gobierna sobre Judá
22 Luego
el rey Nabucodonosor nombró gobernador sobre la gente que había dejado en Judá
a Gedalías, hijo de Ahicam y nieto de Safán. 23 Cuando
todos los comandantes del ejército y sus hombres se enteraron de que el rey de
Babilonia había nombrado gobernador a Gedalías, fueron a verlo a Mizpa. En ese
grupo estaban Ismael, hijo de Netanías; Johanán, hijo de Carea; Seraías, hijo
de Tanhumet el netofatita; Jezanías, hijo del maacateo; y todos sus
hombres.
24 Gedalías
les juró que los funcionarios babilónicos no querían hacerles ningún daño. «No
les tengan miedo. Vivan en la tierra y sirvan al rey de Babilonia, y todo les
irá bien», les prometió.
25 Después,
a mediados del otoño de ese año, Ismael, hijo de Netanías y nieto de
Elisama, quien era miembro de la familia real, fue con diez hombres a Mizpa y
mató a Gedalías. También mató a todos los judíos y babilonios que estaban con
él en Mizpa.
26 Entonces
toda la gente de Judá, desde el menos importante hasta el más importante, junto
con los comandantes del ejército, huyeron despavoridos a Egipto, porque tenían
miedo de lo que pudieran hacerles los babilonios.
Esperanza para la descendencia real
de Israel
27 En
el año treinta y siete del exilio de Joaquín, rey de Judá, Evil-merodac
ascendió al trono de Babilonia. El nuevo rey fue bondadoso con Joaquín y
lo sacó de la cárcel el 2 de abril de ese año. 28 Le
habló con amabilidad y le dio una posición superior a la de los demás reyes
exiliados en Babilonia. 29 Le proporcionó a Joaquín
ropa nueva para reemplazar la ropa de prisionero y le permitió comer en
presencia del rey por el resto de su vida. 30 Así
que el rey le dio una ración diaria de comida mientras vivió.
SALMOS 108
Cántico. Salmo de David.
108 Mi
corazón está confiado en ti, oh Dios;
¡con razón puedo cantar tus alabanzas con toda el alma!
2 ¡Despiértense, lira y arpa!
Con mi canto despertaré al amanecer.
3 Te daré gracias, Señor, en medio de toda la
gente;
cantaré tus alabanzas entre las naciones.
4 Pues tu amor inagotable es más alto que los cielos;
tu fidelidad alcanza las nubes.
5 Exaltado seas, oh Dios, por encima de los cielos más
altos.
Que tu gloria brille sobre toda la tierra.
6 Rescata
ahora a tu pueblo amado;
respóndenos y sálvanos con tu poder.
7 Por su santidad, Dios ha prometido:
«Dividiré a Siquem con alegría
y mediré el valle de Sucot.
8 Galaad es mío,
y también Manasés.
Efraín, mi casco, producirá mis guerreros,
y Judá, mi cetro, producirá mis reyes.
9 Pero Moab, mi lavamanos, se convertirá en mi siervo,
y sobre Edom me limpiaré los pies,
y gritaré triunfante sobre Filistea».
10 ¿Quién
me llevará a la ciudad fortificada?
¿Quién me dará la victoria sobre Edom?
11 ¿Nos has rechazado, oh Dios?
¿Ya no marcharás junto a nuestros ejércitos?
12 Por favor, ayúdanos contra nuestros enemigos,
porque toda la ayuda humana es inútil.
13 Con la ayuda de Dios, haremos cosas poderosas,
pues él pisoteará a nuestros enemigos.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”