Enero 28 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 7
GÉNESIS 22 al 24
La prueba de fe de Abraham
22 Tiempo
después, Dios probó la fe de Abraham.
—¡Abraham!—lo llamó Dios.
—Sí—respondió él—, aquí estoy.
2 —Toma
a tu hijo, tu único hijo—sí, a Isaac, a quien tanto amas—y vete a la tierra de
Moriah. Allí lo sacrificarás como ofrenda quemada sobre uno de los montes, uno
que yo te mostraré.
3 A
la mañana siguiente, Abraham se levantó temprano. Ensilló su burro y llevó con
él a dos de sus siervos, junto con su hijo Isaac. Después cortó leña para el
fuego de la ofrenda y salió hacia el lugar que Dios le había indicado. 4 Al
tercer día de viaje, Abraham levantó la vista y vio el lugar a la
distancia. 5 «Quédense aquí con el burro—dijo
Abraham a los siervos—. El muchacho y yo seguiremos un poco más adelante. Allí
adoraremos y volveremos enseguida».
6 Entonces
Abraham puso la leña para la ofrenda sobre los hombros de Isaac, mientras que
él llevó el fuego y el cuchillo. Mientras caminaban juntos, 7 Isaac
se dio vuelta y le dijo a Abraham:
—¿Padre?
—Sí, hijo mío—contestó Abraham.
—Tenemos el fuego y la leña—dijo el muchacho—,
¿pero dónde está el cordero para la ofrenda quemada?
8 —Dios
proveerá un cordero para la ofrenda quemada, hijo mío—contestó Abraham.
Así que ambos siguieron caminando juntos.
9 Cuando
llegaron al lugar indicado por Dios, Abraham construyó un altar y colocó la
leña encima. Luego ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar, encima de la
leña. 10 Y Abraham tomó el cuchillo para matar a su
hijo en sacrificio. 11 En ese momento, el ángel
del Señor lo llamó desde el cielo:
—¡Abraham! ¡Abraham!
—Sí—respondió Abraham—, ¡aquí estoy!
12 —¡No
pongas tu mano sobre el muchacho!—dijo el ángel—. No le hagas ningún daño,
porque ahora sé que de verdad temes a Dios. No me has negado ni siquiera a tu
hijo, tu único hijo.
13 Entonces
Abraham levantó los ojos y vio un carnero que estaba enredado por los cuernos
en un matorral. Así que tomó el carnero y lo sacrificó como ofrenda quemada en
lugar de su hijo. 14 Abraham llamó a aquel lugar
Yahveh-jireh (que significa «el Señor proveerá»). Hasta el día de
hoy, la gente todavía usa ese nombre como proverbio: «En el monte
del Señor será provisto».
15 Luego
el ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el cielo.
16 —El Señor dice:
Ya que me has obedecido y no me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único
hijo, juro por mi nombre que 17 ciertamente te
bendeciré. Multiplicaré tu descendencia hasta que sea incontable, como las
estrellas del cielo y la arena a la orilla del mar. Tus descendientes
conquistarán las ciudades de sus enemigos; 18 y
mediante tu descendencia, todas las naciones de la tierra serán bendecidas.
Todo eso, porque me has obedecido.
19 Luego
volvieron al lugar donde estaban los siervos y viajaron de regreso a Beerseba,
donde Abraham siguió habitando.
20 Poco
tiempo después, Abraham oyó que Milca, la esposa de su hermano Nacor, le había
dado a Nacor ocho hijos. 21 El mayor se llamaba Uz,
el siguiente era Buz, seguido por Kemuel (antepasado de los arameos), 22 Quésed,
Hazó, Pildás, Jidlaf y Betuel. 23 (Betuel fue el
padre de Rebeca). Además de esos ocho hijos de Milca, 24 Nacor
tuvo otros cuatro hijos con su concubina Reúma. Sus nombres eran Teba, Gahán,
Tahás y Maaca.
Entierro de Sara
23 A
la edad de ciento veintisiete años, 2 Sara murió en
Quiriat-arba (actualmente se llama Hebrón), en la tierra de Canaán. Allí
Abraham hizo duelo y lloró por ella.
