Febrero 08 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 18
ÉXODO 4 al 6
Señales del poder del Señor
4 Sin
embargo, Moisés protestó de nuevo:
—¿Qué hago si no me creen o no me hacen caso?
¿Qué hago si me dicen: “El Señor nunca se te apareció”?
2 Entonces
el Señor le preguntó:
—¿Qué es lo que tienes en la mano?
—Una vara de pastor —contestó Moisés.
3 —Arrójala
al suelo —le dijo el Señor.
Así que Moisés la tiró al suelo, ¡y la vara se
convirtió en una serpiente! Entonces Moisés saltó hacia atrás.
4 Pero
el Señor le dijo:
—Extiende la mano y agárrala de la cola.
Entonces Moisés extendió la mano y la agarró, y
la serpiente volvió a ser una vara de pastor.
5 —Realiza
esta señal —le dijo el Señor—, y ellos creerán que el Señor, el Dios
de sus antepasados, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, de
veras se te apareció.
6 Luego
el Señor le dijo a Moisés:
—Ahora mete la mano dentro de tu manto.
Entonces Moisés metió la mano dentro de su manto,
y cuando la sacó, la mano estaba blanca como la nieve, afectada por una grave
enfermedad de la piel.
7 —Ahora
vuelve a meter la mano dentro de tu manto —le dijo el Señor.
Así que Moisés metió la mano de nuevo, y cuando
la sacó, estaba tan sana como el resto de su cuerpo.
8 El Señor le
dijo a Moisés:
—Si no te creen ni se convencen con la primera
señal milagrosa, se convencerán con la segunda. 9 Y
si no te creen ni te escuchan aun después de estas dos señales, entonces recoge
un poco de agua del río Nilo y derrámala sobre el suelo seco. En cuanto lo
hagas, el agua del Nilo se convertirá en sangre sobre el suelo.
10 Pero
Moisés rogó al Señor:
—Oh Señor, no tengo facilidad de palabra; nunca
la tuve, ni siquiera ahora que tú me has hablado. Se me traba la lengua y se me
enredan las palabras.
11 Entonces
el Señor le preguntó:
—¿Quién forma la boca de una persona? ¿Quién
decide que una persona hable o no hable, que oiga o no oiga, que vea o no vea?
¿Acaso no soy yo, el Señor? 12 ¡Ahora ve! Yo
estaré contigo cuando hables y te enseñaré lo que debes decir.
13 Pero
Moisés suplicó de nuevo:
—¡Te lo ruego, Señor! Envía a cualquier otro.
14 Entonces
el Señor se enojó con Moisés y le dijo:
—De acuerdo, ¿qué te parece tu hermano Aarón, el
levita? Sé que él habla muy bien. ¡Mira! Ya viene en camino para encontrarte y
estará encantado de verte. 15 Habla con él y pon
las palabras en su boca. Yo estaré con los dos cuando hablen y les enseñaré lo
que tienen que hacer. 16 Aarón será tu vocero ante
el pueblo. Él será tu portavoz, y tú tomarás el lugar de Dios ante él al
decirle lo que tiene que hablar. 17 Lleva contigo
tu vara de pastor y úsala para realizar las señales milagrosas que te mostré.
Moisés regresa a Egipto
18 Luego
Moisés volvió a la casa de Jetro, su suegro, y le dijo:
—Por favor, permíteme volver a Egipto para
visitar a mis parientes. Ni siquiera sé si todavía viven.
—Ve en paz —le respondió Jetro.
19 Antes
de que Moisés saliera de Madián, el Señor le dijo: «Regresa a Egipto,
porque ya han muerto todos los que querían matarte».
20 Así
que Moisés tomó a su esposa y a sus hijos, los montó en un burro, y regresó a
la tierra de Egipto. En la mano llevaba la vara de Dios.
21 El Señor le
dijo a Moisés: «Cuando llegues a Egipto, preséntate ante el faraón y haz todos
los milagros que te he dado el poder de realizar. Pero yo le endureceré el
corazón, y él se negará a dejar salir al pueblo. 22 Entonces
le dirás: “Esto dice el Señor: ‘Israel es mi primer hijo varón. 23 Te
ordené: deja salir a mi hijo para que pueda adorarme, pero como te has negado,
¡ahora mataré a tu primer hijo varón!’”».
