Junio 07 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 137
NAHÚM 1 - 3
1 Este
mensaje sobre Nínive vino como una visión a Nahúm, que vivía en Elcos.
La ira del Señor contra
Nínive
2 El Señor es
Dios celoso,
lleno de ira y venganza.
¡Él toma venganza de todos los que se le oponen
y persiste en su furia contra sus enemigos!
3 El Señor es lento para enojarse, pero su
poder es grande
y nunca deja sin castigo al culpable.
Da muestras de su poder en el torbellino y la tormenta;
las nubes ondulantes son el polvo bajo sus pies.
4 Él da la orden y los océanos se secan
y los ríos desaparecen.
Los buenos pastizales de Basán y el Carmelo pierden su verdor,
y los frondosos bosques del Líbano se marchitan.
5 Ante la presencia de Dios las montañas se estremecen
y las colinas se derriten;
la tierra tiembla
y sus habitantes son destruidos.
6 ¿Quién podrá quedar en pie ante su ira feroz?
¿Quién podrá sobrevivir ante su furia abrasadora?
Su furor arde como el fuego,
y ante él las montañas se desmenuzan.
7 El Señor es
bueno,
un refugio seguro cuando llegan dificultades.
Él está cerca de los que confían en él.
8 Pero arrasará a sus enemigos
con una inundación arrolladora.
Él perseguirá a sus enemigos
en la oscuridad de la noche.
9 ¿Por
qué traman contra el Señor?
¡Él los destruirá de un golpe;
no necesitará golpear dos veces!
10 Sus enemigos, enredados como espinos
y tambaleantes como borrachos,
serán quemados como hierba seca en el campo.
11 ¿Quién es este perverso consejero tuyo
que maquina el mal contra el Señor?
12 Esto
es lo que dice el Señor:
«Aunque los asirios tienen muchos aliados,
serán destruidos y desaparecerán.
Oh pueblo mío, yo te castigué anteriormente,
pero no te volveré a castigar.
13 Ahora romperé el yugo de esclavitud de tu cuello
y te quitaré las cadenas de la opresión asiria».
14 Esto
es lo que dice el Señor acerca de Nínive, la ciudad de los asirios:
«No tendrás más hijos para perpetuar tu nombre.
Destruiré todos los ídolos en los templos de tus
dioses.
¡Estoy preparando una tumba para ti
porque eres despreciable!».
15 ¡Miren! ¡Viene un
mensajero sobre las montañas con buenas noticias!
Trae un mensaje de paz.
Celebra tus festivales, oh pueblo de Judá,
y cumple todos tus votos,
porque tus enemigos perversos no volverán a invadir tu tierra.
¡Serán destruidos por completo!
Caída de Nínive
2 Nínive, tu enemigo
viene para aplastarte.
¡A las murallas! ¡Vigila los caminos!
¡Prepara tus defensas! ¡Reúne a tus fuerzas armadas!
2 Aunque
el destructor arrasó con Judá,
el Señor restaurará su honor.
A la vid de Israel le arrancaron las ramas,
pero él restaurará su esplendor.
3 ¡Los
escudos resplandecen rojizos a la luz del sol!
¡Miren los uniformes escarlatas de las valientes
tropas!
Observen a los deslumbrantes carros de guerra tomar posiciones;
sobre ellos se agita un bosque de lanzas.
4 Los carros de guerra corren con imprudencia por las
calles
y salvajemente por las plazas;
destellan como antorchas
y se mueven tan veloces como relámpagos.
5 El rey grita a sus oficiales
y ellos tropiezan en su apuro
por correr hacia los muros para levantar las defensas.
6 ¡Las compuertas del río se abrieron con violencia!
¡El palacio está a punto de desplomarse!
7 Se decretó el destierro de Nínive
y todas las sirvientas lloran su conquista.
Gimen como palomas
y se golpean el pecho en señal de aflicción.
8 ¡Nínive es como una represa agrietada
que deja escapar a su gente!
«¡Deténganse, deténganse!», grita alguien,
pero nadie siquiera mira hacia atrás.
9 ¡Roben la plata!
¡Saqueen el oro!
Los tesoros de Nínive no tienen fin;
su riqueza es incalculable.
10 Pronto la ciudad es saqueada; queda vacía y en
ruinas.
Los corazones se derriten y tiemblan las rodillas.
La gente queda horrorizada,
con la cara pálida, temblando de miedo.
11 ¿Dónde
está ahora la magnífica Nínive,
esa guarida repleta de cachorros de león?
Era un lugar donde la gente—como leones con sus cachorros—
caminaba libremente y sin temor.
12 El león despedazaba carne para sus cachorros
y estrangulaba presas para su leona.
Llenaba la guarida de presas
y sus cavernas con su botín.
13 «¡Yo
soy tu enemigo!
—dice el Señor de los Ejércitos Celestiales—.
Tus carros de guerra serán quemados;
tus jóvenes morirán en la batalla.
Nunca más saquearás las naciones conquistadas.
No volverán a oírse las voces de tus orgullosos
mensajeros».
Juicio del Señor contra
Nínive
3 ¡Qué
aflicción le espera a Nínive,
la ciudad de crímenes y mentiras!
Está saturada de riquezas
y nunca le faltan víctimas.
2 ¡Oigan el chasquido de los látigos
y el retumbo de las ruedas!
