Abril 02 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 71
JUECES 4 - 5
Débora, jueza de Israel
4 Muerto
Aod, los israelitas volvieron a hacer lo malo a los ojos del Señor. 2 Entonces
el Señor los entregó a Jabín, un rey cananeo de Hazor. El comandante
de su ejército era Sísara, que vivía en Haroset-goim. 3 Sísara,
quien tenía novecientos carros de guerra hechos de hierro, oprimió a los
israelitas sin piedad durante veinte años, hasta que el pueblo de Israel clamó
al Señor por ayuda.
4 Débora,
la esposa de Lapidot, era una profetisa que en ese tiempo juzgaba a
Israel. 5 Solía sentarse bajo la Palmera de Débora,
entre Ramá y Betel, en la zona montañosa de Efraín, y los israelitas acudían a
ella para que los juzgara. 6 Un día Débora mandó a
buscar a Barac, hijo de Abinoam, quien vivía en Cedes, en el territorio de
Neftalí y le dijo:
—El Señor, Dios de Israel, te ordena: reúne
en el monte Tabor a diez mil guerreros de las tribus de Neftalí y de
Zabulón. 7 Y yo haré que Sísara, el comandante del
ejército de Jabín, vaya al río Cisón junto con sus carros de guerra y sus
guerreros. Allí te daré la victoria sobre él.
8 Barac
le dijo:
—Yo iré, pero solo si tú vienes conmigo.
9 —Muy
bien—dijo ella—, iré contigo. Pero tú no recibirás honra en esta misión, porque
la victoria del Señor sobre Sísara quedará en manos de una mujer.
Así que Débora fue con Barac a Cedes. 10 En
Cedes, Barac reunió a las tribus de Zabulón y de Neftalí, y diez mil guerreros
subieron con él. Débora también lo acompañó.
11 Ahora
bien, Heber el ceneo, un descendiente de Hobab, cuñado de Moisés, se había
separado de los demás miembros de su tribu y armó su carpa junto al roble de
Saananim, cerca de Cedes.
12 Cuando
le dijeron a Sísara que Barac, hijo de Abinoam, había subido al monte
Tabor, 13 mandó llamar a sus novecientos carros de
guerra hechos de hierro y a todos sus guerreros, y marcharon desde Haroset-goim
hasta el río Cisón.
14 Entonces
Débora le dijo a Barac: «¡Prepárate! Hoy es el día en que el Señor te
dará la victoria sobre Sísara, porque el Señor marcha delante de ti».
Así que Barac descendió las laderas del monte Tabor al frente de sus diez mil
guerreros para entrar en batalla. 15 Cuando Barac
atacó, el Señor llenó de pánico a Sísara y a todos sus carros de
guerra y a sus guerreros. Sísara saltó de su carro de guerra y escapó a
pie. 16 Entonces Barac persiguió a los carros y al
ejército enemigo hasta Haroset-goim, y mató a todos los guerreros de Sísara. Ni
uno solo quedó con vida.
17 Mientras
tanto, Sísara corrió hasta la carpa de Jael, la esposa de Heber, el ceneo,
porque la familia de Heber tenía amistad con el rey Jabín, de Hazor. 18 Jael
salió al encuentro de Sísara y le dijo:
—Entre en mi carpa, señor. Venga. No tenga miedo.
Así que él entró en la carpa, y ella lo cubrió
con una manta.
19 —Dame
un poco de agua, por favor—le dijo él—. Tengo sed.
Así que ella le dio leche de una bolsa de cuero y
volvió a cubrirlo.
20 —Párate
en la puerta de la carpa—le dijo a ella—. Si alguien viene y pregunta si hay
alguien adentro, dile que no.
21 Pero
cuando Sísara se durmió por tanto agotamiento, Jael se le acercó en silencio
con un martillo y una estaca en la mano. Entonces le clavó la estaca en la sien
hasta que quedó clavada en el suelo, y así murió.
22 Cuando
Barac llegó en busca de Sísara, Jael salió a su encuentro y le dijo: «Ven, te
mostraré al hombre que buscas». Entonces él entró en la carpa tras ella, y allí
encontró a Sísara muerto, tendido en el suelo con la estaca atravesada en la
sien.
23 Por
lo tanto, ese día Israel vio a Dios derrotar a Jabín, el rey cananeo. 24 Y
a partir de entonces, Israel se hizo cada vez más fuerte contra el rey Jabín
hasta que finalmente lo destruyó.
Cántico de Débora
5 Ese
día, Débora y Barac, hijo de Abinoam, entonaron el siguiente cántico:
2 «Los
líderes de Israel tomaron el mando,
y el pueblo los siguió con gusto.
¡Alabado sea el Señor!
3 »¡Escuchen,
ustedes reyes!
¡Presten atención, ustedes gobernantes poderosos!
Pues cantaré al Señor;
tocaré música para el Señor, Dios de Israel.
4 »Señor,
cuando saliste de Seir
y marchaste por los campos de Edom,
la tierra tembló,
y los cielos nublados derramaron lluvias torrenciales.