3 Luego,
se apartó del cuerpo de su esposa y dijo a los ancianos hititas:
4 —Aquí
estoy, vivo entre ustedes como forastero y extranjero. Por favor, véndanme una
parcela de terreno para darle un entierro apropiado a mi esposa.
5 —Escúchenos,
señor—respondieron los hititas a Abraham—, 6 usted
es un príncipe de honor entre nosotros. Escoja la mejor de nuestras tumbas y
entiérrela allí. Ninguno de nosotros se negará a ayudarle en ese sentido.
7 Entonces
Abraham se inclinó hasta el suelo ante los hititas 8 y
dijo:
—Ya que ustedes están dispuestos a brindarme esa
ayuda, sean tan amables de pedir a Efrón, hijo de Zohar, 9 que
me permita comprar su cueva en Macpela, que está al final de su campo. Yo
pagaré el precio total en presencia de testigos, a fin de tener un lugar
permanente donde enterrar a mi familia.
10 Efrón
estaba sentado allí entre los demás y respondió a Abraham mientras los demás
escuchaban. Habló públicamente delante de todos los ancianos hititas de la
ciudad.
11 —No,
mi señor—le dijo a Abraham—, por favor, escúcheme. Yo le regalaré el campo y la
cueva. Aquí mismo, en presencia de mi pueblo, se lo regalo. Vaya y entierre a
su esposa.
12 Abraham
volvió a inclinarse hasta el suelo ante los ciudadanos del lugar 13 y
respondió a Efrón a oídos de todos.
—No, escúcheme. Yo se lo compraré. Permítame
pagar el precio total del campo, para poder enterrar allí a mi esposa.
14 Efrón
respondió a Abraham:
15 —Mi
señor, por favor, escúcheme. El campo vale cuatrocientas monedas de plata, ¿pero qué es eso entre
amigos? Vaya y entierre a su esposa.
16 Abraham
estuvo de acuerdo con el precio sugerido por Efrón y pagó la cantidad total:
cuatrocientas monedas de plata, pesadas según la norma de los comerciantes; y
los ancianos hititas presenciaron la transacción.
17 Así
fue que Abraham compró la parcela que pertenecía a Efrón en Macpela, cerca de
Mamre. La parcela constaba del campo, la cueva y todos los árboles que la
rodeaban. 18 Se transfirió a Abraham como posesión
permanente en presencia de los ancianos hititas, en la puerta de la
ciudad. 19 Después Abraham enterró a su esposa,
Sara, allí en Canaán, en la cueva de Macpela, cerca de Mamre (también llamado
Hebrón). 20 Así que el campo y la cueva de los
hititas pasaron a manos de Abraham, para ser usados como lugar de sepultura
permanente.
Una esposa para Isaac
24 Abraham
ya era un hombre muy anciano, y el Señor lo había bendecido en
todo. 2 Cierto día Abraham le dijo a su siervo más
antiguo, el hombre que estaba a cargo de su casa:
—Haz un juramento poniendo tu mano debajo de mi
muslo. 3 Jura por el Señor, Dios del cielo y
de la tierra, que no dejarás que mi hijo se case con una de esas mujeres
cananeas. 4 En cambio, vuelve a mi tierra natal,
donde están mis parientes, y encuentra allí una esposa para mi hijo Isaac.
5 El
siervo preguntó:
—¿Pero qué pasaría si no puedo encontrar una
joven que esté dispuesta a viajar tan lejos de su casa? ¿Debería, entonces,
llevar allí a Isaac para que viva entre sus parientes, en la tierra de donde
usted proviene?
6 —¡No!—contestó
Abraham—. Procura no llevar nunca a mi hijo allí. 7 Pues
el Señor, Dios del cielo, quien me sacó de la casa de mi padre y de mi
tierra natal, prometió solemnemente dar esta tierra a mis descendientes. Él enviará a su ángel delante de ti y
se encargará de que encuentres allí una esposa para mi hijo. 8 Si
ella no está dispuesta a regresar contigo, entonces quedarás libre de este
juramento que haces conmigo; pero bajo ninguna circunstancia, llevarás a mi
hijo allí.
