Abril 01 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 70
JUECES 1 - 3
Judá y Simeón conquistan la tierra
1 Después
de la muerte de Josué, los israelitas le preguntaron al Señor:
—¿Cuál de las tribus debe ser la primera en
atacar a los cananeos?
2 El Señor contestó:
—Judá, porque yo le he dado la victoria sobre la
tierra.
3 Entonces
los hombres de Judá les dijeron a sus parientes de la tribu de Simeón: «Vengan
con nosotros a luchar contra los cananeos que viven en el territorio que se nos
asignó. Después nosotros los ayudaremos a ustedes a conquistar su territorio».
Así que los hombres de Simeón fueron con los de Judá.
4 Cuando
los hombres de Judá atacaron, el Señor les dio la victoria sobre los
cananeos y los ferezeos, y mataron a diez mil guerreros enemigos en la ciudad
de Bezec. 5 Mientras estaban en Bezec, se toparon
con el rey Adoni-bezec y lucharon contra él, y derrotaron a los cananeos y a
los ferezeos. 6 Adoni-bezec escapó, pero los
israelitas pronto lo capturaron y le cortaron los pulgares de las manos y los
dedos gordos de los pies.
7 Adoni-bezec
dijo: «Una vez yo tuve setenta reyes sin los pulgares de las manos y los dedos
gordos de los pies, comiendo migajas debajo de mi mesa. Ahora Dios me devolvió
lo que les hice». Y se lo llevaron a Jerusalén, donde murió.
8 Los
hombres de Judá atacaron a Jerusalén y la tomaron; mataron a todos sus
habitantes y prendieron fuego a la ciudad. 9 Luego
descendieron para combatir contra los cananeos que vivían en la zona montañosa,
en el Neguev y en las colinas occidentales. 10 Judá
marchó contra los cananeos en Hebrón (antiguamente llamada Quiriat-arba) y
derrotó a las fuerzas de Sesai, Ahimán y Talmai.
11 De
allí salieron a luchar contra los habitantes de la ciudad de Debir
(antiguamente llamada Quiriat-sefer). 12 Caleb
dijo: «Daré a mi hija Acsa en matrimonio al que ataque y tome
Quiriat-sefer». 13 Otoniel, hijo de Cenaz, un
hermano menor de Caleb, fue quien conquistó la ciudad; así que Acsa pasó a ser
esposa de Otoniel.
14 Cuando
Acsa se casó con Otoniel, ella insistió en que él le pidiera un campo a
Caleb, su padre. Mientras ella se bajaba de su burro, Caleb le preguntó:
—¿Qué te pasa?
15 Ella
contestó:
—Concédeme otro obsequio. Ya me regalaste tierras
en el Neguev; ahora te ruego que también me des manantiales.
Entonces Caleb le entregó tanto los manantiales
de la parte alta como los de la parte baja.
16 Cuando
los miembros de la tribu de Judá salieron de Jericó—la ciudad de las palmeras—,
los ceneos (que eran descendientes del suegro de Moisés) los acompañaron al
desierto de Judá y se establecieron entre la gente del lugar, cerca de la
ciudad de Arad, en el Neguev.
17 Luego
Judá se unió con Simeón para luchar contra los cananeos que vivían en Sefat, y
destruyeron la ciudad por completo. Por eso la ciudad fue llamada Horma. 18 Además
Judá tomó las ciudades de Gaza, Ascalón y Ecrón, junto con los territorios
vecinos.
Israel no conquista toda la tierra
19 El Señor estaba
con los de Judá, y ellos tomaron posesión de la zona montañosa; pero no
lograron expulsar a los habitantes de las llanuras, quienes tenían carros de
guerra hechos de hierro. 20 Caleb recibió la ciudad
de Hebrón, tal como Moisés le había prometido, y expulsó a todos sus
habitantes, que eran descendientes de los tres hijos de Anac.
21 Sin
embargo, la tribu de Benjamín no logró expulsar a los jebuseos, quienes vivían
en Jerusalén. Por eso, hasta el día de hoy, los jebuseos viven en Jerusalén
junto con el pueblo de Benjamín.
