Marzo 27 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 65
JOSUÉ 1 - 4
Encargo del Señor a Josué
1 Después
de la muerte de Moisés, siervo del Señor, el Señor habló a
Josué, hijo de Nun y ayudante de Moisés. Le dijo: 2 «Mi
siervo Moisés ha muerto. Por lo tanto, ha llegado el momento de que guíes a
este pueblo, a los israelitas, a cruzar el río Jordán y a entrar en la tierra
que les doy. 3 Te prometo a ti lo mismo que le
prometí a Moisés: “Dondequiera que pongan los pies los israelitas, estarán
pisando la tierra que les he dado: 4 desde el
desierto del Neguev, al sur, hasta las montañas del Líbano, al norte; desde el
río Éufrates, al oriente, hasta el mar Mediterráneo, al occidente,
incluida toda la tierra de los hititas”. 5 Nadie
podrá hacerte frente mientras vivas. Pues yo estaré contigo como estuve con
Moisés. No te fallaré ni te abandonaré.
6 »Sé
fuerte y valiente, porque tú serás quien guíe a este pueblo para que tome
posesión de toda la tierra que juré a sus antepasados que les daría. 7 Sé
fuerte y muy valiente. Ten cuidado de obedecer todas las instrucciones que
Moisés te dio. No te desvíes de ellas ni a la derecha ni a la izquierda.
Entonces te irá bien en todo lo que hagas. 8 Estudia
constantemente este libro de instrucción. Medita en él de día y de noche para
asegurarte de obedecer todo lo que allí está escrito. Solamente entonces
prosperarás y te irá bien en todo lo que hagas. 9 Mi
mandato es: “¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque
el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas”».
Encargo de Josué a los israelitas
10 Luego
Josué les dio la siguiente orden a los jefes de Israel: 11 «Vayan
por el campamento y díganle al pueblo que preparen sus provisiones. En tres
días, cruzarán el río Jordán y tomarán posesión de la tierra que el Señor su
Dios les da».
12 Entonces
Josué reunió a la tribu de Rubén, a la tribu de Gad y a la media tribu de
Manasés. Les dijo:
13 —Recuerden
lo que les mandó Moisés, siervo del Señor: “El Señor su Dios les
da un lugar de descanso. Él les ha dado esta tierra”. 14 Sus
esposas, hijos y animales pueden permanecer aquí, en la tierra que Moisés les
asignó, al oriente del río Jordán; pero los guerreros fuertes, completamente
armados, deben guiar a las otras tribus hasta el otro lado del Jordán para
ayudarlas a conquistar su territorio. Quédense con sus hermanos 15 hasta
que el Señor les dé descanso a ellos, tal como se lo ha dado a
ustedes, y hasta que ellos también tomen posesión de la tierra que el Señor su
Dios les da. Solo entonces ustedes podrán regresar y establecerse aquí, al
oriente del río Jordán, en la tierra que les asignó Moisés, siervo del Señor.
16 Ellos
le respondieron a Josué:
—Haremos todo lo que nos ordenes e iremos a donde
nos envíes. 17 Te obedeceremos tal como obedecimos
a Moisés. Que el Señor tu Dios esté contigo tal como estuvo con
Moisés. 18 Cualquiera que se rebele contra tus
órdenes y no obedezca tus palabras y todo lo que tú ordenes, será ejecutado.
Así que, ¡sé fuerte y valiente!
Rahab protege a los espías
2 Luego
Josué envió en secreto a dos espías desde el campamento israelita que estaba en
la arboleda de Acacias y les dio la siguiente instrucción: «Exploren bien
la tierra que está al otro lado del río Jordán, especialmente alrededor de la
ciudad de Jericó». Entonces los dos hombres salieron y llegaron a la casa de
una prostituta llamada Rahab y pasaron allí la noche.
2 Pero
alguien le avisó al rey de Jericó: «Unos israelitas vinieron aquí esta noche
para espiar la tierra». 3 Entonces el rey de Jericó
le envío una orden a Rahab: «Saca fuera a los hombres que llegaron a tu casa,
porque han venido a espiar todo el territorio».
