Marzo 05 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 43
NÚMEROS 11 – 13
El pueblo se queja ante Moisés
11 Poco
después el pueblo comenzó a quejarse de las privaciones que enfrentaba, y
el Señor oyó todo lo que decían. Entonces el enojo del Señor se
encendió contra ellos y envió un fuego que ardió entre ellos y destruyó a
algunos en las afueras del campamento. 2 Así que el
pueblo pidió ayuda a gritos a Moisés, y cuando él oró al Señor, el fuego
se apagó. 3 Después, ese lugar fue conocido como
Taberá (que significa «lugar del fuego que arde»), porque el fuego del Señor ardió
allí entre ellos.
4 Entonces
la gentuza extranjera que viajaba con los israelitas comenzó a tener fuertes
antojos por las cosas buenas de Egipto. Y el pueblo de Israel también comenzó a
quejarse: «¡Oh, si tuviéramos un poco de carne!—exclamaban—. 5 Cómo
nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto y teníamos todos los
pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos que queríamos. 6 ¡Pero
ahora lo único que vemos es este maná! Hasta hemos perdido el apetito».
7 El
maná era parecido a pequeñas semillas de cilantro, y era de un color amarillo
claro como goma de resina. 8 La gente salía a
recogerlo del suelo. Con el maná se hacía harina en los molinos de mano o se
machacaba en un mortero. Luego se hervía en una olla para hacer panes planos
que sabían a pastelitos horneados con aceite de oliva. 9 Durante
la noche, el maná caía sobre el campamento juntamente con el rocío.
10 Entonces
Moisés escuchó los lloriqueos de las familias a la entrada de sus carpas y
el Señor se enfureció. Moisés también estaba muy molesto, 11 y
le dijo al Señor:
—¿Por qué me tratas a mí, tu servidor, con tanta
dureza? ¡Ten misericordia de mí! ¿Qué hice para merecer la carga de todo este
pueblo? 12 ¿Acaso yo los engendré? ¿Los traje yo al
mundo? ¿Por qué me dijiste que los llevara en mis brazos como una madre a un
bebé de pecho? ¿Cómo puedo llevarlos a la tierra que juraste dar a sus
antepasados? 13 ¿De dónde se supone que voy a
conseguir carne para toda esta gente? No dejan de quejarse conmigo diciendo:
“¡Danos carne para comer!”. 14 ¡Solo no puedo
soportar a todo este pueblo! ¡La carga es demasiado pesada! 15 Si
esta es la manera como piensas tratarme, sería mejor que me mataras. ¡Hazme ese
favor y ahórrame esta miseria!
Moisés selecciona setenta líderes
16 Entonces
el Señor le dijo a Moisés:
—Reúne delante de mí a setenta hombres que sean
reconocidos como ancianos y jefes de Israel. Llévalos al tabernáculo para que permanezcan junto a ti. 17 Yo
descenderé y allí hablaré contigo. Tomaré del Espíritu que está sobre ti y lo
pondré sobre ellos también. Llevarán la carga del pueblo junto contigo, y de
esa manera no tendrás que soportarla tú solo.
18 »También
dile al pueblo: “Purifíquense, porque mañana tendrán carne para comer. Ustedes
gemían y el Señor oyó sus quejidos: ‘¡Oh, un poco de carne!
¡Estábamos en mejores condiciones en Egipto!’. Ahora, el Señor les
dará carne y tendrán que comérsela. 19 Y no será
solo un día, ni dos, ni cinco, ni diez, ni aun veinte. 20 La
comerán durante un mes entero, hasta que les produzca náuseas y estén hartos de
tanta carne. Pues han rechazado al Señor que está aquí entre ustedes
y han lloriqueado diciendo: ‘¿Por qué dejamos Egipto?’”.
21 Entonces
Moisés respondió al Señor:
—¡Hay seiscientos mil soldados de infantería aquí
conmigo y aun así dices: “Yo les daré carne durante un mes entero”! 22 Aunque
matáramos a todos nuestros rebaños y manadas, ¿podría eso satisfacerlos? O si
pescáramos todos los peces del mar, ¿alcanzaría?
23 Entonces
el Señor le dijo a Moisés:
—¿Acaso mi brazo ha perdido su poder? ¡Ahora
verás si mi palabra se cumple o no!
24 Así
que Moisés salió y comunicó al pueblo las palabras del Señor. Juntó a los
setenta ancianos y los colocó alrededor del tabernáculo. 25 Después
el Señor descendió en la nube y le habló a Moisés. Entonces les dio a
los setenta ancianos del mismo Espíritu que estaba sobre Moisés; y cuando el
Espíritu se posó sobre ellos, los ancianos profetizaron; pero esto nunca volvió
a suceder.