22 Los
descendientes de José atacaron la ciudad de Betel, y el Señor estuvo
con ellos. 23 Enviaron espías a Betel (antes
conocida como Luz), 24 quienes abordaron a un
hombre que salía del poblado y le dijeron: «Muéstranos cómo entrar en la
ciudad, y tendremos compasión de ti». 25 Entonces
él les mostró una vía de acceso, y ellos mataron a todos en la ciudad, menos a
ese hombre y a su familia. 26 Más tarde, el hombre
se trasladó a la tierra de los hititas, donde estableció una ciudad a la que
llamó Luz. Este nombre lo conserva hasta el día de hoy.
27 La
tribu de Manasés no logró expulsar a la gente que vivía en Bet-sán, Taanac,
Dor, Ibleam, Meguido y en todos los asentamientos vecinos, porque los cananeos
estaban decididos a quedarse en esa región. 28 Con
el tiempo, cuando los israelitas se fortalecieron, obligaron a los cananeos a
trabajar como esclavos, pero nunca los expulsaron de la tierra por completo.
29 La
tribu de Efraín no logró expulsar a los cananeos que vivían en Gezer, así que
los cananeos siguieron viviendo allí, en medio de los de Efraín.
30 La
tribu de Zabulón no logró expulsar a los habitantes de Quitrón y de Naalal, así
que los cananeos siguieron viviendo en medio de los de Zabulón, pero los
cananeos fueron obligados a trabajar como esclavos para ellos.
31 La
tribu de Aser no logró expulsar a los habitantes de Aco, Sidón, Ahlab, Aczib,
Helba, Afec ni Rehob. 32 Así que los de Aser se
establecieron entre los cananeos, quienes controlaban la tierra, debido a que
no lograron expulsarlos.
33 Asimismo,
la tribu de Neftalí no logró expulsar a los habitantes de Bet-semes ni a los de
Bet-anat. Así que Neftalí se estableció entre los cananeos, quienes controlaban
la tierra. Sin embargo, los habitantes de Bet-semes y los de Bet-anat fueron
obligados a trabajar como esclavos para la gente de Neftalí.
34 En
cuanto a la tribu de Dan, los amorreos los obligaron a retirarse a la zona
montañosa y no los dejaban descender a las llanuras. 35 Los
amorreos estaban decididos a quedarse en el monte Heres, en Ajalón y en
Saalbim; pero cuando los descendientes de José aumentaron en fuerza, obligaron
a los amorreos a trabajar como esclavos. 36 La
frontera de los amorreos iba desde el paso de los Escorpiones hasta Sela y
desde allí se extendía hacia arriba.
El mensajero del Señor llega
a Boquim
2 El
ángel del Señor subió de Gilgal a Boquim y dijo a los israelitas: «Yo
los saqué de Egipto y los traje a esta tierra que juré dar a sus antepasados, y
dije que nunca rompería mi pacto con ustedes. 2 Por
su parte, ustedes no debían hacer ningún pacto con los habitantes de esta
tierra, sino destruir sus altares. Pero desobedecieron mi mandato. ¿Por qué lo
hicieron? 3 Ahora declaro que ya no expulsaré a los
pueblos que viven en la tierra de ustedes. Ellos les serán espinas clavadas en
el costado, y sus dioses serán una tentación constante para ustedes».
4 Cuando
el ángel del Señor terminó de hablar a los israelitas, el pueblo
lloró a gritos. 5 Por eso llamaron al lugar Boquim
(que significa «llanto»), y allí le ofrecieron sacrificios al Señor.
Muerte de Josué
6 Después
que Josué despidió al pueblo, cada una de las tribus salió para tomar posesión
del territorio que se le había asignado. 7 Los
israelitas sirvieron al Señor todo el tiempo que vivieron Josué y los
líderes que lo sobrevivieron, aquellos que habían visto todas las grandes cosas
que el Señor había hecho por Israel.