5 Las montañas temblaron ante la presencia del Señor,
Dios del monte Sinaí,
ante la presencia del Señor,
Dios de Israel.
6 »En
los días de Samgar, hijo de Anat,
y en los días de Jael,
la gente evitaba las rutas principales
y los viajeros no salían de los caminos sinuosos.
7 Ya quedaba poca gente en las aldeas de Israel,
hasta que Débora surgió como una madre para Israel.
8 Cuando Israel escogió nuevos dioses,
la guerra estalló a las puertas de la ciudad.
¡Sin embargo, no se veía ni un escudo ni una lanza
entre cuarenta mil guerreros de Israel!
9 Mi corazón está con los comandantes de Israel,
con los que se ofrecieron para la guerra.
¡Alabado sea el Señor!
10 »Piensen
en esto, ustedes que cabalgan en burros selectos,
ustedes que se sientan sobre elaboradas mantas de
caballo
y ustedes que andan por el camino.
11 Escuchen a los músicos de las aldeas,
que están reunidos junto a los abrevaderos.
Relatan las justas victorias del Señor
y los triunfos de sus aldeanos en Israel.
Entonces el pueblo del Señor
descendió a las puertas de la ciudad.
12 »¡Despierta,
Débora, despierta!
¡Despierta, despierta y entona un cántico!
¡Levántate, Barac!
¡Llévate a tus cautivos, hijo de Abinoam!
13 »De
Tabor descendieron los pocos para juntarse con los nobles;
el pueblo del Señor marchó colina abajo
contra poderosos guerreros.
14 Descendieron de Efraín,
tierra que antes pertenecía a los amalecitas;
te siguieron a ti, Benjamín, con tus tropas.
De Maquir los comandantes descendieron a paso de marcha;
desde Zabulón llegaron los que llevan el bastón de
mando.
15 Los príncipes de Isacar estuvieron con Débora y
Barac;
siguieron a Barac a toda prisa hasta el valle.
Pero en la tribu de Rubén
hubo gran indecisión.
16 ¿Por qué se quedaron sentados en su casa entre los
rediles,
para oír a los pastores silbar a sus rebaños?
Así es, en la tribu de Rubén
hubo gran indecisión.
17 Galaad permaneció al oriente del Jordán.
Y ¿por qué Dan se quedó en su casa?
Aser se sentó sin moverse a la orilla del mar,
y permaneció en sus puertos.
18 Pero Zabulón arriesgó la vida,
igual que Neftalí, en las alturas del campo de batalla.
19 »Los
reyes de Canaán llegaron y pelearon
en Taanac, cerca de los manantiales de Meguido,
pero no se llevaron tesoros de plata.
20 Desde el cielo lucharon las estrellas;
las estrellas en sus órbitas pelearon contra Sísara.
21 El río Cisón arrasó con ellos,
ese antiguo torrente llamado Cisón.
¡Marcha hacia adelante con valor, alma mía!
22 Luego los cascos de los caballos martillaron el
suelo:
el galope resonante de los poderosos corceles de
Sísara.
23 “Que sean malditos los habitantes de Meroz—dijo el
ángel del Señor—.
Que sean completamente malditos,
porque no vinieron para ayudar al Señor,
para ayudar al Señor contra los poderosos
guerreros”.
24 »La
más bendita entre las mujeres es Jael,
la esposa de Heber, el ceneo.
Bendita sea más que todas las mujeres que viven en
carpas.
25 Sísara le pidió agua,
y ella le dio leche.
En un tazón digno de nobles,
le trajo yogur.
26 Después tomó una estaca con la mano izquierda,
y con la derecha, el martillo del trabajador.
Golpeó a Sísara con el martillo y le aplastó la cabeza;
con un terrible golpe le atravesó las sienes.
27 Él se desplomó, cayó,
quedó inmóvil, tendido a sus pies;
y allí donde cayó,
quedó muerto.
28 »Por
la ventana se asomó la madre de Sísara.
Desde la ventana esperaba su regreso mientras decía:
“¿Por qué tarda tanto en llegar su carro?
¿Por qué no oímos el sonido de las ruedas del carro?”.
29 »Sus
sabias mujeres le responden,
y ella se repite estas palabras a sí misma:
30 “Seguramente están repartiendo el botín que
capturaron,
que tendrá una o dos mujeres para cada hombre.
Habrá túnicas llenas de todos los colores para Sísara,
y para mí, coloridas túnicas con bordados.
Seguro que en el botín hay
túnicas de colores y bordadas de ambos lados”.
31 »¡Señor,
que todos tus enemigos mueran como Sísara;
pero los que te aman, que se levanten como el sol
cuando brilla con toda su fuerza!».
Después hubo paz en la tierra durante cuarenta
años.
SALMOS 71
71 Oh Señor,
a ti acudo en busca de protección;
no permitas que me avergüencen.
2 Sálvame y rescátame,
porque tú haces lo que es correcto.
Inclina tu oído para escucharme
y ponme en libertad.
3 Sé tú mi roca de seguridad,
donde siempre pueda esconderme.