9 Entonces
el siervo hizo un juramento poniendo su mano debajo del muslo de su señor,
Abraham, y juró seguir sus instrucciones. 10 Después
tomó diez de los camellos de Abraham y los cargó con toda clase de regalos
valiosos de parte de su señor, y viajó hasta la lejana tierra de Aram-naharaim.
Una vez allí, se dirigió a la ciudad donde se había establecido Nacor, hermano
de Abraham. 11 Hizo que los camellos se
arrodillaran junto a un pozo justo a las afueras de la ciudad. Era la caída de
la tarde, y las mujeres salían a sacar agua.
12 «Oh Señor,
Dios de mi amo, Abraham—oró—. Te ruego que hoy me des éxito y muestres amor
inagotable a mi amo, Abraham. 13 Aquí me encuentro
junto a este manantial, y las jóvenes de la ciudad vienen a sacar agua. 14 Mi
petición es la siguiente: yo le diré a una de ellas: “Por favor, deme de beber
de su cántaro”; si ella dice: “Sí, beba usted, ¡y también daré de beber a sus
camellos!”, que sea ella la que has elegido como esposa para Isaac. De esa
forma sabré que has mostrado amor inagotable a mi amo».
15 Entonces,
antes de terminar su oración, vio a una joven llamada Rebeca, que salía con su
cántaro al hombro. Ella era hija de Betuel, quien era hijo de Nacor—hermano de
Abraham—y de Milca, su esposa. 16 Rebeca era muy
hermosa y tenía edad suficiente para estar casada, pero aún era virgen. Ella
descendió hasta el manantial, llenó su cántaro y volvió a subir. 17 Entonces
el siervo corrió hasta alcanzarla y le dijo:
—Por favor, deme de beber un poco de agua de su
cántaro.
18 —Sí,
mi señor, beba—respondió ella.
Enseguida bajó su cántaro del hombro y le dio de
beber. 19 Después de darle de beber, dijo:
—También sacaré agua para sus camellos y les daré
de beber hasta que se sacien.
20 Así
que, de inmediato, vació su cántaro en el bebedero y volvió corriendo al pozo a
sacar agua para todos los camellos.
21 El
siervo la observaba en silencio mientras se preguntaba si el Señor le
había dado éxito en la misión. 22 Cuando los
camellos terminaron de beber, sacó un anillo de oro para la nariz de la
muchacha y dos pulseras grandes de oro para sus muñecas.
23 —¿De
quién es hija usted?—le preguntó—, y dígame, por favor, ¿tendría su padre algún
lugar para hospedarnos esta noche?
24 —Soy
hija de Betuel—contestó ella—, y mis abuelos son Nacor y Milca. 25 Sí,
tenemos más que suficiente paja y alimento para los camellos, y también tenemos
lugar para huéspedes.
26 El
hombre se inclinó hasta el suelo y adoró al Señor.
27 —Alabado
sea el Señor, Dios de mi amo, Abraham—dijo—. El Señor ha
mostrado amor inagotable y fidelidad a mi amo, porque me ha guiado directamente
a los parientes de mi señor.
28 La
joven corrió a su casa para contarle a su familia todo lo que había
ocurrido. 29 Rebeca tenía un hermano llamado Labán,
el cual salió corriendo al manantial para encontrarse con el hombre. 30 Había
visto el anillo en la nariz de su hermana y las pulseras en sus muñecas, y
había oído a Rebeca contar lo que el hombre le había dicho. Así que corrió
hasta llegar al manantial, donde el hombre aún estaba parado al lado de sus
camellos. 31 Entonces Labán le dijo: «¡Ven y
quédate con nosotros, hombre bendecido por el Señor! ¿Por qué estás aquí,
fuera de la ciudad, cuando yo tengo un cuarto preparado para ti y un lugar para
los camellos?».
32 Entonces
el hombre fue con Labán a su casa, y Labán descargó los camellos, y para que se
tendieran les proveyó paja, los alimentó, y también trajo agua para que el
hombre y los camelleros se lavaran los pies. 33 Luego
sirvieron la comida, pero el siervo de Abraham dijo:
—No quiero comer hasta que les haya dicho la
razón por la que vine.
