Marzo 28 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 66
JOSUÉ 5 - 8
5 Cuando
todos los reyes amorreos al occidente del Jordán y todos los reyes cananeos que
vivían a lo largo de la costa del mar Mediterráneo oyeron cómo el Señor había
secado el río Jordán para que el pueblo de Israel pudiera cruzar, se
desanimaron y quedaron paralizados de miedo a causa de los israelitas.
Israel restablece las ceremonias del
pacto
2 En
esos días, el Señor le dijo a Josué: «Prepara cuchillos de piedra y
circuncida a esta segunda generación de israelitas». 3 Así
que Josué preparó cuchillos de piedra y circuncidó a toda la población
masculina de Israel en Guibeá-haaralot.
4 Josué
tuvo que circuncidarlos, porque todos los hombres que tenían edad suficiente
para ir a la guerra cuando salieron de Egipto habían muerto en el
desierto. 5 Todos los que salieron de Egipto habían
sido circuncidados, pero no los que nacieron después del éxodo, durante los
años en el desierto. 6 Los israelitas anduvieron
cuarenta años por el desierto hasta que murieron todos los hombres que salieron
de Egipto y que tenían edad para ir a la guerra. Ellos habían desobedecido
al Señor, por eso el Señor juró que no los dejaría entrar en la
tierra que había prometido darnos, una tierra donde fluyen la leche y la
miel. 7 Entonces Josué circuncidó a los hijos de
esos israelitas—los que habían crecido para tomar el lugar de sus padres—porque
no habían sido circuncidados en el camino a la Tierra Prometida. 8 Después
de ser circuncidados, todos los varones descansaron en el campamento hasta que
sanaron.
9 Luego
el Señor le dijo a Josué: «Hoy he hecho que la vergüenza de su
esclavitud en Egipto salga rodando como una piedra». Por eso, ese lugar se
llama Gilgal hasta el día de hoy.
10 Mientras
los israelitas acampaban en Gilgal, sobre la llanura de Jericó, celebraron la
Pascua al atardecer del día catorce del primer mes. 11 Justo
al día siguiente, empezaron a comer pan sin levadura y grano tostado, cosechado
de la tierra. 12 El maná dejó de caer el día que
empezaron a comer de las cosechas de la tierra y nunca más se vio. Así que,
desde ese momento, los israelitas comieron de las cosechas de Canaán.
El comandante del Señor frente
a Josué
13 Cuando
Josué estaba cerca de la ciudad de Jericó, miró hacia arriba y vio a un hombre
parado frente a él con una espada en la mano. Josué se le acercó y le preguntó:
—¿Eres amigo o enemigo?
14 —Ninguno
de los dos—contestó—. Soy el comandante del ejército del Señor.
Entonces Josué cayó rostro en tierra ante él con
reverencia.
—Estoy a tus órdenes—dijo Josué—. ¿Qué quieres
que haga tu siervo?
15 El
comandante del ejército del Señor contestó:
—Quítate las sandalias, porque el lugar donde
estás parado es santo.
Y Josué hizo lo que se le indicó.
Caída de Jericó
6 Ahora
bien, las puertas de Jericó estaban bien cerradas, porque la gente tenía miedo
de los israelitas. A nadie se le permitía entrar ni salir. 2 Pero
el Señor le dijo a Josué: «Te he entregado Jericó, a su rey y a todos
sus guerreros fuertes. 3 Tú y tus hombres de guerra
marcharán alrededor de la ciudad una vez al día durante seis días. 4 Siete
sacerdotes caminarán delante del arca; cada uno llevará un cuerno de carnero.
El séptimo día, marcharán alrededor de la ciudad siete veces mientras los
sacerdotes tocan los cuernos. 5 Cuando oigas a los
sacerdotes dar un toque prolongado con los cuernos de carnero, haz que todo el
pueblo grite lo más fuerte que pueda. Entonces los muros de la ciudad se
derrumbarán, y el pueblo irá directo a atacar la ciudad».
