Abril 08 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 77
RUT 1-4
Elimelec traslada a su familia a Moab
1 En
los días en que los jueces gobernaban Israel, un hambre severa azotó la tierra.
Por eso, un hombre de Belén de Judá dejó su casa y se fue a vivir a la tierra
de Moab, junto con su esposa y sus dos hijos. 2 El
hombre se llamaba Elimelec, y el nombre de su esposa era Noemí. Sus dos hijos
se llamaban Mahlón y Quelión. Eran efrateos de Belén, en la tierra de Judá. Así
que cuando llegaron a Moab se establecieron allí.
3 Tiempo
después murió Elimelec, y Noemí quedó sola con sus dos hijos. 4 Ellos
se casaron con mujeres moabitas. Uno se casó con una mujer llamada Orfa y el
otro con una mujer llamada Rut. Pero unos diez años después 5 murieron
tanto Mahlón como Quelión. Entonces, Noemí quedó sola, sin sus dos hijos y sin
su esposo.
Noemí y Rut regresan a Judá
6 Estando
en Moab, Noemí se enteró de que el Señor había bendecido a su pueblo
en Judá al volver a darle buenas cosechas. Entonces Noemí y sus nueras se
prepararon para salir de Moab y regresar a su tierra natal. 7 Acompañada
por sus dos nueras, partió del lugar donde vivía y tomó el camino que las
llevaría de regreso a Judá.
8 Sin
embargo, ya puestas en camino, Noemí les dijo a sus dos nueras:
—Vuelva cada una a la casa de su madre, y que
el Señor las recompense por la bondad que mostraron a sus esposos y a
mí. 9 Que el Señor las bendiga con la
seguridad de un nuevo matrimonio.
Entonces les dio un beso de despedida y todas se
echaron a llorar desconsoladas.
10 —No—le
dijeron—, queremos ir contigo a tu pueblo.
11 Pero
Noemí respondió:
—¿Por qué habrían de continuar conmigo? ¿Acaso
puedo tener más hijos que crezcan y sean sus esposos? 12 No,
hijas mías, regresen a la casa de sus padres, porque ya soy demasiado vieja
para volverme a casar. Aunque fuera posible, y me casara esta misma noche y
tuviera hijos varones, entonces, ¿qué? 13 ¿Esperarían
ustedes hasta que ellos crecieran y se negarían a casarse con algún otro? ¡Por
supuesto que no, hijas mías! La situación es mucho más amarga para mí que para
ustedes, porque el Señor mismo ha levantado su puño contra mí.
14 Entonces
volvieron a llorar juntas y Orfa se despidió de su suegra con un beso, pero Rut
se aferró con firmeza a Noemí.
15 —Mira—le
dijo Noemí—, tu cuñada regresó a su pueblo y a sus dioses. Tú deberías hacer lo
mismo.
16 Pero
Rut respondió:
—No me pidas que te deje y regrese a mi pueblo. A
donde tú vayas, yo iré; dondequiera que tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi
pueblo, y tu Dios será mi Dios. 17 Donde tú mueras,
allí moriré y allí me enterrarán. ¡Que el Señor me castigue
severamente si permito que algo nos separe, aparte de la muerte!
18 Cuando
Noemí vio que Rut estaba decidida a irse con ella, no insistió más.
19 De
modo que las dos siguieron el viaje. Cuando entraron a Belén, todo el pueblo se
conmocionó por causa de su llegada.
—¿De verdad es Noemí?—preguntaban las mujeres.
20 —No
me llamen Noemí—contestó ella—. Más bien llámenme Mara, porque el
Todopoderoso me ha hecho la vida muy amarga. 21 Me
fui llena, pero el Señor me ha traído vacía a casa. ¿Por qué llamarme
Noemí cuando el Señor me ha hecho sufrir y el Todopoderoso ha
enviado semejante tragedia sobre mí?
22 Así
que Noemí regresó de Moab acompañada de su nuera Rut, la joven moabita.
Llegaron a Belén a fines de la primavera, al comienzo de la cosecha de la
cebada.
Rut trabaja en el campo de Booz
2 Había
en Belén un hombre rico y muy influyente llamado Booz que era pariente de
Elimelec, el esposo de Noemí.
