Julio 26 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 186
EZEQUIEL 1 – 4
Visión de los seres vivientes
1 El
31 de julio de mis treinta años de vida, me encontraba con los judíos
en el destierro, junto al río Quebar, en Babilonia, cuando se abrieron los
cielos y tuve visiones de Dios. 2 Eso ocurrió
durante el quinto año de cautividad del rey Joaquín. 3 (El Señor le
dio este mensaje al sacerdote Ezequiel, hijo de Buzi, junto al río Quebar, en
la tierra de los babilonios; y él sintió que la mano
del Señor se apoderó de él).
4 Mientras
miraba, vi una gran tormenta que venía del norte empujando una nube enorme que
resplandecía con relámpagos y brillaba con una luz radiante. Dentro de la nube
había fuego, y en medio del fuego resplandecía algo que parecía como de ámbar
reluciente. 5 Del centro de la nube salieron cuatro
seres vivientes que parecían humanos, 6 solo que
cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. 7 Las
piernas eran rectas, y los pies tenían pezuñas como las de un becerro y
brillaban como bronce bruñido. 8 Pude ver que,
debajo de cada una de las cuatro alas, tenían manos humanas. Así que cada uno
de los cuatro seres tenía cuatro caras y cuatro alas. 9 Las
alas de cada ser viviente se tocaban con las de los seres que estaban al lado.
Cada uno se movía de frente hacia adelante, en la dirección que fuera, sin
darse vuelta.
10 Cada
uno tenía cara humana por delante, cara de león a la derecha, cara de buey a la
izquierda, y cara de águila por detrás. 11 Cada uno
tenía dos pares de alas extendidas: un par se tocaba con las alas de los seres
vivientes a cada lado, y el otro par le cubría el cuerpo. 12 Los
seres iban en la dirección que indicara el espíritu y se movían de frente hacia
delante, en la dirección que fuera, sin darse vuelta.
13 Los
seres vivientes parecían carbones encendidos o antorchas brillantes, y daba la
impresión de que entre ellos destellaban relámpagos. 14 Y
los seres vivientes se desplazaban velozmente de un lado a otro como centellas.
15 Mientras
miraba a esos seres vivientes, vi junto a ellos cuatro ruedas que tocaban el
suelo; a cada uno le correspondía una rueda. 16 Las
ruedas brillaban como si fueran de berilo. Las cuatro ruedas se parecían y
estaban hechas de la misma manera; dentro de cada rueda había otra rueda, que
giraba en forma transversal. 17 Los seres podían
avanzar de frente en cualquiera de las cuatro direcciones, sin girar mientras
se movían. 18 Los aros de las cuatro ruedas eran
altos y aterradores, y estaban cubiertos de ojos alrededor.
19 Cuando
los seres vivientes se movían, las ruedas se movían con ellos. Cuando volaban
hacia arriba, las ruedas también subían. 20 El
espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas. Así que a donde fuera el
espíritu, iban también las ruedas y los seres vivientes. 21 Cuando
los seres se movían, las ruedas se movían. Cuando los seres se detenían, las
ruedas se detenían. Cuando los seres volaban hacia arriba, las ruedas se
elevaban, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.
22 Por
encima de ellos se extendía una superficie semejante al cielo, reluciente como
el cristal. 23 Por debajo de esa superficie, dos
alas de cada ser viviente se extendían para tocar las alas de los otros, y cada
uno tenía otras dos alas que le cubrían el cuerpo. 24 Cuando
volaban, el ruido de las alas me sonaba como olas que rompen contra la costa o
la voz del Todopoderoso o los gritos de un potente ejército. Cuando se
detuvieron, bajaron las alas. 25 Mientras
permanecían de pie con las alas bajas, se oyó una voz más allá de la superficie
de cristal que estaba encima de ellos.
26 Sobre
esta superficie había algo semejante a un trono hecho de lapislázuli. En ese
trono, en lo más alto, había una figura con apariencia de hombre. 27 De
lo que parecía ser su cintura para arriba, tenía aspecto de ámbar reluciente,
titilante como el fuego; y de la cintura para abajo, parecía una llama
encendida resplandeciente. 28 Lo rodeaba un halo
luminoso, como el arco iris que brilla entre las nubes en un día de lluvia. Así
se me presentó la gloria del Señor. Cuando la vi, caí con rostro en
tierra, y oí la voz de alguien que me hablaba.