6 Entonces
Josué reunió a los sacerdotes y les dijo: «Tomen el arca del pacto del Señor y
asignen a siete sacerdotes para que caminen delante de ella, cada uno con un
cuerno de carnero». 7 Después, dio estas órdenes al
pueblo: «Marchen alrededor de la ciudad, los hombres armados irán al frente,
delante del arca del Señor».
8 Después
de que Josué le habló al pueblo, los siete sacerdotes con los cuernos de
carnero comenzaron a marchar en la presencia del Señor sonando los
cuernos mientras marchaban, y el arca del pacto del Señor los
seguía. 9 Algunos de los hombres armados marchaban
delante de los sacerdotes que llevaban los cuernos, y otros iban detrás del
arca mientras los sacerdotes seguían sonando los cuernos. 10 «No
griten, ni siquiera hablen—ordenó Josué—. Que no salga ni una sola palabra de
ninguno de ustedes hasta que yo les diga que griten. ¡Entonces griten!». 11 Así
que, ese día, llevaron el arca del Señor alrededor de la ciudad solo
una vez, y luego todos regresaron para pasar la noche en el campamento.
12 Josué
se levantó temprano a la mañana siguiente y, una vez más, los sacerdotes
cargaron el arca del Señor. 13 Los siete
sacerdotes marcharon delante del arca del Señor sonando los cuernos
de carnero. Los hombres armados marcharon delante de los sacerdotes que
llevaban los cuernos y detrás del arca del Señor. Durante todo ese tiempo,
los sacerdotes no dejaron de sonar los cuernos. 14 Ese
segundo día, volvieron a marchar alrededor de la ciudad solo una vez y
regresaron al campamento. Hicieron lo mismo durante seis días seguidos.
15 El
séptimo día, los israelitas se levantaron al amanecer y marcharon alrededor de
la ciudad como lo habían hecho los días anteriores; pero esta vez, dieron siete
vueltas alrededor de la ciudad. 16 En la séptima
vuelta, mientras los sacerdotes daban el toque prolongado con los cuernos,
Josué les ordenó a los israelitas: «¡Griten, porque el Señor les ha
entregado la ciudad! 17 Jericó y todo lo que hay en
la ciudad deben ser destruidos por completo como una ofrenda al Señor.
Solo se les perdonará la vida a Rahab, la prostituta, y a los que se encuentren
en su casa, porque ella protegió a nuestros espías.
18 »No
se queden con ninguna cosa que esté destinada para ser destruida, pues, de lo
contrario, ustedes mismos serán destruidos por completo y traerán desgracia al
campamento de Israel. 19 Todo lo que esté hecho de
plata, de oro, de bronce o de hierro pertenece al Señor y por eso es
sagrado, así que colóquenlo en el tesoro del Señor».
20 Cuando
el pueblo oyó el sonido de los cuernos de carnero, gritó con todas sus fuerzas.
De repente, los muros de Jericó se derrumbaron, y los israelitas fueron directo
al ataque de la ciudad y la tomaron. 21 Con sus
espadas, destruyeron por completo todo lo que había en la ciudad, incluidos
hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, ovejas, cabras, burros y todo el ganado.
22 Mientras
tanto, Josué les dijo a los dos espías: «Cumplan su promesa con la prostituta.
Vayan a su casa y sáquenla de allí junto con toda su familia».
23 Entonces
los hombres que habían sido espías entraron en la casa y sacaron a Rahab, a su
padre, a su madre, a sus hermanos y a todos los demás parientes que estaban con
ella. Trasladaron a toda la familia a un lugar seguro, cerca del campamento de
Israel.
24 Luego
los israelitas quemaron la ciudad y todo lo que había en ella. Solo conservaron
las cosas hechas de plata, de oro, de bronce y de hierro para el tesoro de la
casa del Señor. 25 Así que Josué le perdonó la
vida a la prostituta Rahab y a los parientes que estaban en su casa, porque
ella escondió a los espías que él había enviado a Jericó. Y Rahab vive con los
israelitas hasta el día de hoy.