2 Un
día Rut la moabita le dijo a Noemí:
—Déjame ir a los campos de cosecha a ver si
alguien en su bondad me permite recoger las espigas de grano dejadas atrás.
Noemí respondió:
—Está bien, hija mía, puedes ir.
3 Así
que Rut salió a recoger espigas detrás de los cosechadores, y resultó que lo
hizo en un campo que pertenecía a Booz, el pariente de su suegro, Elimelec.
4 Mientras
estaba allí, llegó Booz de Belén y saludó a los cosechadores:
—¡El Señor sea con ustedes!—les dijo.
—¡El Señor lo bendiga!—respondieron los
cosechadores.
5 Entonces
Booz le preguntó a su capataz:
—¿Quién es esa joven que veo allá? ¿De quién es?
6 Y
el capataz le contestó:
—Es la joven moabita que volvió con Noemí. 7 Esta
mañana me pidió permiso para recoger grano detrás de los segadores. Desde que
llegó no ha dejado de trabajar con esmero, excepto por unos momentos de
descanso en el refugio.
8 Booz
se acercó a Rut y le dijo:
—Escucha, hija mía. Quédate aquí mismo con
nosotros cuando recojas grano; no vayas a ningún otro campo. Sigue muy de cerca
a las jóvenes que trabajan en mi campo. 9 Fíjate en
qué parcela están cosechando y síguelas. Advertí a los hombres que no te traten
mal. Y cuando tengas sed, sírvete del agua que hayan sacado del pozo.
10 Entonces
Rut cayó a sus pies muy agradecida.
—¿Qué he hecho para merecer tanta bondad?—le
preguntó—. No soy más que una extranjera.
11 —Sí,
lo sé—respondió Booz—; pero también sé todo lo que has hecho por tu suegra
desde la muerte de tu esposo. He oído que dejaste a tu padre y a tu madre, y a
tu tierra natal, para vivir aquí entre gente totalmente desconocida. 12 Que
el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas viniste a refugiarte, te
recompense abundantemente por lo que hiciste.
13 —Espero
continuar siendo de su agrado, señor—respondió ella—. Usted me consoló al
hablarme con tanta bondad, aunque ni siquiera soy una de sus trabajadoras.
14 Después,
a la hora de comer, Booz la llamó:
—Ven aquí y sírvete de la comida. Puedes mojar tu
pan en el vinagre.
De modo que Rut se sentó junto a los
cosechadores, y Booz le dio a comer grano tostado. Ella comió todo lo que quiso
y hasta le sobró.
15 Cuando
Rut regresó a trabajar, Booz ordenó a sus trabajadores:
—Déjenla recoger espigas aun entre las gavillas,
y no se lo impidan. 16 Además, arranquen de los
manojos algunas espigas de cebada y déjenlas caer a propósito. ¡Permítanle
recogerlas y no la molesten!
17 Así
que Rut recogió cebada allí todo el día y cuando la desgranó por la tarde,
llenó toda una canasta. 18 Luego la cargó de vuelta
al pueblo y la mostró a su suegra. También le dio el grano tostado que le había
sobrado de su comida.
19 —¿Dónde
recogiste todo este grano hoy?—preguntó Noemí—. ¿Dónde trabajaste? ¡Que
el Señor bendiga al que te ayudó!
Entonces Rut le contó a su suegra acerca del
hombre en cuyo campo había trabajado. Le dijo:
—El hombre con quien trabajé hoy se llama Booz.
20 —¡Que
el Señor lo bendiga!—le dijo Noemí a su nuera—. Nos muestra su bondad
no solo a nosotras, sino también a tu marido que murió. Ese hombre es uno
de nuestros parientes más cercanos, uno de los redentores de nuestra familia.
21 Entonces
Rut dijo:
—Es más, Booz me dijo que volviera y me quedara
con sus trabajadores hasta que termine la cosecha.
22 —¡Excelente!—exclamó
Noemí—. Haz lo que te dijo, hija mía. Quédate con las jóvenes hasta que termine
la cosecha. En otros campos podrían molestarte, pero con él estarás segura.
23 De
modo que Rut trabajó junto a las mujeres en los campos de Booz y recogió grano
con ellas hasta el final de la cosecha de cebada. Luego siguió trabajando con
ellas durante la cosecha de trigo, a comienzos del verano. Y todo ese tiempo
vivió con su suegra.