24 Rumbo
a Egipto, en un lugar donde Moisés se detuvo con su familia para pasar la
noche, el Señor enfrentó a Moisés y estuvo a punto de matarlo. 25 Pero
Séfora, la esposa de Moisés, tomó un cuchillo de piedra y circuncidó a su hijo.
Con el prepucio, tocó los pies de Moisés y le dijo: «Ahora tú eres un
esposo de sangre para mí». 26 (Cuando dijo «un
esposo de sangre», se refirió a la circuncisión). Después de ese incidente,
el Señor lo dejó en paz.
27 Ahora
bien, el Señor le había dicho a Aarón: «Ve al desierto para
encontrarte con Moisés». Así que Aarón fue a encontrarse con Moisés en el monte
de Dios y lo abrazó. 28 Moisés le contó todo lo que
el Señor le había ordenado que dijera y también le contó acerca de
las señales milagrosas que el Señor lo mandó a realizar.
29 Luego
Moisés y Aarón regresaron a Egipto y convocaron a todos los ancianos de
Israel. 30 Aarón les dijo todo lo que
el Señor le había dicho a Moisés, y Moisés realizó las señales
milagrosas a la vista de ellos. 31 Entonces el
pueblo de Israel quedó convencido de que el Señor había enviado a
Moisés y a Aarón. Cuando supieron que el Señor se preocupaba por
ellos y que había visto su sufrimiento, se inclinaron y adoraron.
Moisés y Aarón hablan con el faraón
5 Después
del encuentro con los líderes de Israel, Moisés y Aarón fueron a hablar con el
faraón y le dijeron:
—Esto dice el Señor, Dios de Israel: “Deja
salir a mi pueblo para que celebre un festival en mi honor en el desierto”.
2 —¿Ah
sí? —replicó el faraón—. ¿Y quién es ese Señor? ¿Por qué tendría que
escucharlo y dejar ir a Israel? Yo no conozco a ese tal Señor y no
dejaré que Israel se vaya.
3 Pero
Aarón y Moisés insistieron:
—El Dios de los hebreos nos ha
visitado—declararon—. Por lo tanto, déjanos hacer un viaje de tres días al
desierto a fin de ofrecer sacrificios al Señor nuestro Dios. Si no lo
hacemos, nos matará con una plaga o a filo de espada.
4 El
faraón respondió:
—Moisés y Aarón, ¿por qué distraen al pueblo de
sus tareas? ¡Vuelvan a trabajar! 5 Miren, hay
muchos de su pueblo en esta tierra y ustedes les impiden continuar su labor.
Ladrillos sin paja
6 Ese
mismo día, el faraón dio la siguiente orden a los capataces egipcios y a los
jefes de cuadrilla israelitas: 7 «Ya no les provean
paja para hacer los ladrillos. ¡Hagan que ellos mismos vayan a buscarla! 8 Pero
exíjanles que sigan fabricando la misma cantidad de ladrillos que antes. No
reduzcan la cuota. Son unos perezosos; por eso claman: “Déjanos ir a ofrecer
sacrificios a nuestro Dios”. 9 Cárguenlos con más
trabajo. ¡Háganlos sudar! Así aprenderán a no dejarse llevar por mentiras».
10 Entonces
los capataces y los jefes de cuadrilla salieron a informarle al pueblo: «El
faraón dice lo siguiente: “Ya no les proporcionaré paja. 11 Tendrán
que ir ustedes mismos a conseguirla por donde puedan. ¡Pero deberán producir la
misma cantidad de ladrillos que antes!”». 12 Así
que el pueblo se dispersó por todo Egipto en busca de hierba seca para usar
como paja.
13 Mientras
tanto, los capataces egipcios no dejaban de apremiarlos. «¡Cumplan con la cuota
diaria de producción —les exigían—, tal como cuando se les proporcionaba la
paja!». 14 Después azotaban a los jefes de
cuadrilla israelitas que los capataces egipcios habían puesto a cargo de los
trabajadores. «¿Por qué no cumplieron con sus cuotas ni ayer ni hoy?», les
preguntaban.