26 Sin
embargo, dos hombres, Eldad y Medad, se habían quedado en el campamento. Ellos
estaban incluidos en la lista de los ancianos, pero no se presentaron en el
tabernáculo. Aun así, el Espíritu también se posó sobre ellos y profetizaron
allí en el campamento. 27 Un joven corrió y le
informó a Moisés: «¡Eldad y Medad están profetizando en el campamento!».
28 Entonces
Josué, hijo de Nun, que era ayudante de Moisés desde su juventud, protestó:
—Moisés, mi señor, ¡detenlos!
29 Pero
Moisés respondió:
—¿Estás celoso por mí? Ya quisiera que todos los
del pueblo del Señor fueran profetas y que el Señor pusiera
su Espíritu sobre todos.
30 Entonces
Moisés regresó al campamento con los ancianos de Israel.
El Señor envía codornices
31 Ahora
bien, el Señor envió un viento que trajo codornices desde el mar y
las dejó caer por todo el campamento. Había codornices por kilómetros en todas
las direcciones, volando como a un metro del suelo. 32 Así
que el pueblo salió y atrapó codornices todo ese día, a lo largo de la noche y
también todo el día siguiente. ¡Nadie recogió menos de cincuenta canastas!
Entonces esparcieron las codornices por todo el campamento y las pusieron a
secar. 33 Pero mientras se saciaban de carne—cuando
aún estaba en sus bocas—, el enojo del Señor se encendió contra el
pueblo y los castigó con una plaga muy grave. 34 Así
que ese lugar fue llamado Kibrot-hataava (que significa «tumbas de glotonería»)
porque allí enterraron a la gente que codiciaba la carne de Egipto. 35 Después,
los israelitas viajaron de Kibrot-hataava a Hazerot, donde se quedaron por
algún tiempo.
Quejas de Miriam y Aarón
12 Mientras
estaban en Hazerot, Miriam y Aarón criticaron a Moisés porque se había casado
con una cusita. 2 Dijeron: «¿Ha hablado el Señor solamente
por medio de Moisés? ¿Acaso no ha hablado también a través de nosotros?». Y
el Señor los oyó. 3 (Ahora bien, Moisés
era muy humilde, más que cualquier otra persona en la tierra).
4 Así
que, el Señor llamó de inmediato a Moisés, a Aarón y a Miriam y les
dijo: «¡Vayan los tres al tabernáculo!»; y los tres fueron allí. 5 Entonces
el Señor descendió en la columna de nube y se detuvo en la entrada
del tabernáculo. «¡Aarón y Miriam!», llamó él. Ellos dieron un paso al
frente 6 y el Señor les habló: «Escuchen
lo que voy a decir:
»Si hubiera profetas entre ustedes,
yo, el Señor, me revelaría en visiones;
les hablaría en sueños.
7 Pero no con mi siervo Moisés.
De toda mi casa, él es en quien confío.
8 Yo le hablo a él cara a cara,
¡con claridad y no en acertijos!
Él ve al Señor como él es.
¿Entonces, por qué no tuvieron temor
de criticar a mi siervo Moisés?».
9 El Señor estaba
muy enojado con ellos y se fue. 10 Cuando la nube
dejó de estar encima del tabernáculo, allí estaba Miriam, con su piel tan
blanca como la nieve, leprosa. Cuando Aarón vio lo que había pasado con
ella, 11 clamó a Moisés: «¡Oh, mi señor! ¡Por
favor, no nos castigues por este pecado que tan neciamente cometimos! 12 No
dejes que ella sea como un bebé que nace muerto y que ya está en
descomposición».
13 Entonces
Moisés clamó al Señor:
—¡Oh Dios, te suplico que la sanes!
14 Pero
el Señor le dijo a Moisés:
—Si el padre de Miriam tan solo la escupiera en
la cara, ¿no duraría su contaminación siete días? Por lo tanto, mantenla fuera
del campamento durante siete días y después podrá ser aceptada de nuevo.
15 Así
que Miriam permaneció fuera del campamento durante siete días, y el pueblo
esperó hasta que la trajeron para continuar su viaje. 16 Fue
entonces cuando salieron de Hazerot y acamparon en el desierto de Parán.