Rut en el campo de trillar
3 Un
día Noemí le dijo a Rut:
—Hija mía, es tiempo de que yo te encuentre un
hogar permanente para que tengas un porvenir asegurado. 2 Booz
es nuestro pariente cercano, y él ha sido muy amable al dejarte recoger grano
con las jóvenes. Esta noche estará aventando cebada en el campo de
trillar. 3 Mira, haz lo que te digo. Báñate,
perfúmate y vístete con tu ropa más linda. Después baja al campo de trillar,
pero no dejes que Booz te vea hasta que termine de comer y de beber. 4 Fíjate
bien dónde se acuesta; después acércate a él, destapa sus pies y acuéstate
allí. Entonces él te dirá lo que debes hacer.
5 —Haré
todo lo que me dices—respondió Rut.
6 Así
que esa noche bajó al campo donde se trilla el grano y siguió las instrucciones
de su suegra.
7 Después
de que Booz terminó de comer y de beber y estuvo de buen ánimo, se acostó al
otro extremo del montón de grano y se durmió. Entonces Rut se acercó sin hacer
ruido, le destapó los pies y se acostó. 8 Alrededor
de la medianoche, Booz se despertó de pronto y se dio vuelta. Entonces se
sorprendió, ¡al encontrar a una mujer acostada a sus pies!
9 —¿Quién
eres?—preguntó.
—Soy Rut, su sierva—contestó ella—. Extienda
sobre mí el borde de su manto ya que usted es el redentor de mi familia.
10 —¡El Señor te
bendiga, hija mía!—exclamó Booz—. Muestras aún más lealtad familiar ahora que
antes, pues no has ido tras algún hombre más joven, sea rico o pobre. 11 Ahora,
hija mía, no te preocupes por nada. Yo haré lo que sea necesario, porque todo
el pueblo sabe que eres una mujer virtuosa. 12 Pero
aunque es cierto que yo soy uno de los redentores de tu familia, hay un
pariente más cercano que yo. 13 Quédate aquí esta
noche, y por la mañana hablaré con él. Si está dispuesto a redimirte, muy bien;
que se case contigo. Pero si no está dispuesto a hacerlo, entonces, ¡tan cierto
como que el Señor vive, yo mismo te redimiré! Ahora acuéstate aquí
hasta la mañana.
14 Entonces
Rut se acostó a los pies de Booz hasta la mañana, pero ella se levantó muy
temprano, antes de que hubiera suficiente luz para que una persona pudiera
reconocer a otra; pues Booz había dicho:
—Nadie debe saber que estuvo una mujer aquí en el
campo de trillar.
15 Luego
Booz le dijo:
—Trae tu manto y extiéndelo.
Entonces él midió seis medidas de cebada
sobre el manto y lo colocó sobre las espaldas de ella. Después él regresó
al pueblo.
16 Cuando
Rut volvió a donde estaba su suegra, Noemí le preguntó:
—¿Qué sucedió, hija mía?
Rut le contó a Noemí todo lo que Booz había hecho
por ella 17 y agregó:
—Me dio estas seis medidas de cebada y dijo: “No
vuelvas a tu suegra con las manos vacías”.
18 Entonces
Noemí le dijo:
—Ten paciencia, hija mía, hasta que sepamos lo
que pasa. El hombre no descansará hasta dejar resuelto el asunto hoy mismo.
Booz se casa con Rut
4 Booz
fue a la puerta de la ciudad y allí se sentó. En ese momento, pasó por ese
lugar el redentor de la familia que Booz había mencionado, así que lo llamó:
—Amigo, ven, siéntate aquí. Quiero hablar
contigo.
Así que se sentaron juntos. 2 Enseguida
Booz llamó a diez líderes del pueblo y les pidió que se sentaran allí como
testigos. 3 Entonces Booz le dijo al redentor de la
familia:
—Tú conoces a Noemí, la que volvió de Moab. Está
por vender el terreno que pertenecía a Elimelec, nuestro pariente. 4 Pensé
que yo debía hablar contigo para que pudieras redimir la tierra si deseas
hacerlo. Si quieres la tierra, entonces cómprala ahora en presencia de estos
testigos. Pero si no quieres la tierra, házmelo saber ahora mismo, porque,
después de ti, soy el pariente más cercano para redimirla.