26 En
esa ocasión, Josué pronunció la siguiente maldición:
«Que la maldición del Señor caiga sobre
cualquiera
que intente reconstruir la ciudad de Jericó.
A costa de su hijo mayor
pondrá sus cimientos.
A costa de su hijo menor
pondrá sus puertas».
27 Así
que el Señor estaba con Josué, y la fama de Josué se extendió por
todo el territorio.
Hai derrota a los israelitas
7 Sin
embargo, Israel desobedeció las instrucciones sobre lo que debía ser apartado
para el Señor. Un hombre llamado Acán había robado algunas de esas
cosas consagradas, así que el Señor estaba muy enojado con los
israelitas. Acán era hijo de Carmi, un descendiente de Zimri, hijo de
Zera, de la tribu de Judá.
2 Josué
envió a algunos de sus hombres desde Jericó para que espiaran la ciudad de Hai,
que está al oriente de Betel, cerca de Bet-avén. 3 Cuando
regresaron, le dijeron a Josué: «No es necesario que todos vayamos a Hai;
bastará con dos mil o tres mil hombres para atacar la ciudad. Dado que ellos
son tan pocos, no hagas que todo nuestro pueblo se canse teniendo que subir
hasta allí».
4 Así
que enviaron a unos tres mil guerreros, pero fueron completamente derrotados.
Los hombres de Hai 5 persiguieron a los israelitas
desde la puerta de la ciudad hasta las canteras y mataron como a treinta y
seis que iban en retirada por la ladera. Los israelitas quedaron paralizados de
miedo ante esto, y su valentía se desvaneció.
6 Entonces
Josué y los ancianos de Israel rasgaron sus ropas en señal de aflicción, se
echaron polvo sobre la cabeza y se inclinaron rostro en tierra ante el arca
del Señor hasta que cayó la tarde. 7 Entonces
Josué clamó:
—Oh Señor Soberano, ¿por qué nos
hiciste cruzar el río Jordán si vas a dejar que los amorreos nos maten? ¡Si tan
solo nos hubiéramos conformado con quedarnos del otro lado! 8 Señor,
¿qué puedo decir ahora que Israel tuvo que huir de sus enemigos? 9 Pues
cuando los cananeos y todos los demás pueblos de la región oigan lo que pasó,
nos rodearán y borrarán nuestro nombre de la faz de la tierra. Y entonces, ¿qué
pasará con la honra de tu gran nombre?
10 Pero
el Señor le dijo a Josué:
—¡Levántate! ¿Por qué estás ahí con tu rostro en
tierra? 11 ¡Israel ha pecado y ha roto mi pacto!
Robaron de lo que les ordené que apartaran para mí. Y no solo robaron, sino que
además mintieron y escondieron los objetos robados entre sus
pertenencias. 12 Por esa razón, los israelitas
huyen derrotados de sus enemigos. Ahora Israel mismo será apartado para
destrucción. No seguiré más con ustedes a menos que destruyan esas cosas que
guardaron y que estaban destinadas para ser destruidas.
13 »¡Levántate!
Ordénale al pueblo que se purifique, a fin de prepararse para mañana. Pues esto
dice el Señor, Dios de Israel: “En medio de ti, oh Israel, están
escondidas las cosas apartadas para el Señor. Nunca derrotarás a tus
enemigos hasta que quites esas cosas que tienes en medio de ti”.
14 »Mañana
por la mañana, deberán presentarse por tribus, y el Señor señalará a
la tribu del culpable. Esa tribu, con sus clanes, deberá dar un paso al frente,
y el Señor señalará al clan culpable. Entonces ese clan dará un paso
al frente, y el Señor señalará a la familia culpable. Por último,
cada miembro de la familia culpable deberá dar un paso al frente, uno por
uno. 15 El que haya robado de lo que estaba
destinado para ser destruido será quemado con fuego, junto con todo lo que
tiene, porque ha roto el pacto del Señor y ha hecho algo horrible en
Israel.