4 Rahab,
quien había escondido a los dos hombres, respondió: «Es cierto, los hombres
pasaron por aquí, pero yo no sabía de dónde venían. 5 Salieron
de la ciudad al anochecer, cuando las puertas estaban por cerrar. No sé hacia
dónde fueron. Si se apresuran, probablemente los alcancen». 6 (En
realidad, la mujer había llevado a los hombres a la azotea de su casa y los
había escondido debajo de unos manojos de lino que había puesto allí). 7 Entonces
los hombres del rey buscaron a los espías por todo el camino que lleva a los
vados del río Jordán. Y justo después que los hombres del rey se fueron,
cerraron la puerta de Jericó.
8 Esa
noche, antes de que los espías se durmieran, Rahab subió a la azotea para
hablar con ellos. Les dijo:
9 —Sé
que el Señor les ha dado esta tierra. Todos tenemos miedo de ustedes.
Cada habitante de esta tierra vive aterrorizado. 10 Pues
hemos oído cómo el Señor les abrió un camino en seco para que
atravesaran el mar Rojo cuando salieron de Egipto. Y sabemos lo que les
hicieron a Sehón y a Og, los dos reyes amorreos al oriente del río Jordán,
cuyos pueblos ustedes destruyeron por completo. 11 ¡No
es extraño que nuestro corazón esté lleno de temor! A nadie le queda valor para
pelear después de oír semejantes cosas. Pues el Señor su Dios es el
Dios supremo arriba, en los cielos, y abajo, en la tierra.
12 »Ahora
júrenme por el Señor que serán bondadosos conmigo y con mi familia,
ya que les di mi ayuda. Denme una garantía de que, 13 cuando
Jericó sea conquistada, salvarán mi vida y también la de mi padre y mi madre,
mis hermanos y hermanas y sus familias.
14 —Te
ofrecemos nuestra propia vida como garantía por la tuya—le prometieron ellos—.
Si no nos delatas, cumpliremos nuestra promesa y seremos bondadosos contigo
cuando el Señor nos dé la tierra.
15 Entonces,
dado que la casa de Rahab estaba construida en la muralla de la ciudad, ella
los hizo bajar por una cuerda desde la ventana.
16 —Huyan
a la zona montañosa—les dijo—. Escóndanse allí de los hombres que los están
buscando por tres días. Luego, cuando ellos hayan vuelto, ustedes podrán seguir
su camino.
17 Antes
de partir, los hombres le dijeron:
—Estaremos obligados por el juramento que te
hemos hecho solo si sigues las siguientes instrucciones: 18 cuando
entremos en esta tierra, tú deberás dejar esta cuerda de color escarlata
colgada de la ventana por donde nos hiciste bajar; y todos los miembros de tu
familia—tu padre, tu madre, tus hermanos y todos tus parientes—deberán estar
aquí, dentro de la casa. 19 Si salen a la calle y
los matan, no será nuestra culpa; pero si alguien les pone la mano encima a los
que estén dentro de esta casa, nos haremos responsables de su muerte. 20 Sin
embargo, si nos delatas, quedaremos totalmente libres de lo que nos ata a este
juramento.
21 —Acepto
las condiciones—respondió ella.
Entonces Rahab los despidió y dejó la cuerda
escarlata colgando de la ventana.
22 Los
espías subieron a la zona montañosa y se quedaron allí tres días. Los hombres
que los perseguían los buscaron por todas partes a lo largo del camino pero, al
final, regresaron sin éxito.
23 Luego,
los dos espías descendieron de la zona montañosa, cruzaron el río Jordán y le
informaron a Josué todo lo que les había sucedido: 24 «El Señor nos
ha dado el territorio—dijeron—, pues toda la gente de esa tierra nos tiene
pavor».
Los israelitas cruzan el Jordán
3 Temprano
a la mañana siguiente, Josué y todos los israelitas salieron de la arboleda de
Acacias y llegaron a la orilla del río Jordán, donde acamparon antes de
cruzar. 2 Tres días después, los jefes israelitas
fueron por el campamento 3 y dieron al pueblo las
siguientes instrucciones: «Cuando vean a los sacerdotes levitas llevar el arca
del pacto del Señor su Dios, dejen sus puestos y síganlos. 4 Dado
que ustedes nunca antes viajaron por este camino, ellos los guiarán. Quédense
como a un kilómetro detrás de ellos, mantengan una buena distancia entre
ustedes y el arca. Asegúrense de no acercarse demasiado».