8 Entonces
Josué, hijo de Nun y siervo del Señor, murió a los ciento diez años de
edad. 9 Lo enterraron en Timnat-sera, tierra
que se le había asignado en la zona montañosa de Efraín, al norte del monte
Gaas.
Israel desobedece al Señor
10 Después
de que murieron todos los de esa generación, creció otra que no conocía
al Señor ni recordaba las cosas poderosas que él había hecho por
Israel.
11 Los
israelitas hicieron lo malo a los ojos del Señor y sirvieron a las
imágenes de Baal. 12 Abandonaron al Señor,
Dios de sus antepasados, quien los había sacado de Egipto. Siguieron y
rindieron culto a otros dioses—los dioses de los pueblos vecinos—y así
provocaron el enojo del Señor. 13 Abandonaron
al Señor para servir a Baal y a las imágenes de Astoret, 14 lo
cual hizo que el Señor ardiera de enojo contra Israel y que los
entregara en manos de saqueadores, quienes les robaron sus posesiones. Los
vendió a los enemigos que tenían a su alrededor, y ya no podían
vencerlos. 15 Cada vez que los israelitas salían a
la batalla, el Señor peleaba en contra de ellos e hizo que sus
enemigos los derrotaran, tal como él les había advertido. Y el pueblo estaba
muy angustiado.
El Señor rescata a su
pueblo
16 Entonces
el Señor levantó jueces para rescatar a los israelitas de la mano de
sus agresores. 17 Sin embargo, Israel no hizo caso
a los jueces, sino que se prostituyó rindiendo culto a otros dioses. ¡Qué
pronto se apartaron del camino de sus antepasados, los cuales habían obedecido
los mandatos del Señor!
18 Cada
vez que el Señor levantaba un juez sobre Israel, él estaba con ese
juez y rescataba al pueblo de sus enemigos durante toda la vida del juez. Pues
el Señor tenía compasión de su pueblo, que estaba sobrecargado de
opresión y sufrimiento. 19 Pero al morir el juez,
la gente no solo volvía a sus prácticas corruptas, sino que se comportaba peor
que sus antepasados. Seguía a otros dioses: los servía y les rendía culto.
Además se negaba a abandonar sus prácticas malvadas y sus tercos caminos.
20 Por
eso el Señor ardió de enojo contra Israel y dijo: «Ya que este pueblo
ha violado mi pacto que hice con sus antepasados y no ha hecho caso a mis
mandatos, 21 ya no expulsaré a las naciones que
Josué dejó sin conquistar cuando murió. 22 Lo hice
para poner a prueba a Israel: para ver si seguiría o no los caminos del Señor,
como lo hicieron sus antepasados». 23 Por esa razón
el Señor dejó esas naciones donde estaban. No las expulsó de
inmediato, ni permitió que Josué las conquistara a todas.
Las naciones que quedaron en Canaán
3 El Señor dejó
a ciertas naciones en la tierra para poner a prueba a los israelitas que no
habían conocido las guerras de Canaán. 2 Lo hizo
para enseñar a pelear en la guerra a las generaciones de israelitas que no
tenían experiencia en el campo de batalla. 3 Estas
son las naciones: los filisteos (que vivían bajo el dominio de los cinco
gobernantes filisteos), todos los cananeos, los sidonios, y los heveos que
vivían en las montañas del Líbano, desde el monte Baal-hermón hasta
Lebo-hamat. 4 El Señor dejó a estos
pueblos con el fin de poner a prueba a los israelitas para ver si obedecían los
mandatos que él les había dado a sus antepasados por medio de Moisés.
5 Así
que los israelitas vivieron entre los cananeos, los hititas, los amorreos, los
ferezeos, los heveos y los jebuseos, 6 y se unieron
en matrimonio con ellos: los hijos de los israelitas se casaron con las hijas
de esos pueblos, y las hijas de los israelitas fueron dadas en matrimonio a sus
hijos. Y los israelitas sirvieron a los dioses de esas naciones.