—Muy bien—respondió Labán—, dinos.
34 —Yo
soy siervo de Abraham—explicó—. 35 Y
el Señor ha bendecido mucho a mi amo; y él se ha enriquecido.
El Señor le ha dado rebaños de ovejas y cabras, manadas de ganado,
una fortuna en plata y en oro, y muchos siervos y siervas, camellos y burros.
36 »Cuando
Sara, la esposa de mi amo, era ya muy anciana, le dio un hijo a mi amo, y mi
amo le ha dado a él todo lo que posee. 37 Mi amo me
hizo jurar, y me dijo: “No dejes que mi hijo se case con una de esas mujeres
cananeas. 38 En cambio, vuelve a la casa de mi
padre, a mis parientes, y encuentra allí una esposa para mi hijo”.
39 »Pero
yo le dije a mi amo: “¿Y si no encuentro una joven que esté dispuesta a
regresar conmigo?”. 40 Y él contestó:
“El Señor, en cuya presencia he vivido, enviará a su ángel contigo y hará
que tu misión tenga éxito. Es verdad, debes encontrar una esposa para mi hijo
entre mis parientes, en la familia de mi padre. 41 Entonces
habrás cumplido tu obligación; pero si vas a mis parientes y ellos se niegan a
dejarla ir contigo, quedarás libre de mi juramento”.
42 »Así
que cuando llegué al manantial, hice esta oración: “Oh Señor, Dios de mi
amo, Abraham, te ruego que me des éxito en esta misión. 43 Mira,
aquí estoy, parado junto a este manantial, y esta es mi petición: cuando venga
una joven a sacar agua, yo le diré: ‘Por favor, deme de beber un poco de agua
de su cántaro’; 44 si ella dice: ‘Sí, beba usted, y
también sacaré agua para sus camellos’, que sea ella la que has elegido para
ser la esposa del hijo de mi amo”.
45 »Antes
de terminar de orar en mi corazón, vi a Rebeca saliendo con un cántaro de agua
al hombro. Ella descendió hasta el manantial y sacó agua. Entonces yo le dije:
“Por favor, deme de beber”. 46 Enseguida ella bajó
el cántaro del hombro y dijo: “Sí, beba usted, ¡y también daré de beber a sus
camellos!”. Así que bebí, y después ella dio de beber a los camellos.
47 »Entonces
le pregunté: “¿De quién es hija usted?”, y ella contestó: “Soy hija de Betuel,
y mis abuelos son Nacor y Milca”. Así que puse el anillo en su nariz y las
pulseras en sus muñecas.
48 »Después
me incliné hasta el suelo y adoré al Señor. Alabé al Señor, Dios de
mi amo, Abraham, porque me había guiado directamente a la sobrina de mi amo,
para que ella sea la esposa de su hijo. 49 Así que
díganme: ¿quieren o no mostrar amor inagotable y fidelidad a mi amo? Por favor,
respóndanme “sí” o “no”, y de esa manera sabré qué hacer después.
50 Entonces
Betuel y Labán respondieron:
—Es evidente que el Señor te trajo
hasta aquí, así que no hay nada que podamos decir. 51 Aquí
está Rebeca; tómala y vete. Efectivamente, que ella sea la esposa del hijo de
tu amo, tal como el Señor lo ha dispuesto.
52 Cuando
el siervo de Abraham oyó la respuesta, se postró hasta el suelo y adoró
al Señor. 53 Después sacó joyas de plata y de
oro, y vestidos, y se los dio a Rebeca. También entregó valiosos regalos a su
hermano y a su madre. 54 Luego comieron, y el
siervo y los hombres que lo acompañaban pasaron allí la noche.
Pero temprano a la mañana siguiente, el siervo de
Abraham dijo:
—Envíenme de regreso a mi amo.
55 —Queremos
que Rebeca se quede con nosotros al menos diez días—dijeron su madre y su
hermano—, y luego podrá irse.
