Febrero 12 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 22
ÉXODO 16 al 18
Maná y codornices del cielo
16 Después,
toda la comunidad de Israel partió de Elim y viajó al desierto de Sin, ubicado
entre Elim y el monte Sinaí. Llegaron el día quince del segundo mes, un mes
después de salir de la tierra de Egipto. 2 Allí
también toda la comunidad de Israel se quejó de Moisés y Aarón.
3 «¡Si
tan solo el Señor nos hubiera matado en Egipto!—protestaban—. Allá
nos sentábamos junto a las ollas llenas de carne y comíamos todo el pan que se
nos antojaba; pero ahora tú nos has traído a este desierto para matarnos de
hambre».
4 Entonces
el Señor le dijo a Moisés: «Mira, haré llover alimento del cielo para
ustedes. Cada día la gente podrá salir a recoger todo el alimento necesario
para ese día. Con esto los pondré a prueba para ver si siguen o no mis
instrucciones. 5 El sexto día juntarán el alimento
y cuando preparen la comida habrá el doble de lo normal».
6 Entonces
Moisés y Aarón dijeron a todos los israelitas: «Antes de anochecer, sabrán que
fue el Señor quien los sacó de la tierra de Egipto. 7 Por
la mañana, verán la gloria del Señor, porque él oyó las quejas de ustedes,
que son contra él y no contra nosotros. ¿Qué hemos hecho para que ustedes se
quejen de nosotros?». 8 Luego Moisés añadió:
«El Señor les dará de comer carne por la tarde y los saciará con pan
por la mañana, porque él oyó todas sus quejas contra él. ¿Qué hemos hecho
nosotros? Así es, las quejas de ustedes son contra el Señor, no contra
nosotros».
9 Después
Moisés le dijo a Aarón: «Anuncia lo siguiente a toda la comunidad de Israel:
“Preséntense ante el Señor, porque él ha oído sus quejas”». 10 Mientras
Aarón hablaba a toda la comunidad de Israel, miraron hacia el desierto, y allí
pudieron ver la imponente gloria del Señor en la nube.
11 Luego
el Señor le dijo a Moisés: 12 «He oído
las quejas de los israelitas. Ahora diles: “Por la tarde tendrán carne para
comer, y por la mañana tendrán todo el pan que deseen. Así ustedes sabrán que
yo soy el Señor su Dios”».
13 Esa
tarde, llegó una cantidad enorme de codornices que cubrieron el campamento, y a
la mañana siguiente los alrededores del campamento estaban húmedos de
rocío. 14 Cuando el rocío se evaporó, la superficie
del desierto quedó cubierta por copos de una sustancia hojaldrada y fina como
escarcha. 15 Los israelitas quedaron perplejos al
ver eso y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto?», porque no tenían idea
de lo que era.
Entonces Moisés les dijo: «Este es el pan que
el Señor les da para comer. 16 Estas son
las instrucciones del Señor: cada grupo familiar juntará todo lo que
necesite. Recojan dos litros por cada persona en su carpa».
17 Así
que los israelitas hicieron lo que se les dijo. Algunos recogieron mucho;
otros, solo un poco. 18 Pero cuando lo midieron, cada
uno tenía lo justo y necesario. A los que recogieron mucho, nada les sobraba, y
a los que recogieron solo un poco, nada les faltaba. Cada familia tuvo justo lo
que necesitaba.
19 Entonces
Moisés les dijo: «No guarden nada para el día siguiente». 20 Sin
embargo, algunos no hicieron caso y guardaron un poco hasta la mañana
siguiente; pero para entonces se había llenado de gusanos y apestaba, y Moisés
se enojó mucho con ellos.
21 Después
de este incidente, cada familia recogía el alimento cada mañana, conforme a su
necesidad. Cuando el sol calentaba, los copos que no se habían recogido se
derretían y desaparecían. 22 El sexto día recogían
el doble de lo habitual, es decir, cuatro litros por persona en lugar de
dos. Entonces todos los líderes de la comunidad se dirigieron a Moisés en busca
de una explicación. 23 Él les dijo: «Esto es lo que
el Señor ha ordenado: “Mañana será un día de descanso absoluto, un
día sagrado de descanso, reservado para el Señor. Así que horneen o
hiervan hoy todo lo que necesiten y guarden para mañana lo que les sobre”».
24 Entonces
ellos dejaron un poco aparte para el día siguiente, tal como Moisés había
ordenado. Al otro día la comida sobrante estaba buena y saludable, sin gusanos
ni mal olor. 25 Así que Moisés dijo: «Coman este
alimento hoy, porque es el día de descanso, dedicado al Señor. Hoy no
habrá alimento en el campo para recoger. 26 Durante
seis días se les permite recoger alimento, pero el séptimo día es el día de
descanso; ese día no habrá alimento en el campo».
