Julio 19 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 179
JEREMÍAS 40 – 44
40 El Señor le
dio a Jeremías un mensaje después que Nabuzaradán, capitán de la guardia, lo
dejó libre en Ramá. Este había encontrado a Jeremías atado con cadenas entre
todos los demás cautivos de Jerusalén y de Judá que estaban siendo desterrados
a Babilonia.
2 El
capitán de la guardia mandó llamar a Jeremías y le dijo: «El Señor tu
Dios trajo desastre a esta tierra 3 tal como dijo
que haría, pues este pueblo ha pecado contra el Señor y lo
desobedeció. Por eso ocurrió. 4 Ahora voy a
quitarte estas cadenas y a dejarte libre. Si quieres venir conmigo a Babilonia,
eres bienvenido. Me ocuparé de que seas tratado bien, pero si no quieres venir,
puedes quedarte aquí. Toda la tierra está ante ti, puedes irte a donde quieras. 5 Si
decides quedarte, regresa a Gedalías, hijo de Ahicam y nieto de Safán. Él fue
nombrado gobernador de Judá por el rey de Babilonia. Quédate allí con la gente
que él gobierna, pero eso depende de ti. Puedes irte a donde quieras».
Entonces Nabuzaradán, capitán de la guardia, le
dio a Jeremías algo de comida y dinero y lo dejó ir. 6 Entonces,
Jeremías regresó a Gedalías, hijo de Ahicam, en Mizpa, y vivió en Judá con los
pocos que se quedaron en la tierra.
Gedalías gobierna sobre Judá
7 Los
líderes de los grupos militares judíos que estaban en el campo oyeron que el
rey de Babilonia había nombrado a Gedalías, hijo de Ahicam, gobernador sobre
las personas pobres que fueron dejadas en Judá, es decir, los hombres, las
mujeres y los niños que no habían sido desterrados a Babilonia. 8 Así
que fueron a ver a Gedalías a Mizpa. El grupo incluía a Ismael, hijo de
Netanías; Johanán y Jonatán, hijos de Carea; Seraías, hijo de Tanhumet; los
hijos de Efai el netofatita; Jezanías, hijo del maacateo; y todos sus hombres.
9 Gedalías
les juró que los babilonios no querían hacerles ningún daño. «No tengan
miedo de servirles. Vivan en la tierra y sirvan al rey de Babilonia, y todo les
irá bien—les prometió—. 10 En cuanto a mí,
permaneceré en Mizpa para representarlos a ustedes ante los babilonios cuando
vengan a reunirse con nosotros. Establézcanse en las ciudades que han tomado y
vivan de la tierra. Cosechen las uvas, los frutos de verano y los olivos, y
almacénenlos».
11 Cuando
los judíos que se encontraban en Moab, Amón, Edom y en los otros países
cercanos oyeron que el rey de Babilonia había dejado un puñado de gente en Judá
y que Gedalías era el gobernador, 12 comenzaron a
regresar a Judá de los lugares adonde habían huido. Se detuvieron en Mizpa para
encontrarse con Gedalías y luego se fueron a los campos de Judá para recoger
una gran cosecha de uvas y de otros cultivos.
Complot contra Gedalías
13 Poco
tiempo después, Johanán, hijo de Carea, y los otros líderes militares fueron a
ver a Gedalías en Mizpa. 14 Le dijeron: «¿Sabías
que Baalis, rey de Amón, ha enviado a Ismael, hijo de Netanías, para
asesinarte?», pero Gedalías se negó a creerles.
15 Más
adelante Johanán habló con Gedalías en privado y se ofreció para matar a Ismael
en forma secreta.
—¿Por qué deberíamos permitir que venga y te
mate?—preguntó Johanán—. ¿Qué les sucederá entonces a los judíos que
regresaron? ¿Por qué los pocos que quedamos deberíamos terminar esparcidos y
perdidos?
16 Pero
Gedalías le dijo a Johanán:
—Te prohíbo que hagas semejante cosa ya que
mientes en cuanto a Ismael.