El hombre respondió:
—Muy bien, yo la redimo.
5 Entonces
le dijo Booz:
—Por supuesto, al comprar tú la tierra de Noemí,
estás obligado a casarte con Rut, la viuda moabita. De esta manera ella podrá
tener hijos que lleven el nombre de su esposo y así conservar la tierra para su
familia.
6 —Entonces
no puedo redimir la tierra—respondió el pariente redentor—porque esto pondría
en peligro mi propia herencia. Redime tú la tierra; yo no lo puedo hacer.
7 En
esos días era costumbre en Israel que cualquiera que transfiriera un derecho de
compra se quitara la sandalia y se la entregara a la otra parte. Esto hacía
válida la transacción de una manera pública. 8 Entonces
el otro redentor de la familia se quitó la sandalia mientras le decía a Booz:
—Compra tú la tierra.
9 Entonces
Booz les dijo a los ancianos y a la gente que estaba alrededor:
—Ustedes son testigos de que hoy le compré a
Noemí toda la propiedad de Elimelec, Quelión y Mahlón. 10 Además,
junto con la tierra adquirí a Rut, la viuda moabita de Mahlón, para que sea mi
esposa. De este modo ella podrá tener un hijo para que el nombre de la familia
de su difunto esposo continúe y herede aquí, en su pueblo natal, la propiedad
de su familia. Hoy todos ustedes son testigos.
11 Entonces
los ancianos y toda la gente que estaba en la puerta respondieron:
—¡Somos testigos! ¡Que el Señor haga
que esta mujer que va a ser parte de tu hogar sea como Raquel y Lea, de quienes
descendió toda la nación de Israel! Que prosperes en Efrata y que seas famoso
en Belén. 12 Y que el Señor te dé
descendientes por medio de esta joven que sean como los de nuestro antepasado
Fares, el hijo de Tamar y Judá.
Los descendientes de Booz
13 Así
que Booz llevó a Rut a su casa y la hizo su esposa. Cuando se acostó con ella,
el Señor permitió que quedara embarazada y diera a luz un hijo. 14 Entonces
las mujeres del pueblo le dijeron a Noemí: «¡Alabado sea el Señor, que te
ha dado ahora un redentor para tu familia! Que este niño sea famoso en
Israel. 15 Que él restaure tu juventud y te cuide
en tu vejez. ¡Pues es el hijo de tu nuera que te ama y que te ha tratado mejor
que siete hijos!».
16 Entonces
Noemí tomó al niño, lo abrazó contra su pecho y cuidó de él como si fuera su
propio hijo. 17 Las vecinas decían: «¡Por fin ahora
Noemí tiene nuevamente un hijo!». Y le pusieron por nombre Obed. Él llegó a ser
el padre de Isaí y abuelo de David.
18 Este
es el registro genealógico de su antepasado Fares:
Fares fue el padre de Hezrón.
19 Hezrón
fue el padre de Ram.
Ram fue el padre de Aminadab.
20 Aminadab
fue el padre de Naasón.
Naasón fue el padre de Salmón.
21 Salmón
fue el padre de Booz.
Booz fue el padre de Obed.
22 Obed
fue el padre de Isaí.
Isaí fue el padre de David.
SALMOS 77
Para Jedutún, director del coro:
salmo de Asaf.
77 Clamo
a Dios: sí, a gritos.
¡Oh, si Dios me escuchara!
2 Cuando estaba en graves dificultades,
busqué al Señor.
Toda la noche oré con las manos levantadas hacia el cielo,
pero mi alma no encontró consuelo.
3 Pienso en Dios y gimo,
abrumado de tanto anhelar su ayuda. Interludio
4 No
me dejas dormir;
¡estoy tan afligido que ni siquiera puedo orar!
5 Pienso en los viejos tiempos,
que acabaron hace tanto,
6 cuando mis noches estaban llenas de alegres canciones.
Ahora busco en mi alma y considero la diferencia.
7 ¿Me habrá rechazado para siempre el Señor?
¿Nunca más volverá a ser bondadoso conmigo?
8 ¿Se ha ido para siempre su amor inagotable?