El pecado de Acán
16 Temprano
a la mañana siguiente, Josué presentó a las tribus de Israel delante del Señor,
y la tribu de Judá fue la señalada. 17 Entonces los
clanes de Judá dieron un paso al frente, y el clan de Zera fue el señalado.
Luego las familias de Zera dieron un paso al frente, y la familia de Zimri fue
la señalada. 18 Por último, a cada miembro de la
familia de Zimri se le hizo pasar al frente uno por uno, y Acán fue el
señalado.
19 Entonces
Josué le dijo a Acán:
—Hijo mío, da gloria al Señor, Dios de
Israel, y di la verdad. Confiesa y dime lo que has hecho. No me lo escondas.
20 Acán
respondió:
—¡Es cierto! He pecado contra el Señor, Dios
de Israel. 21 Entre el botín, vi un hermoso manto
de Babilonia, doscientas monedas de plata y una barra de oro que
pesaba más de medio kilo. Los deseaba tanto que los tomé. Está todo
enterrado debajo de mi carpa; la plata la enterré aún más profundo que el resto
de las cosas.
22 Así
que Josué envió a algunos hombres para que investigaran. Ellos fueron corriendo
a la carpa y encontraron allí escondidos los objetos robados, tal como Acán
había dicho, con la plata enterrada debajo del resto. 23 Entonces
tomaron las cosas de la carpa y se las llevaron a Josué y a los demás
israelitas. Luego las pusieron sobre el suelo, en la presencia del Señor.
24 Después,
Josué y todos los israelitas tomaron a Acán junto con la plata, el manto y la
barra de oro; también tomaron a sus hijos e hijas, su ganado, sus asnos, sus
ovejas, sus cabras, su carpa y todo lo que él tenía y los llevaron al valle de
Acor. 25 Luego Josué le dijo a Acán: «¿Por qué nos
has traído esta desgracia? Ahora el Señor te traerá desgracia a ti».
Entonces todos los israelitas apedrearon a Acán y a su familia, y quemaron los
cuerpos. 26 Apilaron un montón de piedras sobre
Acán, las cuales siguen allí hasta el día de hoy. Por eso, desde entonces, al
lugar se le llama valle de la Aflicción. Así el Señor dejó de
estar enojado.
Los israelitas derrotan a Hai
8 Entonces
el Señor le dijo a Josué: «No tengas miedo ni te desanimes. Toma a
todos tus hombres de guerra y ataca la ciudad de Hai, porque te he entregado al
rey de Hai, a su pueblo, su ciudad y su tierra. 2 Los
destruirás tal como destruiste a Jericó y a su rey. Pero esta vez podrán
quedarse con el botín y los animales. Preparen una emboscada detrás de la
ciudad».
3 Entonces
Josué y todos los hombres de guerra salieron a atacar a Hai. Josué eligió a
treinta mil de sus mejores guerreros y los envió de noche 4 con
la siguiente orden: «Escóndanse en emboscada no muy lejos detrás de la ciudad y
prepárense para entrar en acción. 5 Cuando nuestro
ejército principal ataque, los hombres de Hai saldrán a pelear como lo hicieron
antes, y nosotros huiremos de ellos. 6 Dejaremos
que nos persigan hasta alejarlos de la ciudad. Pues dirán: “Los israelitas
huyen de nosotros como lo hicieron antes”. Entonces, mientras nosotros huimos
de ellos, 7 ustedes saldrán de golpe de su
escondite y tomarán posesión de la ciudad. Pues el Señor su Dios la
entregará en sus manos. 8 Prendan fuego a la
ciudad, tal como el Señor lo ordenó. Esas son las instrucciones».