Asesinato de Gedalías
41 Después,
a mediados del otoño de ese año, Ismael, hijo de Netanías y nieto de
Elisama, quien era miembro de la familia real y había sido uno de los altos
funcionarios del rey, fue con diez hombres a Mizpa para encontrarse con
Gedalías. Mientras comían juntos, 2 Ismael y sus
diez hombres de pronto se levantaron, desenvainaron sus espadas y mataron a
Gedalías, a quien el rey de Babilonia había nombrado gobernador. 3 Ismael
también mató a todos los judíos y a los soldados babilónicos que estaban
con Gedalías en Mizpa.
4 Al
día siguiente, antes de que alguien se enterara del asesinato de
Gedalías, 5 llegaron ochenta hombres de Siquem, de
Silo y de Samaria para adorar en el templo del Señor. Venían con sus
barbas afeitadas, con las ropas rasgadas y con cortaduras que se habían hecho
en el cuerpo. También traían consigo incienso y ofrendas de grano. 6 Entonces
Ismael salió de Mizpa para ir a su encuentro e iba llorando por el camino.
Cuando los alcanzó, les dijo: «¡Oh, vengan y vean lo que le ha sucedido a
Gedalías!».
7 En
cuanto entraron a la ciudad, Ismael y sus hombres los mataron a todos, menos a
diez, y echaron sus cuerpos en una cisterna. 8 Los
otros diez convencieron a Ismael que los dejara en libertad, con la promesa de
traerle todo el trigo, la cebada, el aceite de oliva y la miel que habían
escondido. 9 La cisterna donde Ismael echó los
cuerpos de los hombres que asesinó era grande, cavada por órdenes del rey
Asa cuando fortificó Mizpa para protegerse de Baasa, rey de Israel. Así que,
Ismael, hijo de Netanías, la llenó de cadáveres.
10 Después
Ismael capturó a las hijas del rey y al resto del pueblo que había quedado en
Mizpa bajo el cuidado de Gedalías, quien había sido encargado por Nabuzaradán,
capitán de la guardia. Los llevó consigo y comenzó el regreso a la tierra de
Amón.
11 Sin
embargo, cuando Johanán, hijo de Carea, y los otros líderes militares se
enteraron de los crímenes cometidos por Ismael, 12 reunieron
a todos sus hombres y salieron a detenerlo. Lo alcanzaron junto al estanque
grande cerca de Gabaón. 13 La gente que Ismael
había capturado gritó de alegría cuando vio a Johanán y a los otros líderes
militares. 14 Entonces todos los cautivos de Mizpa
escaparon y empezaron a ayudar a Johanán. 15 Mientras
tanto, Ismael y ocho de sus hombres escaparon de Johanán y huyeron a la tierra
de los amonitas.
16 Entonces
Johanán, hijo de Carea, y los otros líderes militares tomaron a toda la gente
que habían liberado en Gabaón: los soldados, las mujeres, los niños y los
funcionarios de la corte que Ismael había capturado después de matar a
Gedalías. 17 Los llevaron a todos a la aldea de
Gerut-quimam cerca de Belén, donde hicieron preparativos para irse a
Egipto 18 porque tenían miedo de lo que harían los
babilonios cuando se enteraran de que Ismael había matado a Gedalías, el
gobernador designado por el rey babilónico.
Advertencia a quedarse en Judá
42 Entonces
los líderes militares, incluidos Johanán, hijo de Carea, y Jezanías, hijo
de Osaías, junto con todo el pueblo, desde el menos importante hasta el más
importante, se acercaron a 2 Jeremías el profeta y
le dijeron:
—Por favor, ora al Señor tu Dios por
nosotros. Como puedes ver, somos un pequeño remanente comparado con lo que
éramos antes. 3 Ora que el Señor tu Dios
nos muestre qué hacer y adónde ir.
4 —Está
bien—contestó Jeremías—, oraré al Señor su Dios, como me lo han
pedido, y les diré todo lo que él diga. No les ocultaré nada.
5 Ellos
dijeron a Jeremías:
—¡Que el Señor tu Dios sea fiel testigo
contra nosotros si rehusamos obedecer todo lo que él nos diga que
hagamos! 6 Nos guste o no, obedeceremos
al Señor nuestro Dios a quien te enviamos con nuestro ruego. Pues si
le obedecemos, todo nos irá bien.