Llamado y encargo de Ezequiel
2 «Levántate,
hijo de hombre—dijo la voz—, quiero hablarte». 2 El
Espíritu entró en mí mientras me hablaba y me puso de pie. Entonces escuché
atentamente sus palabras. 3 «Hijo de hombre—me
dijo—, te envío a la nación de Israel, un pueblo desobediente que se ha
rebelado contra mí. Ellos y sus antepasados se han puesto en mi contra hasta el
día de hoy. 4 Son un pueblo terco y duro de
corazón. Ahora te envío a decirles: “¡Esto dice
el Señor Soberano!”. 5 Ya sea que te
escuchen o se nieguen a escuchar—pues recuerda que son rebeldes—, al menos
sabrán que han tenido un profeta entre ellos.
6 »Hijo
de hombre, no tengas miedo ni de ellos ni de sus palabras. No temas, aunque sus
amenazas te rodeen como ortigas, zarzas y escorpiones venenosos. No te
desanimes por sus ceños fruncidos, por muy rebeldes que ellos sean. 7 Debes
darles mis mensajes, te escuchen o no. Sin embargo, no te escucharán, ¡porque
son totalmente rebeldes! 8 Hijo de hombre, presta
atención a lo que te digo. No seas rebelde como ellos. Abre la boca y come lo
que te doy».
9 Luego
miré y vi que se me acercaba una mano que sostenía un rollo, 10 el
cual él abrió. Entonces vi que estaba escrito en ambos lados con cantos
fúnebres, lamentos y declaraciones de condena.
3 La
voz me dijo: «Hijo de hombre, come lo que te doy, ¡cómete este rollo! Luego ve
y transmite el mensaje a los israelitas». 2 Así que
abrí la boca y él me dio a comer el rollo. 3 «Llénate
el estómago con esto», me dijo. Al comerlo, sentí un sabor tan dulce como la
miel.
4 Luego
me dijo: «Hijo de hombre, ve a los israelitas y dales mis mensajes. 5 No
te envío a un pueblo de extranjeros que habla un idioma que no
comprendes. 6 No, no te envío a gente que habla un
idioma extraño y difícil de entender. Si te enviara a esas personas, ¡ellas te
escucharían! 7 ¡Pero los israelitas no te
escucharán a ti como tampoco me escuchan a mí! Pues todos y cada uno de ellos
son tercos y duros de corazón. 8 Sin embargo, mira,
te he hecho tan obstinado y duro de corazón como ellos. 9 ¡Endurecí
tu frente tanto como la roca más dura! Por lo tanto, no les tengas miedo ni te
asustes con sus miradas furiosas, por muy rebeldes que sean».
10 Luego
agregó: «Hijo de hombre, que todas mis palabras penetren primero en lo profundo
de tu corazón. Escúchalas atentamente para tu propio bien. 11 Después
ve a tus compatriotas desterrados y diles: “¡Esto dice
el Señor Soberano!”. Hazlo, te escuchen o no».
12 Luego
el Espíritu me levantó y oí detrás de mí un fuerte ruido que retumbaba.
(¡Alabada sea la gloria del Señor en su lugar!). 13 Era
el sonido de las alas de los seres vivientes al rozarse unas con otras y el
retumbar de las ruedas debajo de ellos.
14 El
Espíritu me levantó y me sacó de allí. Salí amargado y confundido, pero era
fuerte el poder del Señor sobre mí. 15 Luego
llegué a la colonia de judíos desterrados en Tel-abib, junto al río Quebar.
Estaba atónito y me quedé sentado entre ellos durante siete días.