56 Pero
él dijo:
—No me retrasen. El Señor hizo que mi
misión tuviera éxito; ahora envíenme, para que pueda regresar a la casa de mi
amo.
57 —Bien—dijeron
ellos—, llamaremos a Rebeca y le preguntaremos qué le parece a ella.
58 Entonces
llamaron a Rebeca.
—¿Estás dispuesta a irte con este hombre? —le
preguntaron.
—Sí—contestó—, iré.
59 Entonces
se despidieron de Rebeca y la enviaron con el siervo de Abraham y sus hombres.
La mujer que había sido niñera de Rebeca la acompañó. 60 Cuando
Rebeca partía le dieron la siguiente bendición:
«Hermana nuestra, ¡que llegues a ser
la madre de muchos millones!
Que tus descendientes sean fuertes
y conquisten las ciudades de sus enemigos».
61 Después
Rebeca y sus siervas montaron en los camellos y siguieron al hombre. Así que el
siervo de Abraham se llevó a Rebeca y emprendió el viaje.
62 Mientras
tanto, Isaac, que vivía en el Neguev, había regresado de Beer-lajai-roi. 63 Una
tarde, mientras caminaba por los campos y meditaba, levantó la vista y vio que
se acercaban los camellos. 64 Cuando Rebeca levantó
la vista y vio a Isaac, se bajó enseguida del camello.
65 —¿Quién
es ese hombre que viene a nuestro encuentro caminando por los campos? —preguntó
al siervo.
Y él contestó: —Es mi amo.
Entonces Rebeca se cubrió el rostro con el
velo, 66 y el siervo le contó a Isaac todo lo que
había hecho.
67 Luego
Isaac la llevó a la carpa de Sara, su madre, y Rebeca fue su esposa. Él la amó
profundamente, y ella fue para él un consuelo especial después de la muerte de
su madre.
SALMOS 7
Salmo de David, quien lo cantó
al Señor acerca de Cus, de la tribu de Benjamín.
7 A
ti acudo en busca de protección, oh Señor mi Dios.
¡Sálvame de los que me persiguen! ¡Rescátame!
2 Si no lo haces, me atacarán como leones,
me despedazarán y no habrá quien que me rescate.
3 Oh Señor mi Dios, si he hecho mal
o soy culpable de injusticia,
4 si he traicionado a un amigo
o he saqueado a mi adversario sin razón,
5 entonces que mis enemigos me capturen.
Deja que me pisoteen
y arrastren mi honor por el suelo. Interludio
6 ¡Levántate,
oh Señor, con enojo!
¡Hazle frente a la furia de mis enemigos!
¡Despierta, Dios mío, y trae justicia!
7 Reúne a las naciones delante de ti;
gobiérnalas desde lo alto.
8 El Señor juzga a las
naciones.
Declárame justo, oh Señor,
¡porque soy inocente, oh Altísimo!
9 Acaba con la maldad de los perversos,
y defiende al justo.
Pues tú miras lo profundo de la mente y del corazón,
oh Dios justo.
10 Dios
es mi escudo,
quien salva a los de corazón recto y sincero.
11 Dios es un juez honrado;
todos los días se enoja con los malvados.
12 Si
una persona no se arrepiente,
Dios afilará su espada,
tensará su arco y le pondrá la cuerda.
13 Preparará sus armas mortales
y disparará sus flechas encendidas.
14 Los
malvados conciben el mal;
están preñados de dificultades
y dan a luz mentiras.
15 Cavan una fosa profunda para atrapar a otros,
luego caen en su propia trampa.
16 Los problemas que provocan a otros se vuelven en su
contra;
la violencia que maquinan les cae sobre su propia
cabeza.
17 Daré
gracias al Señor porque él es justo;
cantaré alabanzas al nombre
del Señor Altísimo.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
¿Por qué pone Dios a prueba a las personas? En
este video seguimos el rastro de un tema que se repite con frecuencia en la
Biblia: las pruebas. También veremos cómo Dios determina la lealtad y la
confianza de sus colaboradores en el pacto. Aunque estas pruebas no suelen ser
fáciles, ofrecen al pueblo de Dios importantes oportunidades de crecimiento y
transformación.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”