7 Diez
días más tarde, el Señor le dio a Jeremías la respuesta. 8 Así
que él mandó a buscar a Johanán, hijo de Carea, a los demás líderes militares y
a todo el pueblo, desde el menos importante hasta el más importante. 9 Les
dijo: «Ustedes me enviaron al Señor, Dios de Israel, con su petición y
esta es la respuesta: 10 “Permanezcan aquí en esta
tierra. Si lo hacen, los edificaré y no los derribaré; los plantaré y no los
desarraigaré. Pues lamento todo el castigo que tuve que traer sobre
ustedes. 11 No teman más al rey de Babilonia—dice
el Señor—. Pues yo estoy con ustedes, los salvaré y los libraré de su
poder. 12 Seré misericordioso con ustedes al hacer
que él sea amable para que les permita quedarse en su propia tierra”.
13 »Sin
embargo, si se niegan a obedecer al Señor su Dios, y dicen: “No nos
quedaremos aquí; 14 sino que iremos a Egipto donde
estaremos libres de guerra, de llamados a las armas y de hambre”, 15 entonces
escuchen el mensaje del Señor al remanente de Judá. Esto dice
el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Si están
decididos a irse a Egipto y vivir allí, 16 la misma
guerra y el mismo hambre que temen los alcanzarán, y allí morirán. 17 Este
es el destino que le espera a quien insista en irse a vivir a Egipto.
Efectivamente, morirán por guerra, enfermedad y hambre. Ninguno escapará del
desastre que traeré sobre ustedes allí”.
18 »Esto
dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Así como
se derramó mi enojo y mi furia sobre la gente de Jerusalén, así se derramará
sobre ustedes cuando entren a Egipto. Serán objeto de condenación, de horror,
de maldición y de burla; y nunca más volverán a ver su tierra natal”.
19 »Escuchen,
ustedes que forman el remanente de Judá. El Señor les ha dicho: “¡No
se vayan a Egipto!”. No olviden la advertencia que hoy les di. 20 Pues
no fueron sinceros cuando me enviaron a orar al Señor su Dios por
ustedes. Dijeron: “Solo dinos lo que el Señor nuestro Dios dice ¡y lo
haremos!”. 21 Hoy les he transmitido exactamente lo
que él dijo, pero ahora ustedes no obedecerán al Señor su Dios más
que en el pasado. 22 Así que tengan por seguro que
morirán por guerra, enfermedad y hambre en Egipto, donde ustedes insisten en
ir».
Jeremías llevado a Egipto
43 Cuando
Jeremías terminó de dar este mensaje del Señor su Dios a todo el
pueblo, 2 Azarías, hijo de Osaías, y Johanán, hijo
de Carea, y los demás hombres arrogantes le dijeron a Jeremías: «¡Mentira!
¡El Señor nuestro Dios no nos ha prohibido ir a Egipto! 3 Baruc,
hijo de Nerías, te ha convencido para que digas esto, porque él quiere que nos
quedemos aquí para que los babilonios nos maten o nos lleven al
destierro».
4 Entonces
Johanán, los demás líderes militares y todo el pueblo se negaron a obedecer la
orden del Señor de permanecer en Judá. 5 Johanán
y los otros líderes se llevaron con ellos a toda la gente que había regresado
de los países vecinos adonde habían huido. 6 En la
multitud había hombres, mujeres y niños, las hijas del rey y todos los que
Nabuzaradán, capitán de la guardia, había dejado con Gedalías. El profeta
Jeremías y Baruc también fueron incluidos. 7 El
pueblo rehusó obedecer la voz del Señor y se fue a Egipto hasta la
ciudad de Tafnes.
8 En
Tafnes, el Señor le dio otro mensaje a Jeremías. Le dijo: 9 «A
la vista de toda la gente de Judá, toma unas piedras grandes y entiérralas
debajo de las piedras del pavimento a la entrada del palacio del faraón aquí en
Tafnes. 10 Luego dile al pueblo de Judá: “Esto dice
el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: ‘Les aseguro
que traeré a mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, aquí a Egipto.