5 Entonces
Josué le dijo al pueblo: «Purifíquense, porque mañana el Señor hará
grandes maravillas entre ustedes».
6 Por
la mañana, Josué les dijo a los sacerdotes: «Levanten el arca del pacto y guíen
al pueblo hasta el otro lado del río». Así que ellos se pusieron en marcha y
fueron delante del pueblo.
7 El Señor le
dijo a Josué: «A partir de hoy, empezaré a convertirte en un gran líder a los
ojos de todos los israelitas. Sabrán que yo estoy contigo, tal como estuve con
Moisés. 8 Dales la siguiente orden a los sacerdotes
que llevan el arca del pacto: “Cuando lleguen a la orilla del río Jordán, den
unos cuantos pasos dentro del río y deténganse allí”».
9 Entonces
Josué les dijo a los israelitas: «Vengan y escuchen lo que dice el Señor su
Dios. 10 Hoy sabrán que el Dios viviente está entre
ustedes. Sin lugar a dudas, él expulsará a los cananeos, a los hititas, a los
heveos, a los ferezeos, a los gergeseos, a los amorreos y a los jebuseos de
delante de ustedes. 11 ¡Miren, el arca del pacto
que pertenece al Señor de toda la tierra los guiará al cruzar el río
Jordán! 12 Elijan ahora a doce hombres de las
tribus de Israel, uno de cada tribu. 13 Los
sacerdotes llevarán el arca del Señor, el Señor de toda la tierra. En
cuanto sus pies toquen el agua, la corriente de agua se detendrá río arriba, y
el río se levantará como un muro».
14 Entonces
los israelitas salieron del campamento para cruzar el Jordán, y los sacerdotes
que llevaban el arca del pacto iban delante de ellos. 15 Era
la temporada de la cosecha, y el Jordán desbordaba su cauce. Pero en cuanto los
pies de los sacerdotes que llevaban el arca tocaron el agua a la orilla del
río, 16 el agua que venía de río arriba dejó de
fluir y comenzó a amontonarse a una gran distancia de allí, a la altura de una
ciudad llamada Adán, que está cerca de Saretán. Y el agua que estaba río abajo
desembocó en el mar Muerto hasta que el lecho del río quedó seco. Después,
todo el pueblo cruzó cerca de la ciudad de Jericó.
17 Mientras
tanto, los sacerdotes que llevaban el arca del pacto del Señor se
quedaron parados en tierra seca, en medio del lecho, mientras el pueblo pasaba
frente a ellos. Los sacerdotes esperaron allí hasta que toda la nación de
Israel terminó de cruzar el Jordán por tierra seca.
Monumentos del cruce del Jordán
4 Una
vez que todo el pueblo terminó de cruzar el Jordán, el Señor le dijo
a Josué: 2 «Ahora elige a doce hombres, uno de cada
tribu. 3 Diles: “Tomen doce piedras del medio del
Jordán, del mismo lugar donde están parados los sacerdotes. Llévenlas al lugar
donde van a acampar esta noche y amontónenlas allí”».
4 Entonces
Josué convocó a los doce hombres que había elegido, uno por cada tribu de
Israel. 5 Les dijo: «Vayan a la mitad del Jordán,
frente al arca del Señor su Dios. Cada uno de ustedes debe tomar una
piedra y cargarla al hombro; serán doce piedras en total, una por cada tribu de
Israel. 6 Las usaremos para levantar un monumento
conmemorativo. En el futuro, sus hijos les preguntarán: “¿Qué significan estas
piedras?”. 7 Y ustedes podrán decirles: “Nos
recuerdan que el río Jordán dejó de fluir cuando el arca del pacto del Señor cruzó
por allí”. Esas piedras quedarán como un recordatorio en el pueblo de Israel
para siempre».
8 Así
que los hombres hicieron lo que Josué les había ordenado. Tomaron doce piedras
del medio del río Jordán, una por cada tribu, tal como el Señor le
había dicho a Josué. Las llevaron al lugar donde acamparon esa noche y
construyeron allí el monumento.
9 Josué
también apiló otras doce piedras a la mitad del Jordán, en el lugar donde
estaban parados los sacerdotes que llevaban el arca del pacto. Y las piedras
siguen allí hasta el día de hoy.