27 Aun
así, algunas personas salieron a recoger el día séptimo, pero no encontraron
alimento. 28 Entonces el Señor le
preguntó a Moisés: «¿Hasta cuándo este pueblo se negará a obedecer mis mandatos
y mis instrucciones? 29 Tienen que entender que el
día de descanso es un regalo del Señor para ustedes. Por eso él les
provee doble cantidad de alimento el sexto día, a fin de que tengan suficiente
para dos días. El día de descanso, todos deben quedarse en el lugar donde
estén; no salgan a buscar pan el séptimo día». 30 Así
que la gente no recogió alimento el día séptimo.
31 Los
israelitas llamaron maná al alimento. Era blanco como la
semilla de cilantro, y tenía un gusto parecido a obleas con miel.
32 Luego
Moisés dijo: «Esto es lo que el Señor ha ordenado: “Llenen un
recipiente con dos litros de maná y consérvenlo para sus descendientes. Así las
generaciones futuras podrán ver el pan que les di a ustedes en el desierto
cuando los liberé de Egipto”».
33 Entonces
Moisés le dijo a Aarón: «Toma una vasija y llénala con dos litros de maná.
Después colócala en un lugar sagrado, delante del Señor, a fin de
conservarlo para todas las generaciones futuras». 34 Así
que Aarón hizo tal como el Señor le ordenó a Moisés. Posteriormente
lo colocó dentro del arca del pacto, frente a las tablas de piedra grabadas con
las condiciones del pacto. 35 Y los israelitas
comieron maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a la tierra donde se
establecerían. Comieron maná hasta que llegaron a la frontera de la tierra de
Canaán.
36 El
recipiente utilizado para medir el maná era un gómer, que era la décima parte
de un efa; equivalía a dos litros.
Agua de la roca
17 Por
orden del Señor, toda la comunidad de Israel partió del desierto de Sin y
anduvo de un lugar a otro. Finalmente acamparon en Refidim, pero allí no había
agua para que el pueblo bebiera. 2 Así que el
pueblo volvió a quejarse contra Moisés:
—¡Danos agua para beber! —reclamaron.
—¡Cállense! —respondió Moisés—. ¿Por qué se
quejan contra mí? ¿Por qué ponen a prueba al Señor?
3 Pero
ellos, atormentados por la sed, siguieron discutiendo con Moisés:
—¿Por qué nos sacaste de Egipto? ¿Quieres
matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros animales?
4 Entonces
Moisés clamó al Señor:
—¿Qué hago con este pueblo? ¡Están a punto de
apedrearme!
5 El Señor le
dijo a Moisés:
—Pasa por delante del pueblo; toma tu vara, la
que usaste para golpear las aguas del Nilo, y llama a algunos ancianos de
Israel para que te acompañen. 6 Yo me pararé frente
a ti sobre la roca, en el monte Sinaí. Golpea la roca, y saldrá agua a
chorros. Entonces el pueblo podrá beber.
Así que Moisés golpeó la roca como se le indicó,
y el agua brotó a chorros a la vista de los ancianos.
7 Entonces
Moisés llamó a aquel lugar Masá (que significa «prueba») y Meriba (que
significa «discusión»), porque el pueblo de Israel discutió con Moisés y puso a
prueba al Señor diciendo: «¿Está o no el Señor aquí con
nosotros?».
Israel derrota a los amalecitas
8 Mientras
el pueblo de Israel aún se encontraba en Refidim, los guerreros de Amalec lo
atacaron. 9 Así que Moisés le ordenó a Josué:
«Escoge a algunos hombres para salir a pelear contra el ejército de Amalec.
Mañana yo estaré en la cima de la colina sosteniendo la vara de Dios en mi
mano».
10 Josué
hizo lo que Moisés le ordenó y peleó contra el ejército de Amalec. Entre tanto
Moisés, Aarón y Hur subieron a la cima de una colina cercana. 11 Mientras
Moisés sostenía en alto la vara en su mano, los israelitas vencían; pero,
cuando él bajaba la mano, dominaban los amalecitas. 12 Pronto
se le cansaron tanto los brazos que ya no podía sostenerlos en alto. Así que
Aarón y Hur le pusieron una piedra a Moisés para que se sentara. Luego se
pararon a cada lado de Moisés y le sostuvieron las manos en alto. Así sus manos
se mantuvieron firmes hasta la puesta del sol. 13 Como
resultado, Josué aplastó al ejército de Amalec en la batalla.