Estableceré su trono sobre estas piedras que he escondido. Sobre ellas
extenderá su dosel real 11 y cuando venga,
destruirá la tierra de Egipto. Traerá muerte a los destinados a la muerte,
cautiverio a los destinados al cautiverio y guerra a los destinados a la
guerra. 12 Prenderá fuego a los templos de los
dioses egipcios; quemará los templos y se llevará los ídolos como botín.
Limpiará la tierra de Egipto como un pastor que limpia su manto de pulgas, pero
él saldrá ileso. 13 Derribará las columnas sagradas
que están en el templo al sol en Egipto, y reducirá a cenizas los templos
de los dioses de Egipto’”».
Castigo por idolatría
44 Este
es el mensaje que recibió Jeremías con relación a los judíos que vivían en el
norte de Egipto, en las ciudades de Migdol, Tafnes y Menfis y también en
el sur de Egipto. 2 «Esto dice el Señor de
los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: ustedes vieron las calamidades que
traje sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá. Ahora están
abandonadas y en ruinas. 3 Ellos provocaron mi
enojo con toda su perversidad. Quemaban incienso y rendían culto a otros
dioses, dioses que ni ellos ni ustedes ni ninguno de sus antepasados
conocieron.
4 »Una
y otra vez envié a mis siervos, los profetas, para rogarles: “No hagan estas
cosas horribles que tanto detesto”, 5 pero mi
pueblo no quiso escucharme ni apartarse de su conducta perversa. Siguieron
quemando incienso a esos dioses. 6 Por eso mi furia
se desbordó y cayó como fuego sobre las ciudades de Judá y en las calles de
Jerusalén, que hasta hoy son unas ruinas desoladas.
7 »Ahora,
el Señor Dios de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel, les
pregunta: ¿por qué se destruyen ustedes mismos? Pues ninguno de ustedes
sobrevivirá: ningún hombre, mujer o niño de entre ustedes que haya venido aquí
desde Judá, ni siquiera los bebés que llevan en brazos. 8 ¿Por
qué provocan mi enojo quemando incienso a ídolos que ustedes han hecho aquí en
Egipto? Lo único que lograrán es destruirse y hacerse a sí mismos objeto de
maldición y burla para todas las naciones de la tierra. 9 ¿Acaso
han olvidado los pecados de sus antepasados, los pecados de los reyes y las
reinas de Judá, y los pecados que ustedes y sus esposas cometieron en Judá y en
Jerusalén? 10 Hasta este mismo instante no han
mostrado remordimiento ni reverencia. Ninguno ha elegido obedecer mi palabra ni
los decretos que les di a ustedes y a sus antepasados.
11 »Por
lo tanto, esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de
Israel: ¡estoy decidido a destruir a cada uno de ustedes! 12 Tomaré
a este remanente de Judá—los que estaban resueltos a venir y vivir en Egipto—y
los consumiré. Caerán aquí en Egipto, muertos por guerra y hambre. Todos
morirán, desde el menos importante hasta el más importante. Serán objeto de
condenación, de horror, de maldición y de burla. 13 Los
castigaré en Egipto así como lo hice en Jerusalén, con guerra, hambre y
enfermedad. 14 Del remanente que huyó a Egipto, con
la esperanza de regresar algún día a Judá, no quedarán sobrevivientes. A pesar
de que anhelan volver a su tierra solo un puñado lo hará».
15 Entonces
todas las mujeres presentes y todos los hombres que sabían que sus esposas
habían quemado incienso a los ídolos—una gran multitud de todos los judíos que
vivían en el norte y en el sur de Egipto—le contestaron a Jeremías:
16 —¡No
escucharemos tus mensajes del Señor! 17 Haremos
lo que se nos antoje. Quemaremos incienso y derramaremos ofrendas líquidas a la
reina del cielo tanto como nos guste, tal como nosotros, nuestros antepasados,
nuestros reyes y funcionarios han hecho siempre en las ciudades de Judá y en
las calles de Jerusalén. ¡Pues en aquellos días teníamos comida en abundancia,
estábamos bien económicamente y no teníamos problemas! 18 Pero
desde que dejamos de quemar incienso a la reina del cielo y dejamos de rendirle
culto con ofrendas líquidas, nos hemos visto en tremendos problemas y hemos
muerto por guerra y hambre.