15 Entonces
los jefes de cuadrilla israelitas fueron a rogarle al faraón:
—Por favor, no trate así a sus siervos —le
suplicaron—. 16 Ya no nos dan paja, ¡pero aun así
los capataces nos exigen que sigamos haciendo ladrillos! Nos golpean, ¡pero no
es nuestra culpa! ¡Es culpa de su propia gente!
17 Pero
el faraón gritó:
—¡Ustedes son unos holgazanes! ¡Haraganes! Por
eso andan diciendo: “Déjenos ir a ofrecer sacrificios al Señor”. 18 ¡Vuelvan
ya mismo a trabajar! No se les dará paja, pero aun así tendrán que producir la
cuota completa de ladrillos.
19 Los
jefes de cuadrilla israelitas se dieron cuenta de que estaban en serios
problemas cuando les dijeron: «No debe disminuir la cantidad de ladrillos que
se fabrica por día». 20 Al salir del palacio del
faraón, se cruzaron con Moisés y con Aarón, quienes estaban esperándolos
afuera. 21 Los jefes de cuadrilla les dijeron:
«¡Que el Señor los juzgue y los castigue por habernos hecho
repugnantes a los ojos del faraón y sus funcionarios! ¡Ustedes mismos les
pusieron una espada en la mano, les dieron una excusa para que nos maten!».
22 Entonces
Moisés fue ante el Señor y protestó:
—Señor, ¿por qué trajiste toda esta desgracia a
tu propio pueblo? ¿Por qué me enviaste? 23 Desde
que me presenté ante el faraón como tu vocero, él se ha vuelto aún más brutal
contra tu pueblo, ¡y tú no has hecho nada para rescatarlos!
Promesas de liberación
6 Entonces
el Señor le dijo a Moisés:
—Ahora verás lo que le haré al faraón. Cuando él
sienta el peso de mi mano fuerte, dejará salir al pueblo. De hecho, ¡él mismo
los echará de su tierra!
2 Dios
también le dijo:
—Yo soy Yahveh, “el Señor”. 3 Me
aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como El-Shaddai, “Dios Todopoderoso”, pero
a ellos no les revelé mi nombre: Yahveh. 4 Y
reafirmé mi pacto con ellos, mediante el cual prometí darles la tierra de
Canaán donde vivían como extranjeros. 5 Puedes
estar seguro de que he oído los gemidos de los israelitas que ahora son
esclavos de los egipcios, y tengo muy presente mi pacto con ellos.
6 »Por
lo tanto, dile al pueblo de Israel: “Yo soy el Señor. Te libertaré de la
opresión que sufres y te rescataré de tu esclavitud en Egipto. Te redimiré con
mi brazo poderoso y con grandes actos de juicio. 7 Te
tomaré como pueblo mío y seré tu Dios. Entonces sabrás que yo soy
el Señor tu Dios, quien te ha librado de la opresión de Egipto. 8 Te
llevaré a la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob; te la daré a ti
como tu posesión exclusiva. ¡Yo soy el Señor!”.
9 Así
que Moisés le dijo al pueblo de Israel lo que el Señor había dicho,
pero ellos no quisieron escucharlo más porque estaban demasiado desalentados
por la brutalidad de su esclavitud.
10 Luego
el Señor le dijo a Moisés:
11 —Vuelve
a hablar con el faraón, rey de Egipto, y dile que deje salir de su territorio
al pueblo de Israel.
12 —¡Pero Señor!
—contestó Moisés—, si mi propio pueblo ya no quiere escucharme, ¿cómo puedo
esperar que me escuche el faraón? ¡Soy tan torpe para hablar!
13 Pero
el Señor habló con Moisés y con Aarón y les dio órdenes para los
israelitas y para el faraón, rey de Egipto. El Señor mandó a Moisés y
a Aarón que sacaran de Egipto al pueblo de Israel.
Antepasados de Moisés y de Aarón
14 Los
siguientes son los antepasados de algunos de los clanes de Israel:
Los hijos de Rubén, el hijo mayor de Israel,
fueron Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi. Sus descendientes formaron los clanes de
Rubén.