10 Los
sacerdotes que llevaban el arca estuvieron en medio del río hasta que se
llevaron a cabo todos los mandatos del Señor que Moisés le había dado
a Josué. Mientras tanto, el pueblo se apresuró a cruzar el lecho del río. 11 Y
cuando todos estaban a salvo en la otra orilla, los sacerdotes terminaron de
cruzar con el arca del Señor mientras el pueblo observaba.
12 Los
guerreros armados de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la media tribu
de Manasés iban delante de los israelitas al cruzar el Jordán, tal como Moisés
había indicado. 13 Esos hombres armados—unos
cuarenta mil en total—estaban listos para la guerra, y el Señor iba
con ellos mientras cruzaban hacia la llanura de Jericó.
14 Ese
día, el Señor convirtió a Josué en un gran líder a los ojos de todos
los israelitas, quienes, por el resto de su vida, lo respetaron tanto como
habían respetado a Moisés.
15 El Señor le
había dicho a Josué: 16 «Ordénales a los sacerdotes
que llevan el arca del pacto que salgan del lecho del río». 17 Así
que Josué dio la orden. 18 En cuanto los sacerdotes
que llevaban el arca del pacto del Señor salieron del lecho del río y
sus pies pisaron tierra firme, las aguas del Jordán volvieron a fluir y
desbordaron el cauce como antes.
19 El
pueblo cruzó el Jordán el décimo día del primer mes. Después acamparon en
Gilgal, al oriente de Jericó. 20 Fue allí, en
Gilgal, donde Josué apiló las doce piedras que había tomado del río Jordán.
21 Entonces
Josué les dijo a los israelitas: «En el futuro, sus hijos preguntarán: “¿Qué
significan estas piedras?”. 22 Y ustedes podrán
decirles: “Aquí es donde los israelitas cruzaron el Jordán sobre tierra
seca”. 23 Pues el Señor su Dios secó el
río a la vista de ustedes y lo mantuvo seco hasta que todos cruzaran, tal como
hizo con el mar Rojo cuando lo secó hasta que todos terminamos de
cruzar. 24 Lo hizo para que todas las naciones de
la tierra supieran que la mano del Señor es poderosa, y para que
ustedes temieran al Señor su Dios para siempre».
SALMOS 65
Para el director del coro: cántico.
Salmo de David.
65 Qué
poderosa alabanza, oh Dios,
te pertenece en Sion.
Cumpliremos los votos que te hemos hecho
2 porque tú respondes a nuestras
oraciones.
Todos nosotros tenemos que acudir a ti.
3 Aunque nuestros pecados nos abruman,
tú los perdonas todos.
4 ¡Cuánta alegría para los que escoges y acercas a ti,
aquellos que viven en tus santos atrios!
¡Qué festejos nos esperan
dentro de tu santo templo!
5 Fielmente
respondes a nuestras oraciones con imponentes obras,
oh Dios nuestro salvador.
Eres la esperanza de todos los que habitan la tierra,
incluso de los que navegan en mares distantes.
6 Con tu poder formaste las montañas
y te armaste de una fuerza poderosa.
7 Calmaste los océanos enfurecidos,
con sus impetuosas olas,
y silenciaste los gritos de las naciones.
8 Los que viven en los extremos de la tierra
quedan asombrados ante tus maravillas.
Desde donde sale el sol hasta donde se pone,
tú inspiras gritos de alegría.
9 Cuidas
la tierra y la riegas;
la enriqueces y la haces fértil.
El río de Dios tiene agua en abundancia;
proporciona una exuberante cosecha de grano,
porque así ordenaste que fuera.
10 Con lluvias empapas la tierra arada;
disuelves los terrones y nivelas los surcos.
Ablandas la tierra con aguaceros
y bendices sus abundantes cultivos.
11 Coronas el año con una copiosa cosecha;
hasta los senderos más pisoteados desbordan de
abundancia.
12 Las praderas del desierto se convierten en buenos
pastizales,
y las laderas de las colinas florecen de alegría.
13 Los prados se visten con rebaños de ovejas,
y los valles están alfombrados con grano.
¡Todos gritan y cantan de alegría!
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
En este libro, Josué conduce a Israel a la tierra
prometida tras la muerte de Moisés. Pero la tierra está ocupada por los
cananeos, y su viaje no será fácil.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”