Abril 12 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 81
1 SAMUEL 13 - 14
Guerra constante contra los filisteos
13 Saúl
tenía treinta años cuando subió al trono, y reinó durante cuarenta y dos
años.
2 Saúl
eligió a tres mil soldados selectos del ejército de Israel y mandó a los demás
hombres a casa. Llevó consigo a dos mil de los hombres escogidos a Micmas y a
la zona montañosa de Betel. Los otros mil fueron con Jonatán, el hijo de Saúl,
a Guibeá en la tierra de Benjamín.
3 Poco
tiempo después, Jonatán atacó y derrotó la guarnición de los filisteos en Geba.
La noticia corrió rápidamente entre los filisteos. Entonces Saúl tocó el cuerno
de carnero por toda la tierra, y dijo: «¡Hebreos, escuchen esto! ¡Levántense!
¡Sublévense!». 4 Así que todo Israel oyó la noticia
que Saúl había destruido la guarnición filistea en Geba y que ahora los
filisteos odiaban a los israelitas más que nunca. Entonces todo el ejército
israelita fue llamado para unirse a Saúl en Gilgal.
5 Los
filisteos reunieron un ejército poderoso de tres mil carros de guerra,
seis mil hombres para conducirlos, y ¡tantos guerreros como los granos de arena
a la orilla del mar! Acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén. 6 Los
hombres de Israel vieron el gran aprieto en el que se encontraban y, como
estaban fuertemente presionados por el enemigo, trataron de esconderse en
cuevas, matorrales, rocas, hoyos y cisternas. 7 Algunos
cruzaron el río Jordán y escaparon a la tierra de Gad y de Galaad.
Desobediencia de Saúl y reproche de
Samuel
Mientras tanto, Saúl se quedó en Gilgal, y sus
hombres temblaban de miedo. 8 Durante siete días
Saúl esperó allí, según las instrucciones de Samuel, pero aun así Samuel no
llegaba. Saúl se dio cuenta de que sus tropas habían comenzado a
desertar, 9 de modo que ordenó: «¡Tráiganme la
ofrenda quemada y las ofrendas de paz!». Y Saúl mismo sacrificó la ofrenda
quemada.
10 Precisamente
cuando Saúl terminaba de sacrificar la ofrenda quemada, llegó Samuel. Saúl
salió a recibirlo, 11 pero Samuel preguntó:
—¿Qué has hecho?
Saúl le contestó:
—Vi que mis hombres me abandonaban, y que tú no
llegabas cuando prometiste, y que los filisteos ya están en Micmas, listos para
la batalla. 12 Así que dije: “¡Los filisteos están
listos para marchar contra nosotros en Gilgal, y yo ni siquiera he pedido ayuda
al Señor!”. De manera que me vi obligado a ofrecer yo mismo la ofrenda
quemada antes de que tú llegaras.
13 —¡Qué
tontería!—exclamó Samuel—. No obedeciste al mandato que te dio el Señor tu
Dios. Si lo hubieras obedecido, el Señor habría establecido tu
reinado sobre Israel para siempre. 14 Pero ahora tu
reino tiene que terminar, porque el Señor ha buscado a un hombre
conforme a su propio corazón. El Señor ya lo ha nombrado para ser
líder de su pueblo, porque tú no obedeciste el mandato del Señor.
Desventaja militar de Israel
15 Después
Samuel salió de Gilgal y siguió su camino, pero el resto de las tropas fue con
Saúl a encontrarse con el ejército. De Gilgal subieron a Guibeá en la tierra de
Benjamín. Cuando Saúl contó los hombres que todavía estaban con él,
¡descubrió que solo quedaban seiscientos! 16 Saúl,
Jonatán y las tropas acampaban en Geba, en la tierra de Benjamín; mientras que
los filisteos levantaron su campamento en Micmas. 17 Tres
destacamentos de asalto pronto salieron del campamento de los filisteos. Uno
fue al norte hacia Ofra, en la tierra de Sual; 18 otro
fue al occidente, a Bet-horón, y el tercero avanzó hacia la frontera sobre el
valle de Seboim, cerca del desierto.
19 No
había herreros en la tierra de Israel en esos días. Los filisteos no los
permitían, por miedo a que forjaran espadas y lanzas para los hebreos. 20 Entonces
cada vez que los israelitas necesitaban afilar sus rejas de arado, picos,
hachas y hoces, tenían que llevarlos a un herrero filisteo. 21 Lo
que cobraban era lo siguiente: ocho gramos de plata por afilar una reja de
arado o un pico, y cuatro gramos por afilar un hacha o hacer la punta de
una aguijada para bueyes. 22 Por eso el día de la
batalla, nadie del pueblo de Israel tenía espada o lanza, excepto Saúl y
Jonatán.
23 El
paso de Micmas, mientras tanto, había sido asegurado por un contingente del
ejército filisteo.
Plan intrépido de Jonatán
14 Cierto
día, Jonatán le dijo a su escudero: «Ven, vamos a donde está la avanzada de los
filisteos». Pero Jonatán no le dijo a su padre lo que pensaba hacer.
2 Mientras
tanto, Saúl y sus seiscientos hombres acamparon en las afueras de Guibeá
alrededor del árbol de granadas de Migrón. 3 Entre
los hombres de Saúl estaba Ahías, el sacerdote, que vestía el efod, el chaleco
sacerdotal. Ahías era hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo
de Elí, sacerdote del Señor que había servido en Silo.
Nadie se dio cuenta de que Jonatán había dejado
el campamento israelita. 4 Para llegar al puesto de
avanzada de los filisteos, Jonatán tuvo que descender de entre dos peñascos
llamados Boses y Sene. 5 Un peñasco estaba al
norte, frente a Micmas; el otro estaba al sur, delante de Geba.