14 Después
de la victoria, el Señor dio a Moisés las siguientes instrucciones:
«Escribe esto en un rollo para que sea un recuerdo perpetuo, y léelo en voz
alta a Josué: “Yo borraré por completo la memoria de Amalec de debajo del
cielo”». 15 Entonces Moisés edificó un altar en ese
lugar y lo llamó Yahveh-nisi (que significa «el Señor es mi
estandarte»). 16 Dijo: «Por cuanto han levantado su
puño contra el trono del Señor, ahora[i] el Señor estará en guerra
con Amalec de generación en generación».
Jetro visita a Moisés
18 Jetro,
el suegro de Moisés y sacerdote de Madián, se enteró de todo lo que Dios había
hecho por Moisés y por su pueblo, los israelitas; y oyó particularmente cómo
el Señor los había sacado de Egipto.
2 Anteriormente,
Moisés había enviado a su esposa Séfora y a sus dos hijos de regreso a casa de
Jetro, y él los había hospedado. 3 (El primer hijo
de Moisés se llamaba Gersón, porque cuando el niño nació, Moisés dijo: «He
sido un extranjero en tierra extraña». 4 A su
segundo hijo lo llamó Eliezer, porque dijo: «El Dios de mis antepasados me
ayudó y me rescató de la espada del faraón»). 5 Así
que Jetro, el suegro de Moisés, fue a visitarlo al desierto y llevó consigo a
la esposa y a los dos hijos de Moisés. Llegaron cuando Moisés y el pueblo
acampaban cerca del monte de Dios. 6 Jetro le había
enviado un mensaje a Moisés para avisarle: «Yo, tu suegro, Jetro, vengo a
verte, junto con tu esposa y tus dos hijos».
7 Entonces
Moisés salió a recibir a su suegro. Se inclinó ante él y le dio un beso. Luego
de preguntarse el uno al otro cómo les iba, entraron en la carpa de
Moisés. 8 Moisés le contó a su suegro todo lo que
el Señor les había hecho al faraón y a los egipcios a favor de
Israel. También le habló de todas las privaciones que habían sufrido a lo largo
del camino y de cómo el Señor había librado a su pueblo de las
dificultades. 9 Jetro se alegró mucho al oír de
todo el bien que el Señor había hecho por Israel al rescatarlo de las
manos de los egipcios.
10 «¡Alabado
sea el Señor! —exclamó Jetro—. Pues los rescató de los egipcios y del
faraón. ¡Así es, rescató a Israel del poder de Egipto! 11 Ahora
sé que el Señor es más grande que todos los demás dioses, porque
rescató a su pueblo de la opresión de los egipcios arrogantes».
12 Luego
Jetro, el suegro de Moisés, presentó una ofrenda quemada y sacrificios ante
Dios. Aarón y todos los ancianos de Israel lo acompañaron a comer lo que fue
ofrecido en sacrificio en presencia de Dios.
Consejo sabio de Jetro
13 Al
día siguiente, Moisés se sentó para oír los pleitos que los israelitas tenían
unos con otros. Y el pueblo esperó a ser atendido delante de Moisés desde la
mañana hasta la tarde.
14 Cuando
el suegro de Moisés vio todo lo que él hacía por el pueblo, le preguntó:
—¿Qué logras en realidad sentado aquí? ¿Por qué
te esfuerzas en hacer todo el trabajo tú solo, mientras que el pueblo está de
pie a tu alrededor desde la mañana hasta la tarde?
15 Moisés
contestó:
—Porque el pueblo acude a mí en busca de
resoluciones de parte de Dios. 16 Cuando les surge
un desacuerdo, ellos acuden a mí, y yo soy quien resuelve los casos entre los
que están en conflicto. Mantengo al pueblo informado de los decretos de Dios y
les transmito sus instrucciones.
17 —¡No
está bien lo que haces! —exclamó el suegro de Moisés—. 18 Así
acabarás agotado y también se agotará el pueblo. Esta tarea es una carga
demasiado pesada para una sola persona. 19 Ahora
escúchame y déjame darte un consejo, y que Dios esté contigo. Tú debes seguir
siendo el representante del pueblo ante Dios, presentándole los
conflictos. 20 Enséñales los decretos de Dios;
transmíteles sus instrucciones; muéstrales cómo comportarse en la vida. 21 Sin
embargo, elige, de entre todo el pueblo, a algunos hombres con capacidad y
honestidad, temerosos de Dios y que odien el soborno. Nómbralos jefes de grupos
de mil, de cien, de cincuenta y de diez personas. 22 Ellos
tendrán que estar siempre disponibles para resolver los conflictos sencillos
que surgen entre el pueblo, pero los casos más graves te los traerán a ti. Deja
que los jefes juzguen los asuntos de menor importancia. Ellos te ayudarán a
llevar la carga, para que la tarea te resulte más fácil. 23 Si
sigues este consejo, y si Dios así te lo ordena, serás capaz de soportar las
presiones, y la gente regresará a su casa en paz.