¿Han dejado de cumplirse sus promesas para siempre?
9 ¿Se ha olvidado Dios de ser bondadoso?
¿Habrá cerrado de un portazo la entrada a su
compasión? Interludio
10 Y
yo digo: «Este es mi destino;
el Altísimo volvió su mano contra mí».
11 Pero después me acuerdo de todo lo que has hecho,
oh Señor;
recuerdo tus obras maravillosas de tiempos pasados.
12 Siempre están en mis pensamientos;
no puedo dejar de pensar en tus obras poderosas.
13 Oh
Dios, tus caminos son santos.
¿Existe algún dios tan poderoso como tú?
14 ¡Eres el Dios de grandes maravillas!
Demuestras tu asombroso poder entre las naciones.
15 Con tu fuerte brazo, redimiste a tu pueblo,
los descendientes de Jacob y de José. Interludio
16 Cuando
el mar Rojo te vio, oh Dios,
sus aguas miraron y temblaron;
el mar se estremeció hasta las profundidades.
17 Las nubes derramaron lluvia;
el trueno retumbó en el cielo;
tus flechas destellaron como rayos.
18 Tu trueno rugió desde el torbellino;
¡los relámpagos iluminaron el mundo!
La tierra tembló y se estremeció.
19 Te abriste camino a través del mar
y tu sendero atravesó las poderosas aguas,
¡una senda que nadie sabía que estaba allí!
20 Guiaste a tu pueblo por ese camino como a un rebaño
de ovejas,
con Moisés y Aarón de pastores.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
En el libro de Rut, una familia israelita sufre
una trágica pérdida y Dios utiliza la fidelidad de una mujer no israelita para
restaurar la familia de David.
UN PLAN DIVINO PARA UNA MUJER MOABITA
Estimado lector:
El libro de Rut se sitúa en el periodo de los
jueces, una etapa caracterizada por la inestabilidad social, moral y espiritual
en Israel. En medio de este contexto adverso, la historia presenta un contraste
significativo al destacar la fidelidad individual y la gracia de Dios obrando
de manera soberana. A diferencia del desorden generalizado de la época, este
relato evidencia cómo la obediencia, la lealtad y la confianza en Dios pueden
conducir a propósitos mayores.
La narración inicia con una familia israelita
que, a causa del hambre, decide trasladarse de Belén a Moab. Elimelec, junto
con su esposa Noemí y sus hijos Mahlón y Quelión, se establecen en esa tierra
extranjera. Sin embargo, la situación se torna crítica cuando Elimelec muere y,
posteriormente, también fallecen sus hijos, quienes se habían casado con
mujeres moabitas. Esta serie de pérdidas deja a Noemí en una condición de
vulnerabilidad junto a sus nueras, Rut y Orfa.
Ante esta situación, Noemí decide regresar a
Belén. Rut, en un acto de lealtad y compromiso, opta por acompañarla,
renunciando a su tierra y a sus costumbres. Ya en Belén, Rut comienza a
trabajar recogiendo espigas en los campos de Booz, un pariente de la familia de
Noemí. Booz reconoce su actitud y muestra bondad hacia ella, brindándole
protección y provisión. Este hecho marca el inicio de un proceso guiado por la
providencia divina.
Noemí, consciente de la figura del redentor
familiar, orienta a Rut para acercarse a Booz conforme a las costumbres de la
época. Rut actúa con respeto y sabiduría, y Booz responde con integridad,
manifestando su disposición de cumplir con su responsabilidad, aunque reconoce
la existencia de un pariente con prioridad legal. Posteriormente, al resolverse
esta situación ante los líderes del pueblo, Booz asume el papel de redentor,
contrae matrimonio con Rut y juntos tienen un hijo, Obed, quien llegaría a ser
abuelo del rey David.
Este relato resalta valores fundamentales como la
lealtad, la fe, la valentía y la sabiduría en la toma de decisiones. Asimismo,
pone en evidencia que la fidelidad en lo cotidiano puede formar parte de un
plan divino mayor. En complemento, el Salmo 77 expresa la importancia de
recordar las obras de Dios en medio de la angustia, mostrando que la memoria de
su fidelidad pasada puede traer consuelo y fortalecer la confianza en tiempos
de dificultad.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”