Doce espías exploran Canaán
13 El Señor le
dijo a Moisés: 2 «Envía hombres a explorar la
tierra de Canaán, la tierra que les daré a los israelitas. Envía a un jefe de
cada una de las doce tribus de sus antepasados». 3 Entonces
Moisés hizo lo que el Señor le ordenó y envió a doce hombres desde el
campamento en el desierto de Parán, todos jefes de las tribus de Israel. 4 Estas
eran las tribus y los nombres de sus jefes:
|
Tribu |
Jefe |
|
de Rubén |
Samúa,
hijo de Zacur |
|
5 de Simeón |
Safat,
hijo de Hori |
|
6 de Judá |
Caleb,
hijo de Jefone |
|
7 de Isacar |
Igal, hijo
de José |
|
8 de Efraín |
Oseas,
hijo de Nun |
|
9 de Benjamín |
Palti,
hijo de Rafú |
|
10 de Zabulón |
Gadiel,
hijo de Sodi |
|
11 de Manasés, hijo de José |
Gadi, hijo
de Susi |
|
12 de Dan |
Amiel,
hijo de Gemali |
|
13 de Aser |
Setur,
hijo de Micael |
|
14 de Neftalí |
Nahbi,
hijo de Vapsi |
|
15 de Gad |
Geuel,
hijo de Maqui |
16 Estos
son los nombres de los hombres que Moisés envió a explorar la tierra. (A Oseas,
hijo de Nun, Moisés le dio el nombre de Josué).
17 Moisés
envió a los hombres a explorar la tierra y les dio las siguientes
instrucciones: «Vayan al norte a través del Neguev hasta la zona
montañosa. 18 Fíjense cómo es la tierra y averigüen
si sus habitantes son fuertes o débiles, pocos o muchos. 19 Observen
cómo es la tierra en que habitan. ¿Es buena o mala? ¿Viven en ciudades
amuralladas o sin protección, a campo abierto? 20 El
terreno, ¿es fértil o estéril? ¿Abundan los árboles? Hagan todo lo posible por
traer muestras de las cosechas que encuentren». (Era la temporada de la cosecha
de las primeras uvas maduras).
21 Así
que subieron y exploraron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, cerca
de Lebo-hamat. 22 Yendo al norte, atravesaron el
Neguev y llegaron a Hebrón donde vivían Ahimán, Sesai y Talmai, todos
descendientes de Anac. (La antigua ciudad de Hebrón fue fundada siete años
antes de la ciudad egipcia de Zoán). 23 Cuando
llegaron al valle de Escol, cortaron una rama con un solo racimo de uvas, tan
grande ¡que tuvieron que transportarlo en un palo, entre dos! También llevaron
muestras de granadas e higos. 24 A ese lugar se le
llamó el valle de Escol (que significa «racimo») por el racimo de uvas que los
israelitas cortaron allí.
Informe de los espías
25 Después
de explorar la tierra durante cuarenta días, los hombres regresaron 26 a
Moisés, a Aarón y a toda la comunidad de Israel en Cades, en el desierto de
Parán. Informaron a toda la comunidad lo que vieron y les mostraron los frutos
que tomaron de la tierra. 27 Este fue el informe
que dieron a Moisés: «Entramos en la tierra a la cual nos enviaste a explorar y
en verdad es un país sobreabundante, una tierra donde fluyen la leche y la
miel. Aquí está la clase de frutos que allí se producen. 28 Sin
embargo, el pueblo que la habita es poderoso y sus ciudades son grandes y
fortificadas. ¡Hasta vimos gigantes allí, los descendientes de Anac! 29 Los
amalecitas viven en el Neguev y los hititas, los jebuseos y los amorreos viven
en la zona montañosa. Los cananeos viven a lo largo de la costa del mar
Mediterráneo y a lo largo del valle del Jordán».
30 Pero
Caleb trató de calmar al pueblo que se encontraba ante Moisés.
—¡Vamos enseguida a tomar la tierra!—dijo—. ¡De
seguro podemos conquistarla!
31 Pero
los demás hombres que exploraron la tierra con él, no estuvieron de acuerdo:
—¡No podemos ir contra ellos! ¡Son más fuertes
que nosotros!
32 Entonces
comenzaron a divulgar entre los israelitas el siguiente mal informe sobre la
tierra: «La tierra que atravesamos y exploramos devorará a todo aquel que vaya
a vivir allí. ¡Todos los habitantes que vimos son enormes! 33 Hasta
había gigantes, los descendientes de Anac. ¡Al lado de ellos nos sentíamos
como saltamontes y así nos miraban ellos!».
SALMOS 43
¡Declárame inocente, oh Dios!
Defiéndeme contra esta gente que vive sin ti;
rescátame de estos mentirosos injustos.
2 Pues tú eres Dios, mi único refugio seguro.
¿Por qué me hiciste a un lado?
¿Por qué tengo que andar angustiado,
oprimido por mis enemigos?
3 Envía tu luz y tu verdad,
que ellas me guíen.
Que me lleven a tu monte santo,
al lugar donde vives.
4 Allí iré al altar de Dios,
a Dios mismo, la fuente de toda mi alegría.
Te alabaré con mi arpa,
¡oh Dios, mi Dios!
5 ¿Por
qué estoy desanimado?
¿Por qué está tan triste mi corazón?
¡Pondré mi esperanza en Dios!
Nuevamente lo alabaré,
¡mi Salvador y mi Dios!
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”