9 Entonces
salieron y fueron al lugar de la emboscada, entre Betel y el lado occidental de
Hai; pero esa noche, Josué se quedó con el pueblo en el campamento. 10 Temprano
a la mañana siguiente, Josué despertó a sus hombres y emprendió la marcha hacia
Hai, acompañado por los ancianos de Israel. 11 Todos
los hombres de guerra que estaban con Josué marcharon por delante de la ciudad
y acamparon al norte de Hai, donde un valle los separaba de la ciudad. 12 Esa
noche, Josué envió a unos cinco mil hombres para que esperaran escondidos entre
Betel y Hai, al occidente de la ciudad. 13 De esa
manera, el ejército principal se estableció en el norte, y la emboscada al
occidente de la ciudad. Josué, por su parte, pasó la noche en el valle.
14 Cuando
el rey de Hai vio a los israelitas del otro lado del valle, se apresuró a salir
temprano por la mañana con todo su ejército y los atacó desde un lugar con
vista al valle del Jordán; pero no se dio cuenta de que había una
emboscada detrás de la ciudad. 15 Entonces Josué y
el ejército israelita huyeron en retirada hacia el desierto como si los
hubieran vencido por completo. 16 Así que llamaron
a todos los hombres de la ciudad, para que salieran a perseguirlos. De esa
manera, los alejaron de la ciudad. 17 No quedó ni
un solo hombre en Hai o en Betel que no persiguiera a los israelitas, y la
ciudad quedó completamente desprotegida.
18 Entonces
el Señor le dijo a Josué: «Apunta hacia Hai con la lanza que tienes
en la mano, porque te entregaré la ciudad». Así que Josué hizo lo que se le
ordenó. 19 En cuanto Josué dio la señal, todos los
hombres que esperaban en la emboscada salieron de golpe de sus puestos e
invadieron la ciudad en masa. Enseguida la sitiaron y le prendieron fuego.
20 Cuando
los hombres de Hai miraron hacia atrás, vieron que salía tanto humo de la
ciudad que cubría el cielo, y ya no tenían adónde ir. Pues los israelitas que
habían huido hacia el desierto se dieron vuelta y atacaron a los que los
perseguían. 21 Cuando Josué y todos los demás
israelitas vieron que la emboscada había dado resultado y que de la ciudad
salía humo, se dieron vuelta y atacaron a los hombres de Hai. 22 Mientras
tanto, los israelitas que habían entrado en la ciudad salieron y atacaron al
enemigo por la retaguardia. De esa manera los hombres de Hai quedaron atrapados
en medio, ya que los guerreros israelitas los encerraron por ambos lados.
Israel los atacó, y no sobrevivió ni escapó una sola persona. 23 Solo
al rey de Hai lo capturaron vivo y lo llevaron ante Josué.
24 Cuando
el ejército israelita terminó de perseguir y de matar a todos los hombres de
Hai en campo abierto, regresó y acabó con la gente que había quedado en la
ciudad. 25 Ese día fue exterminada toda la
población de Hai, incluidos hombres y mujeres, doce mil personas en
total. 26 Pues Josué mantuvo la lanza extendida
hasta que todos los habitantes de Hai fueron totalmente destruidos. 27 Solo
los animales y los tesoros de la ciudad no fueron destruidos, porque los
israelitas los tomaron como botín, tal como el Señor le había
ordenado a Josué. 28 Luego Josué incendió la ciudad
de Hai, la cual se convirtió en un montón de ruinas y aún sigue desolada
hasta el día de hoy.
29 Entonces
Josué atravesó al rey de Hai con un poste afilado y lo dejó allí colgado hasta
la tarde. A la puesta del sol, los israelitas bajaron el cuerpo como Josué
ordenó y lo arrojaron frente a la puerta de la ciudad. Apilaron un montón de
piedras sobre él, las cuales todavía pueden verse hasta el día de hoy.
El pacto del Señor es
renovado
30 Luego
Josué construyó un altar al Señor, Dios de Israel, en el monte Ebal. 31 Siguió
los mandatos que Moisés, siervo del Señor, había escrito en el libro de
instrucción: «Háganme un altar con piedras sin labrar y que no hayan sido
trabajadas con herramientas de hierro». Entonces presentaron sobre el altar
ofrendas quemadas y ofrendas de paz al Señor. 32 Y
mientras los israelitas observaban, Josué copió en las piedras del altar las
instrucciones que Moisés les había dado.