Los cascos de los caballos retumban
y los carros de guerra traquetean sin control.
3 ¡Miren cómo destellan las espadas y brillan las lanzas
cuando pasa la caballería!
Hay muertos incontables,
hay montones de cadáveres,
tantos que la gente tropieza con ellos.
4 Y todo porque Nínive
—la ciudad hermosa e incrédula,
la amante con encantos mortales—
sedujo a las naciones con su belleza.
Ella les enseñó toda su magia
y hechizó a la gente por todas partes.
5 «¡Yo
soy tu enemigo!
—dice el Señor de los Ejércitos Celestiales—.
Ahora te levantaré la falda
y mostraré tu desnudez y tu vergüenza a toda la tierra.
6 Te cubriré con inmundicias
y mostraré al mundo lo vil que eres.
7 Todos los que te vean se alejarán de ti y dirán:
“Nínive yace en ruinas.
¿Dónde están los que lloran por ella?”.
¿Lamenta alguien tu destrucción?».
8 ¿Acaso
eres mejor que la ciudad de Tebas,
situada en el río Nilo y rodeada de agua?
Estaba protegida a su alrededor por el río,
con el agua por muralla.
9 Etiopía y la tierra de Egipto
le dieron ayuda sin límites.
Las naciones de Fut y de Libia
estaban entre sus aliados.
10 Sin embargo, Tebas cayó
y su gente fue llevada cautiva
y sus bebés fueron estrellados
contra las piedras de las calles hasta morir.
Los soldados tiraban los dados para quedarse con los oficiales egipcios
como sirvientes.
Ataron con cadenas a todos sus líderes.
11 Y
tú, Nínive, también te tambalearás como un borracho;
te esconderás por temor al ataque del enemigo.
12 Todas tus fortalezas se derrumbarán.
Serán devoradas como higos maduros
que caen en la boca
de los que sacuden los árboles.
13 Tus tropas serán tan débiles e indefensas
como mujeres.
Las puertas de tu país se abrirán de par en par al enemigo;
les prenderán fuego y se quemarán.
14 ¡Prepárate para el sitio!
¡Almacena agua!
¡Refuerza las defensas!
¡Métete en los pozos para pisotear el barro
y llenar los moldes
y hacer ladrillos para reparar los muros!
15 Sin
embargo, el fuego te devorará;
serás derribada a espada.
El enemigo te consumirá como langostas;
devorará todo lo que encuentre.
Aunque te multipliques como una nube de langostas,
no tendrás escapatoria.
16 Tus comerciantes se han multiplicado
hasta llegar a ser más numerosos que las estrellas.
Pero son como una nube de langostas
que despojan la tierra y alzan el vuelo.
17 Tus guardias y tus oficiales también son como
una nube de langostas
que se amontona sobre los cercos en un día frío.
Pero al igual que las langostas que vuelan cuando sale el sol,
todos levantarán el vuelo y desaparecerán.
18 Tus
pastores duermen, oh rey asirio;
tus príncipes yacen muertos en el polvo.
Tu pueblo está disperso por las montañas,
sin nadie que lo reúna.
19 Tu herida no tiene remedio;
tu lesión es mortal.
Todos los que se enteren de tu destrucción
aplaudirán con alegría.
¿Dónde se puede encontrar a alguien
que no haya sufrido tu constante crueldad?
SALMOS 132
Cántico para los peregrinos que suben
a Jerusalén.
132 Señor,
acuérdate de David
y de todo lo que sufrió.
2 Le hizo una promesa solemne al Señor;
le juró al Poderoso de Israel:
3 «No iré a mi hogar
ni me permitiré descansar;
4 no dejaré que mis ojos duerman
ni cerraré los párpados adormecidos
5 hasta que encuentre un lugar donde construir una casa
para el Señor,
un santuario para el Poderoso de Israel».
6 Oímos
que el arca estaba en Efrata;
luego la encontramos en los campos distantes de Jaar.
7 Vayamos al santuario del Señor;
adoremos al pie de su trono.
8 Levántate, oh Señor, y entra en tu lugar de
descanso,
junto con el arca, símbolo de tu poder.
9 Que tus sacerdotes se vistan de santidad;
que tus leales servidores canten de alegría.
10 Por amor a tu siervo David,
no rechaces al rey que has ungido.
11 El Señor le hizo un juramento a David
con una promesa que nunca retirará:
«Pondré a uno de tus descendientes
en tu trono.
12 Si tus descendientes obedecen las condiciones de mi
pacto
y las leyes que les enseño,
entonces tu linaje real
continuará por siempre y para siempre».
13 Pues
el Señor ha escogido a Jerusalén;
ha querido que sea su hogar.
14 «Este es mi lugar de descanso para siempre—dijo—;
viviré aquí porque este es el hogar que he deseado.
15 Bendeciré a esta ciudad y la haré próspera;
saciaré a sus pobres con alimento.
16 Vestiré a sus sacerdotes con santidad;
sus fieles servidores cantarán de alegría.
17 Aquí aumentaré el poder de David;
mi ungido será una luz para mi pueblo.
18 Vestiré de vergüenza a sus enemigos,
pero él será un rey glorioso».
En este libro, Nahúm describe la caída de Nínive
y Asiria como una imagen de cómo Dios confrontará y derrumbará todos los
imperios humanos violentos.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”