Otoniel, juez de Israel
7 Los
israelitas hicieron lo malo a los ojos del Señor. Se olvidaron del Señor su
Dios y sirvieron a las imágenes de Baal y a los postes dedicados a la diosa
Asera. 8 Entonces el Señor ardió de enojo
contra Israel y lo entregó en manos de Cusán-risataim, rey de Aram-naharaim. Y
los israelitas sirvieron a Cusán-risataim durante ocho años.
9 Pero
cuando el pueblo de Israel clamó al Señor por ayuda, el Señor levantó
a un libertador para salvarlos. Se llamaba Otoniel, hijo de Cenaz, un hermano
menor de Caleb. 10 El Espíritu del Señor vino
sobre él, y comenzó a ser juez de Israel. Entró en guerra contra
Cusán-risataim, rey de Aram, y el Señor le dio la victoria sobre
él. 11 Y hubo paz en la tierra durante cuarenta
años. Luego murió Otoniel, hijo de Cenaz.
Aod, juez de Israel
12 De
nuevo los israelitas hicieron lo malo a los ojos del Señor y, por la
maldad de ellos, el Señor le dio dominio sobre Israel al rey Eglón,
de Moab. 13 Eglón se alió con los amonitas y los
amalecitas y salió a pelear, derrotó a Israel y tomó posesión de Jericó, la
ciudad de las palmeras. 14 Entonces los israelitas
sirvieron a Eglón, rey de Moab, durante dieciocho años.
15 Sin
embargo, cuando el pueblo de Israel clamó al Señor por ayuda,
el Señor nuevamente levantó a un libertador para salvarlos. Se
llamaba Aod, hijo de Gera, quien era un hombre zurdo, de la tribu de Benjamín.
Los israelitas enviaron a Aod a entregar el dinero del tributo al rey Eglón, de
Moab. 16 Así que Aod hizo una daga de dos filos, de
unos treinta centímetros de largo, la ató a su muslo derecho y la escondió
debajo de la ropa. 17 Luego le llevó el dinero del
tributo a Eglón, quien era muy gordo.
18 Después
de entregar el pago, Aod emprendió el regreso junto con los que le habían
ayudado a llevar el tributo. 19 Pero cuando Aod
llegó a donde estaban los ídolos de piedra, cerca de Gilgal, se regresó. Se
presentó ante Eglón y le dijo: «Tengo un mensaje secreto para usted». Entonces
el rey les ordenó a sus sirvientes que se callaran y que todos salieran de la
habitación.
20 Así
que Aod se acercó a Eglón, quien estaba sentado solo en una habitación fresca
de la planta alta, y le dijo: «¡Tengo un mensaje de Dios para usted!». Cuando
el rey Eglón se levantó de su asiento, 21 Aod sacó
con la mano izquierda la daga que tenía atada al muslo derecho y se la clavó al
rey en el vientre. 22 La daga entró tan profundo
que la empuñadura se hundió bajo la gordura del rey. Así que Aod no sacó la
daga, y al rey se le vaciaron los intestinos. 23 Entonces
Aod cerró las puertas de la habitación, les puso llave y escapó por la letrina.
24 Aod
ya se había ido cuando los sirvientes del rey regresaron y encontraron cerradas
las puertas de la habitación de la planta alta. Pensaron que tal vez el rey
estaba usando la letrina dentro del cuarto, 25 así
que esperaron. Pero al ver que el rey tardaba mucho en salir, se preocuparon y
buscaron una llave. Cuando abrieron las puertas, encontraron a su amo muerto en
el suelo.
26 Mientras
los sirvientes esperaban, Aod escapó y pasó por los ídolos de piedra rumbo a
Seirat. 27 Cuando llegó a la zona montañosa de
Efraín, llamó a tomar las armas. Después encabezó un grupo de israelitas colina
abajo.
28 «Síganme—les
dijo—, porque el Señor les ha dado la victoria sobre Moab, su
enemigo». Así que los israelitas lo siguieron y tomaron control de los vados
del río Jordán que cruzan hacia Moab, y no dejaron que nadie pasara.