19 »Además—agregaron
las mujeres—, ¿acaso crees que quemábamos incienso y derramábamos las ofrendas
líquidas a la reina del cielo y hacíamos pasteles con su imagen sin el
conocimiento y la ayuda de nuestros esposos? ¡Por supuesto que no!
20 Entonces
Jeremías les dijo a todos, tanto hombres como mujeres que le habían dado esa
respuesta:
21 —¿Acaso
piensan que el Señor no sabía que ustedes y sus antepasados, sus
reyes y funcionarios y todo el pueblo quemaban incienso a los ídolos en las
ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? 22 El Señor no
podía soportar más todas las cosas repugnantes que hacían; por eso convirtió la
tierra de ustedes en objeto de maldición—una ruina desolada sin habitantes—,
como sucede hasta hoy. 23 A ustedes les ocurrieron
todas estas cosas horribles porque quemaron incienso a los ídolos y pecaron
contra el Señor. Se negaron a obedecerlo y no han seguido sus
instrucciones, sus decretos ni sus leyes.
24 Luego
Jeremías les dijo a todos, incluidas las mujeres: «Escuchen este mensaje
del Señor, todos ustedes ciudadanos de Judá que viven en Egipto. 25 Esto
dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Ustedes
y sus esposas han dicho: ‘Guardaremos nuestras promesas de quemar incienso y
derramar ofrendas líquidas a la reina del cielo’ y por sus hechos han
demostrado que hablaban en serio. ¡Así que vayan, cumplan sus promesas y votos
a ella!”.
26 »Sin
embargo, escuchen este mensaje del Señor todos ustedes, los judíos
que ahora viven en Egipto: “He jurado por mi gran nombre—dice el Señor—que
mi nombre ya no será pronunciado por ningún judío en la tierra de Egipto.
Ninguno de ustedes podrá invocar mi nombre ni usar el siguiente juramento: ‘Tan
cierto como que el Señor Soberano vive’. 27 Pues
los vigilaré para traerles desastre y no bien. Todos los de Judá que ahora
viven en Egipto sufrirán guerra y hambre hasta que todos mueran. 28 Solo
un pequeño número escapará de morir y regresará a Judá desde Egipto. ¡Entonces
todos los que vinieron a Egipto sabrán cuáles palabras son verdad: las mías o
las de ellos!
29 »”Esta
es la prueba que les doy—dice el Señor—de que se cumplirán todas mis
amenazas y de que aquí en esta tierra los castigaré”. 30 Esto
dice el Señor: “Yo entregaré al faraón Hofra, rey de Egipto, en manos de
sus enemigos, quienes desean su muerte, así como entregué al rey Sedequías de
Judá en manos de Nabucodonosor de Babilonia”».
SALMOS 24
Salmo de David.
24 La
tierra es del Señor y todo lo que hay en ella;
el mundo y todos sus habitantes le pertenecen.
2 Pues él echó los cimientos de la tierra sobre los
mares
y los estableció sobre las profundidades de los
océanos.
3 ¿Quién
puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en su lugar santo?
4 Solo los de manos limpias y corazón puro,
que no rinden culto a ídolos
y nunca dicen mentiras.
5 Ellos recibirán la bendición del Señor
y tendrán una relación correcta con Dios su salvador.
6 Gente así puede buscarte
y adorar en tu presencia, oh Dios de Jacob. Interludio
7 ¡Ábranse,
portones antiguos!
Ábranse, puertas antiguas,
y dejen que entre el Rey de gloria.
8 ¿Quién es el Rey de gloria?
El Señor, fuerte y poderoso;
el Señor, invencible en batalla.
9 ¡Ábranse, portones antiguos!
Ábranse, puertas antiguas,
y dejen que entre el Rey de gloria.
10 ¿Quién es el Rey de gloria?
El Señor de los Ejércitos Celestiales,
él es el Rey de gloria. Interludio
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”