15 Los
hijos de Simeón fueron Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zohar y Saúl. (La madre de
Saúl fue una mujer cananea). Sus descendientes formaron los clanes de Simeón.
16 Estos
son los descendientes de Leví, tal como aparecen en los registros de familia.
Los hijos de Leví fueron Gersón, Coat y Merari. (Leví vivió hasta los ciento
treinta y siete años).
17 Entre
los descendientes de Gersón se encontraban Libni y Simei; cada uno de ellos
llegó a ser el antepasado de un clan.
18 Entre
los descendientes de Coat se encontraban Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. (Coat
vivió hasta los ciento treinta y tres años).
19 Entre
los descendientes de Merari estaban Mahli y Musi.
Los siguientes son los clanes de los levitas, tal
como aparecen en los registros de familia:
20 Amram
se casó con Jocabed, hermana de su padre, y ella dio a luz dos hijos, Aarón y
Moisés. (Amram vivió hasta los ciento treinta y siete años).
21 Los
hijos de Izhar fueron Coré, Nefeg y Zicri.
22 Los
hijos de Uziel fueron Misael, Elzafán y Sitri.
23 Aarón
se casó con Eliseba, hija de Aminadab y hermana de Naasón. Ella dio a luz a sus
hijos Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar.
24 Los
hijos de Coré fueron Asir, Elcana y Abiasaf. Sus descendientes formaron los
clanes de Coré.
25 Eleazar,
hijo de Aarón, se casó con una de las hijas de Futiel, y ella dio a luz a su
hijo, Finees.
Esos son los antepasados de las familias levitas,
registrados según sus clanes.
26 El
Aarón y el Moisés mencionados en la lista anterior son a quienes
el Señor dijo: «Saquen al pueblo de Israel de la tierra de Egipto
como a un ejército». 27 Moisés y Aarón fueron los
que hablaron con el faraón, rey de Egipto, acerca de sacar de Egipto al pueblo
de Israel.
28 Cuando
el Señor habló con Moisés en la tierra de Egipto, 29 le
dijo:
—¡Yo soy el Señor! Dile al faraón, rey de
Egipto, todo lo que te digo.
30 Pero
Moisés discutió con el Señor argumentando:
—¡No puedo hacerlo! ¡Soy tan torpe para hablar!
¿Por qué debe escucharme el faraón?
SALMOS 18
Para el director del coro: salmo de
David, siervo del Señor. Entonó este cántico al Señor el día que
el Señor lo rescató de todos sus enemigos y de Saúl. Cantó así:
18 Te
amo, Señor;
tú eres mi fuerza.
2 El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi
salvador;
mi Dios es mi roca, en quien encuentro protección.
Él es mi escudo, el poder que me salva
y mi lugar seguro.
3 Clamé al Señor, quien es digno de alabanza,
y me salvó de mis enemigos.
4 Me
enredaron las cuerdas de la muerte;
me arrasó una inundación devastadora.
5 La tumba me envolvió con sus cuerdas;
la muerte me tendió una trampa en el camino.
6 Pero en mi angustia, clamé al Señor;
sí, oré a mi Dios para pedirle ayuda.
Él me oyó desde su santuario;
mi clamor llegó a sus oídos.
7 Entonces
la tierra se estremeció y tembló.
Se sacudieron los cimientos de las montañas;
temblaron a causa de su enojo.
8 De su nariz salía humo a raudales;
de su boca saltaban violentas llamas de fuego.
Carbones encendidos se disparaban de él.
9 Abrió los cielos y descendió;
había oscuras nubes de tormenta debajo de sus pies.
10 Voló montado sobre un poderoso ser angelical,
remontándose sobre las alas del viento.
11 Se envolvió con un manto de oscuridad
y ocultó su llegada con oscuras nubes de lluvia.
12 Nubes densas taparon el brillo a su alrededor,
e hicieron llover granizo y carbones encendidos.
13 El Señor retumbó desde el cielo;
la voz del Altísimo resonó
en medio del granizo y de los carbones encendidos.
14 Disparó sus flechas y dispersó a sus enemigos;
destellaron grandes relámpagos, y ellos quedaron
confundidos.