Centinela para Israel
16 Después
de siete días, el Señor me dio el siguiente mensaje: 17 «Hijo
de hombre, te he puesto como centinela para Israel. Cada vez que recibas un
mensaje mío, adviértele a la gente de inmediato. 18 Si
les aviso a los perversos: “Ustedes están bajo pena de muerte”, pero tú no les
das la advertencia, ellos morirán en sus pecados; y yo te haré responsable de
su muerte. 19 Si tú les adviertes, pero ellos se
niegan a arrepentirse y siguen pecando, morirán en sus pecados; pero tú te
habrás salvado porque me obedeciste.
20 »Si
los justos se desvían de su conducta recta y no hacen caso a los obstáculos que
pongo en su camino, morirán; y si tú no les adviertes, ellos morirán en sus
pecados. No se recordará ninguno de sus actos de justicia y te haré responsable
de la muerte de esas personas; 21 pero si les
adviertes a los justos que no pequen y te hacen caso y no pecan, entonces
vivirán, y tú también te habrás salvado».
22 Luego
el Señor puso su mano sobre mí y me dijo: «Levántate y sal al valle,
y allí te hablaré». 23 Entonces me levanté y fui.
Allí vi la gloria del Señor, tal como la había visto en mi primera visión
junto al río Quebar, y caí con el rostro en tierra.
24 Después
el Espíritu entró en mí y me puso de pie. Me habló y me dijo: «Vete a tu casa y
enciérrate. 25 Allí, hijo de hombre, te atarán con
cuerdas, para que no puedas salir a estar con el pueblo. 26 Haré
que la lengua se te pegue al paladar para que quedes mudo y no puedas
reprenderlos, porque son rebeldes. 27 Sin embargo,
cuando te dé un mensaje, te soltaré la lengua y te dejaré hablar. Entonces les
dirás: “¡Esto dice el Señor Soberano!”. Los que quieran escuchar,
escucharán, pero los que se nieguen, se negarán, porque son rebeldes.
Señal del inminente sitio
4 »Ahora,
hijo de hombre, toma un ladrillo grande de barro y ponlo en el suelo, delante
de ti. Luego dibuja en él un mapa de la ciudad de Jerusalén y 2 representa
la ciudad bajo ataque. Construye un muro a su alrededor para que nadie pueda
escapar. Establece el campamento enemigo y rodea la ciudad con rampas de asalto
y arietes. 3 Luego toma una plancha de hierro y
colócala entre tú y la ciudad. Dirígete a la ciudad y demuestra lo terrible que
será el ataque contra Jerusalén. Esto será una advertencia al pueblo de Israel.
4 »Ahora
acuéstate sobre tu lado izquierdo y pon sobre ti los pecados de Israel.
Cargarás con sus pecados todos los días que permanezcas acostado sobre ese
lado. 5 Te exijo que cargues con los pecados de
Israel durante trescientos noventa días, un día por cada año de su
pecado. 6 Cumplido ese tiempo, date vuelta y
acuéstate sobre el lado derecho cuarenta días, un día por cada año del pecado
de Judá.
7 »Mientras
tanto, mira fijamente el sitio contra Jerusalén. Quédate acostado con el brazo
descubierto y profetiza la destrucción de la ciudad. 8 Te
ataré con cuerdas para que no puedas moverte de un lado al otro hasta que se
hayan cumplido los días del ataque.
9 »Ahora
ve a conseguir algo de trigo, cebada, frijoles, lentejas, mijo y trigo espelta,
y mézclalos en un recipiente grande. Con esta mezcla, harás pan para ti durante
los trescientos noventa días que estarás acostado sobre tu lado
izquierdo. 10 Prepárate raciones de alimento de
doscientos veintiocho gramos para cada día y cómelas a determinadas
horas. 11 Luego mide una jarra de agua para
cada día y bébela a determinadas horas. 12 Prepara
este alimento y cómelo como si fuera un pan de cebada. Cocínalo a la vista de
todo el pueblo, sobre un fuego encendido con excremento humano seco, y luego
cómete el pan». 13 Después el Señor dijo:
«¡Así comerán los israelitas pan contaminado en las naciones gentiles adonde
los expulsaré!».