Da la orden de salvarme,
porque tú eres mi roca y mi fortaleza.
4 Dios mío, rescátame del poder de los perversos,
de las garras de los crueles opresores.
5 Oh Señor, solo tú eres mi esperanza;
en ti he confiado, oh Señor, desde mi niñez.
6 Así es, estás conmigo desde mi nacimiento;
me has cuidado desde el vientre de mi madre.
¡Con razón siempre te alabo!
7 Mi
vida es un ejemplo para muchos,
porque tú has sido mi fuerza y protección.
8 Por eso nunca puedo dejar de alabarte;
todo el día declaro tu gloria.
9 Y ahora, en mi vejez, no me hagas a un lado;
no me abandones cuando me faltan las fuerzas.
10 Pues mis enemigos murmuran contra mí
y juntos confabulan matarme.
11 Dicen: «Dios lo ha abandonado.
Vayamos y agarrémoslo,
porque ahora nadie lo ayudará».
12 Oh
Dios, no te quedes lejos;
Dios mío, por favor, apresúrate a ayudarme.
13 Trae deshonra y destrucción a los que me acusan;
humilla y avergüenza a los que quieren hacerme daño.
14 Seguiré con la esperanza de tu ayuda;
te alabaré más y más.
15 A todos les hablaré de tu justicia;
todo el día proclamaré tu poder salvador,
aunque no tengo facilidad de palabras.
16 Alabaré tus obras poderosas, oh Señor Soberano,
y les contaré a todos que solo tú eres justo.
17 Oh
Dios, tú me has enseñado desde mi tierna infancia,
y yo siempre les cuento a los demás acerca de tus
hechos maravillosos.
18 Ahora que estoy viejo y canoso,
no me abandones, oh Dios.
Permíteme proclamar tu poder a esta nueva generación,
tus milagros poderosos a todos los que vienen después
de mí.
19 Tu
justicia, oh Dios, alcanza los cielos más altos;
¡has hecho cosas tan maravillosas!
¿Quién se compara contigo, oh Dios?
20 Has permitido que sufra muchas privaciones,
pero volverás a darme vida
y me levantarás de las profundidades de la tierra.
21 Me restaurarás incluso a mayor honor
y me consolarás una vez más.
22 Entonces
te alabaré con música de arpa,
porque eres fiel a tus promesas, oh mi Dios.
Te cantaré alabanzas con la lira,
oh Santo de Israel.
23 Gritaré de alegría y cantaré tus alabanzas,
porque me redimiste.
24 Todo el día
hablaré de tus justas acciones,
porque todos los que trataron de hacerme daño
fueron humillados y avergonzados.
LA PROMESA SE CUMPLE
Estimado Lector:
Los capítulos 4 y 5 del libro de Jueces, junto
con el Salmo 71, narran la liberación de Israel de la opresión del rey cananeo
Jabín. Este proceso es dirigido por Débora, profetisa y jueza, y por Barac como
líder militar. En este contexto, se evidencia que Dios utiliza a personas
consideradas improbables para cumplir su propósito, demostrando que la victoria
no depende de la fuerza humana, sino de la fe y de su intervención.
Se destaca el papel de Débora como quien da
dirección e instrucción al pueblo. Sin embargo, también se observa que el
pueblo llega a pensar que la victoria dependía de su presencia. A pesar de esta
percepción, el desarrollo de los hechos muestra que Dios actúa de manera
soberana, utilizando a Jael, una mujer de la cual no se esperaba tal
intervención, para derrotar a Sísara. De esta manera, se cumple la promesa y se
confirma que el resultado no proviene del mérito humano, sino de la voluntad de
Dios.
El cántico de Débora, presentado en el capítulo
5, constituye una expresión de gratitud por la liberación alcanzada. En él se
exalta la intervención divina, la disposición de las tribus que participaron y
la acción decisiva de Jael. Este cántico resalta que la verdadera victoria
proviene de Dios, quien actúa en favor de su pueblo cuando este responde a su
dirección.
Asimismo, estos pasajes reflejan que una vida
alineada a la voluntad de Dios permite enfrentar y vencer aquello que oprime.
La intervención divina no solo responde a la necesidad del pueblo, sino que
también fortalece la fe, mostrando que el clamor y la confianza en Dios son
determinantes para superar el temor y la duda.
El Salmo 71 complementa esta enseñanza al
expresar una confianza continua en Dios como refugio y ayuda. Se resalta la
dependencia constante de su dirección y la seguridad de que Él sostiene y
responde en medio de las dificultades.
Aplicación:
Este mensaje resalta la importancia de confiar
plenamente en la dirección de Dios, reconociendo que la victoria no depende de
los recursos humanos. Se evidencia la necesidad de mantener la fe y el clamor
como elementos esenciales para enfrentar situaciones difíciles. Asimismo, se
destaca que Dios puede obrar a través de cualquier persona, por lo que no se
debe limitar su acción a expectativas humanas. Finalmente, se enfatiza la
importancia de vivir alineados a su voluntad, reconociendo que todo resultado
proviene de su gracia y no del mérito propio.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”