33 Después,
todo Israel—tanto los extranjeros como los israelitas de nacimiento—junto con
sus ancianos, jefes y jueces fue dividido en dos grupos. Un grupo se paró
frente al monte Gerizim, y el otro, delante del monte Ebal. Ambos grupos
quedaron frente a frente y, entre ellos, estaban los sacerdotes levitas que
llevaban el arca del pacto del Señor. Todo se hizo de acuerdo a las
órdenes que Moisés, siervo del Señor, había dado previamente para bendecir
al pueblo de Israel.
34 Entonces
Josué le leyó al pueblo todas las bendiciones y maldiciones que Moisés había
escrito en el libro de instrucción. 35 Cada palabra
de cada mandato que Moisés había dado se leyó a todos los israelitas reunidos
en asamblea, incluso a las mujeres, a los niños y a los extranjeros que vivían
entre ellos.
SALMOS 66
Para el director del coro: cántico.
Salmo.
66 ¡Griten
alabanzas alegres a Dios, habitantes de toda la tierra!
2 ¡Canten de la gloria de su
nombre!
Cuéntenle al mundo lo glorioso que es él.
3 Díganle a Dios: «¡Qué imponentes son tus obras!
Tus enemigos se arrastran ante tu gran poder.
4 Todo lo que hay en la tierra te adorará;
cantará tus alabanzas
aclamando tu nombre con cánticos gloriosos». Interludio
5 Vengan
y vean lo que nuestro Dios ha hecho,
¡los imponentes milagros que realiza a favor de la
gente!
6 Abrió un camino seco a través del mar Rojo,
y su pueblo cruzó a pie.
Allí nos alegramos en él.
7 Pues con su gran poder gobierna para siempre.
Observa cada movimiento de las naciones;
que ningún rebelde se levante desafiante. Interludio
8 Que
el mundo entero bendiga a nuestro Dios
y cante sus alabanzas a viva voz.
9 Nuestra vida está en sus manos,
y él cuida que nuestros pies no tropiecen.
10 Nos pusiste a prueba, oh Dios;
nos purificaste como se purifica la plata.
11 Nos atrapaste en tu red
y pusiste sobre nuestra espalda la carga de la
esclavitud.
12 Luego colocaste un líder sobre nosotros.
Pasamos por el fuego y por la inundación,
pero nos llevaste a un lugar de mucha abundancia.
13 Ahora
vengo a tu templo con ofrendas quemadas
para cumplir los votos que te hice,
14 sí, los votos sagrados que hice
cuando me encontraba en graves dificultades.
15 Por eso sacrifico ofrendas quemadas a ti,
lo mejor de mis carneros como aroma agradable,
y un sacrificio de toros y chivos. Interludio
16 Vengan
y escuchen, todos ustedes que temen a Dios,
y les contaré lo que hizo por mí.
17 Pues clamé a él por ayuda,
lo alabé mientras hablaba.
18 Si no hubiera confesado el pecado de mi corazón,
mi Señor no me habría escuchado.
19 ¡Pero Dios escuchó!
Él prestó oídos a mi oración.
20 Alaben a Dios, quien no pasó por alto mi oración
ni me quitó su amor inagotable.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
Recientemente completaste los primeros cinco
libros de la Biblia, la Torá. Antes de adentrarte demasiado en el libro de
Josué, te invitamos a que te tomes un momento para revisar los patrones de
diseño escritos en la Torá y veas cómo se repiten en el libro de Josué y en
toda la Biblia. Los patrones de diseño son uno de los modos clave a través de
los cuales los autores bíblicos unifican el argumento de la Biblia.
Los relatos individuales del Antiguo y Nuevo Testamento se coordinan mediante
la repetición de palabras y temas paralelos. Estos patrones destacan los temas
centrales de la historia bíblica para mostrar cómo todo nos guía a Jesús.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”