14 Entonces
dije: «Oh Señor Soberano, ¿es necesario que me contamine con
excremento humano? Pues nunca me he contaminado. Desde que era niño hasta
ahora, jamás comí ningún animal que muriera por enfermedad o que fuera muerto
por otros animales. Jamás probé ninguna carne prohibida por la ley».
15 «Está
bien—dijo el Señor—. Puedes cocinar tu pan con estiércol de vaca en vez de
excremento humano». 16 Luego me dijo: «Hijo de
hombre, haré que escasee el alimento en Jerusalén. Tendrán que racionarlo con
mucho cuidado y lo comerán con temor. El agua se racionará, gota a gota, y el
pueblo la beberá afligido. 17 Por la falta de
alimento y de agua, ellos se mirarán unos a otros llenos de terror, y en su
castigo se irán consumiendo.
SALMOS 31
Para el director del coro: salmo de
David.
31 Oh Señor,
a ti acudo en busca de protección;
no dejes que me avergüencen.
Sálvame, porque tú haces lo correcto.
2 Inclina tu oído para escucharme;
rescátame pronto.
Sé mi roca de protección,
una fortaleza donde estaré a salvo.
3 Tú eres mi roca y mi fortaleza;
por el honor de tu nombre, sácame de este peligro.
4 Rescátame de la trampa que me tendieron mis enemigos,
porque solo en ti encuentro protección.
5 Encomiendo mi espíritu en tu mano;
rescátame, Señor, porque tú eres un Dios fiel.
6 Detesto
a los que rinden culto a ídolos inútiles;
yo confío en el Señor.
7 Me gozaré y me alegraré en tu amor inagotable,
porque has visto mis dificultades
y te preocupas por la angustia de mi alma.
8 No me entregaste a mis enemigos,
sino que me pusiste en un lugar seguro.
9 Ten
misericordia de mí, Señor, porque estoy angustiado.
Las lágrimas me nublan la vista;
mi cuerpo y mi alma se marchitan.
10 Estoy muriendo de dolor;
se me acortan los años por la tristeza.
El pecado me dejó sin fuerzas;
me estoy consumiendo por dentro.
11 Todos mis enemigos me desprecian
y mis vecinos me rechazan;
¡ni mis amigos se atreven a acercarse a mí!
Cuando me ven por la calle,
salen corriendo para el otro lado.
12 Me han olvidado como si estuviera muerto,
como si fuera una vasija rota.
13 He oído cantidad de rumores sobre mí,
y el terror me rodea.
Mis enemigos conspiran en mi contra;
hacen planes para quitarme la vida.
14 Pero
yo confío en ti, oh Señor;
digo: «¡Tú eres mi Dios!».
15 Mi futuro está en tus manos;
rescátame de los que me persiguen sin tregua.
16 Que tu favor brille sobre tu siervo;
por causa de tu amor inagotable, rescátame.
17 No permitas que me avergüencen, oh Señor,
pues a ti clamo por ayuda.
Que los malvados pasen vergüenza,
que queden callados en la tumba.
18 Silencia sus labios mentirosos,
esos labios orgullosos y arrogantes que acusan al
justo.
19 Qué
grande es la bondad
que has reservado para los que te temen.
La derramas en abundancia sobre los que acuden a ti en busca de protección,
y los bendices ante la mirada del mundo.
20 Los escondes en el refugio de tu presencia,
a salvo de los que conspiran contra ellos.
Los proteges en tu presencia,
los alejas de las lenguas acusadoras.
21 Alaben
al Señor,
porque me ha mostrado las maravillas de su amor
inagotable;
me mantuvo a salvo cuando atacaban mi ciudad.
22 Lleno de pánico, clamé:
«¡Me han separado del Señor!».
Pero tú oíste que supliqué misericordia
y respondiste a mi pedido de auxilio.
23 ¡Amen
al Señor todos los justos!
Pues el Señor protege a los que le son
leales,
pero castiga severamente a los arrogantes.
24 Así que, ¡sean fuertes y valientes,
ustedes los que ponen su esperanza en el Señor!
El profeta Ezequiel es también uno de los exiliados en Babilonia. En este libro, él muestra cómo Israel merecía este juicio y también que la justicia de Dios crea esperanza para el futuro.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”