29 Atacaron
a los moabitas y mataron a unos diez mil de sus guerreros más fuertes y
robustos; no escapó ni uno de ellos. 30 Así que
Israel conquistó a Moab en aquel día, y hubo paz en la tierra durante ochenta
años.
Samgar, juez de Israel
31 Después
de Aod fue Samgar, hijo de Anat, quien rescató a Israel. En una ocasión mató a
seiscientos filisteos con una aguijada para bueyes.
SALMOS 70
Para el director del coro: salmo de
David, en el cual le pide a Dios que se acuerde de él.
70 Por
favor, Dios, ¡rescátame!
Ven pronto, Señor, y ayúdame.
2 Que los que tratan de matarme
sean humillados y pasen vergüenza.
Que los que se deleitan en mis dificultades
retrocedan con deshonra.
3 Que su vergüenza los horrorice,
porque dijeron: «¡Ajá! ¡Ahora sí lo atrapamos!».
4 Pero que todos aquellos que te buscan
estén llenos de alegría y de felicidad en ti.
Que los que aman tu salvación
griten una y otra vez: «¡Grande es Dios!».
5 En cuanto a mí, pobre y necesitado,
por favor, Dios, ven pronto a socorrerme.
Tú eres mi ayudador y mi salvador;
oh Señor, no te demores.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
En el libro de los Jueces, los israelitas se
alejan de Dios y enfrentan las consecuencias. Dios levanta jueces en ciclos de
rebelión, arrepentimiento y restauración.
JUECES CAPÍTULOS 1,2,3
SALMOS 70
LA CONSULTA PARA UNA CONQUISTA
Estimado Lector:
Los capítulos 1, 2 y 3 del libro de Jueces, junto con el Salmo 70, presentan el inicio de una nueva etapa en Israel tras la muerte de Josué. En este periodo no se establece un liderazgo central, por lo que el pueblo recurre a la consulta directa a Dios en busca de dirección para la conquista. Este enfoque refleja una dependencia inicial, en la que se reconoce la necesidad de orientación divina para avanzar.
Sin embargo, a pesar de esta disposición a consultar, se evidencia una falta de obediencia en la ejecución de las instrucciones recibidas. Aunque Dios había ordenado la destrucción total de los pueblos cananeos, Israel permite su permanencia y establece alianzas con ellos. En Jueces 2, el mensaje en Boquim revela el descontento divino ante esta desobediencia. El pueblo reacciona con llanto, pero su arrepentimiento resulta superficial, ya que no produce un cambio real en su conducta.
Asimismo, se observa el surgimiento de una nueva generación que no conocía a Dios ni sus obras, lo que conduce al abandono de su fe y a la adoración de dioses ajenos. Como consecuencia, Dios permite la permanencia de naciones enemigas, no solo como juicio, sino también como medio de prueba para evaluar la fidelidad del pueblo y enseñarles a depender de Él. En Jueces 3, esta dinámica se intensifica, ya que Israel no solo convive con estos pueblos, sino que también adopta sus prácticas, evidenciando una desviación progresiva.
El Salmo 70 complementa esta perspectiva al mostrar una actitud de clamor por la intervención divina frente a los enemigos. No obstante, en contraste con este clamor, la experiencia en Jueces evidencia que la consulta a Dios, sin una obediencia genuina, conduce a resultados incompletos. Se obtienen victorias aparentes que, en realidad, contienen las semillas de futuras derrotas, debido a la desobediencia persistente.
Aplicación:
Este pasaje resalta la importancia de no limitar la relación con Dios únicamente a la búsqueda de dirección, sino de acompañarla con obediencia constante. Consultar a Dios sin aplicar sus instrucciones puede llevar a resultados parciales y a consecuencias a largo plazo. Asimismo, se evidencia la necesidad de formar convicciones firmes que trasciendan generaciones, evitando la pérdida de identidad espiritual. Se destaca también la importancia de discernir y eliminar aquello que, aunque parezca insignificante, puede desviar del propósito. Finalmente, se reafirma que una vida guiada por la dirección del Espíritu requiere coherencia entre lo que se consulta, lo que se cree y lo que se practica.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”