15 Luego, a tu orden, oh Señor,
a la ráfaga de tu aliento,
pudo verse el fondo del mar,
y los cimientos de la tierra quedaron al descubierto.
16 Él
extendió la mano desde el cielo y me rescató;
me sacó de aguas profundas.
17 Me rescató de mis enemigos poderosos,
de los que me odiaban y eran demasiado fuertes para mí.
18 Me atacaron en un momento de angustia,
pero el Señor me sostuvo.
19 Me condujo a un lugar seguro;
me rescató porque en mí se deleita.
20 El Señor me recompensó por hacer lo
correcto;
me restauró debido a mi inocencia.
21 Pues he permanecido en los caminos del Señor;
no me he apartado de mi Dios para seguir el mal.
22 He seguido todas sus ordenanzas;
nunca he abandonado sus decretos.
23 Soy intachable delante de Dios;
me he abstenido del pecado.
24 El Señor me recompensó por hacer lo
correcto;
él ha visto mi inocencia.
25 Con
los fieles te muestras fiel;
a los íntegros les muestras integridad.
26 Con los puros te muestras puro,
pero te muestras astuto con los tramposos.
27 Rescatas al humilde,
pero humillas al orgulloso.
28 Enciendes una lámpara para mí.
El Señor, mi Dios, ilumina mi oscuridad.
29 Con tu fuerza puedo aplastar a un ejército;
con mi Dios puedo escalar cualquier muro.
30 El
camino de Dios es perfecto.
Todas las promesas del Señor demuestran ser
verdaderas.
Él es escudo para todos los que buscan su protección.
31 Pues ¿quién es Dios aparte del Señor?
¿Quién más que nuestro Dios es una roca sólida?
32 Dios me arma de fuerza
y hace perfecto mi camino.
33 Me hace andar tan seguro como un ciervo
para que pueda pararme en las alturas de las montañas.
34 Entrena mis manos para la batalla;
fortalece mi brazo para tensar un arco de bronce.
35 Me has dado tu escudo de victoria.
Tu mano derecha me sostiene;
tu ayuda me ha engrandecido.
36 Has trazado un camino ancho para mis pies
a fin de evitar que resbalen.
37 Perseguí
a mis enemigos y los alcancé;
no me detuve hasta verlos vencidos.
38 Los herí de muerte para que no pudieran levantarse;
cayeron debajo de mis pies.
39 Me has armado de fuerza para la batalla;
has sometido a mis enemigos debajo de mis pies.
40 Pusiste mi pie sobre su cuello;
destruí a todos los que me odiaban.
41 Pidieron ayuda, pero nadie fue a rescatarlos.
Hasta clamaron al Señor, pero él se negó a
responder.
42 Los molí tan fino como el polvo que se lleva el
viento.
Los barrí a la cuneta como lodo.
43 Me diste la victoria sobre los que me acusaban.
Me nombraste gobernante de naciones;
ahora me sirve gente que ni siquiera conozco.
44 En cuanto oyen hablar de mí, se rinden;
naciones extranjeras se arrastran ante mí.
45 Todas pierden el valor
y salen temblando de sus fortalezas.
46 ¡El Señor vive!
¡Alabanzas a mi Roca!
¡Exaltado sea el Dios de mi salvación!
47 Él es el Dios que da su merecido a los que me dañan;
él somete a las naciones bajo mi control
48 y me rescata de mis enemigos.
Tú me mantienes seguro, lejos del alcance de mis enemigos;
me salvas de adversarios violentos.
49 Por eso, oh Señor, te alabaré entre las
naciones;
cantaré alabanzas a tu nombre.
50 Le das grandes victorias a tu rey;
le muestras amor inagotable a tu ungido,
a David y a todos sus descendientes para siempre.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
Después de que Dios designara a Moisés para
confrontar a Faraón y sacar a los israelitas de la esclavitud, llegan al Monte
Sinaí, donde Dios les invita a convertirse en "un reino de
sacerdotes". Pero las cosas no salen según lo planeado para los
israelitas. En este video exploramos el comienzo del sacerdocio que falló y la
necesidad de un sacerdote real supremo que interceda en nombre de su pueblo y
ofrezca su vida por los fracasos de los demás.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”