24 Moisés
escuchó el consejo de su suegro y siguió sus recomendaciones. 25 Eligió
hombres capaces de entre todo Israel y los nombró jefes del pueblo. Los puso a
cargo de grupos de mil, de cien, de cincuenta y de diez personas. 26 Estos
hombres estaban siempre disponibles para resolver los conflictos sencillos de
la gente. Los casos más graves los remitían a Moisés, pero ellos mismos se
encargaban de los asuntos de menor importancia.
27 Poco
tiempo después, Moisés se despidió de su suegro, quien regresó a su propia
tierra.
SALMOS 22
Para el director del coro: salmo de
David; cántese con la melodía de «Cierva de la aurora».
22 Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué estás tan lejos cuando gimo por ayuda?
2 Cada día clamo a ti, mi Dios, pero no respondes;
cada noche levanto mi voz, pero no encuentro alivio.
3 Sin
embargo, tú eres santo;
estás entronizado en las alabanzas de Israel.
4 Nuestros antepasados confiaron en ti,
y los rescataste.
5 Clamaron a ti, y los salvaste;
confiaron en ti y nunca fueron avergonzados.
6 Pero
yo soy un gusano, no un hombre;
¡todos me desprecian y me tratan con desdén!
7 Todos los que me ven se burlan de mí;
sonríen con malicia y menean la cabeza mientras dicen:
8 «¿Este es el que confía en el Señor?
Entonces ¡que el Señor lo salve!
Si el Señor lo ama tanto,
¡que el Señor lo rescate!».
9 Sin
embargo, me sacaste a salvo del vientre de mi madre
y, desde que ella me amamantaba, me hiciste confiar en
ti.
10 Me arrojaron en tus brazos al nacer;
desde mi nacimiento, tú has sido mi Dios.
11 No
te quedes tan lejos de mí,
porque se acercan dificultades,
y nadie más puede ayudarme.
12 Mis enemigos me rodean como una manada de toros;
¡toros feroces de Basán me tienen cercado!
13 Como leones abren sus fauces contra mí;
rugen y despedazan a su presa.
14 Mi vida se derrama como el agua,
y todos mis huesos se han dislocado.
Mi corazón es como cera
que se derrite dentro de mí.
15 Mi fuerza se ha secado como barro cocido;
la lengua se me pega al paladar.
Me acostaste en el polvo y me diste por muerto.
16 Mis enemigos me rodean como una jauría de perros;
una pandilla de malvados me acorrala.
Han atravesado mis manos y mis pies.
17 Puedo contar cada uno de mis huesos;
mis enemigos me miran fijamente y se regodean.
18 Se reparten mi vestimenta entre ellos
y tiran los dados por mi ropa.
19 ¡Oh Señor,
no te quedes lejos!
Tú eres mi fuerza; ¡ven pronto en mi auxilio!
20 Sálvame de la espada;
libra mi preciosa vida de estos perros.
21 Arrebátame de las fauces del león
y de los cuernos de estos bueyes salvajes.
22 Anunciaré
tu nombre a mis hermanos;
entre tu pueblo reunido te alabaré.
23 ¡Alaben al Señor, todos los que le temen!
¡Hónrenlo, descendientes de Jacob!
¡Muéstrenle reverencia, descendientes de Israel!
24 Pues no ha pasado por alto ni ha tenido en menos el
sufrimiento de los necesitados;
no les dio la espalda,
sino que ha escuchado sus gritos de auxilio.
25 Te
alabaré en la gran asamblea;
cumpliré mis promesas en presencia de los que te
adoran.
26 Los pobres comerán y quedarán satisfechos;
todos los que buscan al Señor lo alabarán;
se alegrará el corazón con gozo eterno.
27 Toda la tierra reconocerá al Señor y
regresará a él;
todas las familias de las naciones se inclinarán ante
él.
28 Pues el poder de la realeza pertenece al Señor;
él gobierna a todas las naciones.
29 Que
los ricos de la tierra hagan fiesta y adoren.
Inclínense ante él, todos los mortales,
aquellos cuya vida terminará como polvo.
30 Nuestros hijos también lo servirán;
las generaciones futuras oirán de las maravillas del
Señor.
31 A los que aún no han nacido les contarán de sus actos
de justicia;
ellos oirán de todo lo que él ha hecho.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
Hoy está previsto que completes la primera mitad
del libro de Éxodo, que continúa la historia de Moisés dirigiendo a Israel
fuera de Egipto. Es la primera vez que se utilizan las palabras
"redención" y "salvación" en la Biblia.
Con este video de resumen, repasa cómo esta historia épica se inserta en toda
la narrativa bíblica.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”