6 —Crucemos
hasta la avanzada de esos paganos—le dijo Jonatán a su escudero—. Tal vez
el Señor nos ayude, porque nada puede detener al Señor. ¡Él
puede ganar la batalla ya sea que tenga muchos guerreros o solo unos cuantos!
7 —Haz
lo que mejor te parezca—respondió el escudero—. Estoy contigo, decidas lo que
decidas.
8 —Muy
bien—le dijo Jonatán—. Cruzaremos y dejaremos que nos vean. 9 Si
nos dicen: “Quédense donde están o los mataremos”, entonces nos detendremos y
no subiremos hacia ellos. 10 Pero si nos dicen:
“Suban y peleen”, entonces subiremos. Esa será la señal del Señor de
que nos ayudará a derrotarlos.
11 Cuando
los filisteos vieron que se acercaban, gritaron: «¡Miren, los hebreos salen de
sus escondites!». 12 Entonces los hombres de la
avanzada le gritaron a Jonatán: «¡Suban aquí y les daremos una lección!».
«Vamos, sube detrás de mí—le dijo Jonatán a su
escudero—, ¡porque el Señor nos ayudará a derrotarlos!».
13 Así
que escalaron usando pies y manos. Entonces los filisteos caían ante Jonatán, y
su escudero mataba a los que venían por detrás. 14 Mataron
a unos veinte hombres en total, y sus cuerpos quedaron dispersos en un espacio
de cuarta hectárea.
15 De
repente, el ejército de los filisteos se llenó de pánico, tanto los que estaban
en el campamento como los que estaban en el campo, hasta las avanzadas y los
destacamentos de asalto. Y en ese preciso momento hubo un terremoto, y todos
quedaron aterrorizados.
Israel derrota a los filisteos
16 Entonces
los centinelas de Saúl en Guibeá de Benjamín vieron algo muy extraño: el
inmenso ejército filisteo comenzó a dispersarse en todas direcciones. 17 «Pasen
lista y averigüen quién falta», ordenó Saúl. Y cuando hicieron el recuento,
descubrieron que Jonatán y su escudero no estaban.
18 Entonces
Saúl le gritó a Ahías: «¡Trae el efod aquí!». Pues en ese tiempo Ahías llevaba
puesto el efod delante de los israelitas. 19 Pero
mientras Saúl hablaba con el sacerdote, la confusión en el campamento de los
filisteos era cada vez más fuerte. Entonces Saúl le dijo al sacerdote: «No
importa, ¡vamos ya!».
20 Enseguida
Saúl y sus hombres corrieron a la batalla y encontraron que los filisteos
estaban matándose unos a otros. Había una terrible confusión en todas
partes. 21 Aun los hebreos, que anteriormente se
habían unido al ejército filisteo, se rebelaron y se unieron a Saúl, a Jonatán
y al resto de los israelitas. 22 De igual manera,
los hombres de Israel que estaban escondidos en la zona montañosa de Efraín,
cuando vieron que los filisteos huían, se unieron a la persecución. 23 Así
que en ese día el Señor salvó a Israel, y la recia batalla se
extendió aún más allá de Bet-avén.
Juramento necio de Saúl
24 Ahora
bien, ese día los hombres de Israel quedaron agotados porque Saúl los había
puesto bajo juramento diciendo: «Que caiga una maldición sobre cualquiera que
coma antes del anochecer, antes de que me vengue por completo de mis enemigos».
De manera que nadie comió nada en todo el día, 25 aun
cuando en el suelo del bosque todos habían encontrado panales de miel. 26 Así
que no se atrevieron a tocar la miel por miedo al juramento que habían hecho.
27 Pero
Jonatán no había escuchado la orden de su padre, y metió la punta de su vara en
un panal y comió la miel. Después de haberla comido, cobró nuevas fuerzas. 28 Pero
uno de los hombres lo vio y le dijo:
—Tu padre obligó al ejército que hiciera un
juramento estricto que cualquiera que comiera algún alimento hoy sería maldito.
Por eso todos están cansados y desfallecidos.
29 —¡Mi
padre nos ha creado dificultades a todos!—exclamó Jonatán—. Una orden como esa
solo puede causarnos daño. ¡Miren cómo he cobrado nuevas fuerzas después de
haber comido un poco de miel! 30 Si a los hombres
se les hubiera permitido comer libremente del alimento que encontraran entre
nuestros enemigos, ¡imagínese a cuántos filisteos más habríamos podido matar!
31 Así
que los israelitas persiguieron y mataron a los filisteos todo el día desde
Micmas hasta Ajalón, pero los soldados iban debilitándose. 32 Esa
noche se apresuraron a echar mano del botín y mataron ovejas, cabras, ganado y
becerros, pero los comieron sin escurrirles la sangre. 33 Entonces
alguien le informó a Saúl:
—Mira, los hombres están pecando contra el Señor al
comer carne que todavía tiene sangre.
—¡Eso está muy mal!—dijo Saúl—. Busquen una
piedra grande y háganla rodar hasta aquí. 34 Luego
vayan entre las tropas y díganles: “Tráiganme el ganado, las ovejas y las
cabras. Mátenlos aquí y escúrranles la sangre antes de comérselos. No pequen
contra el Señor al comer carne que aún tiene sangre”.
Así que esa noche las tropas llevaron sus
animales y los mataron allí. 35 Luego Saúl
construyó un altar al Señor; fue el primer altar que él le construyó
al Señor.
36 Después
Saúl dijo:
—Persigamos a los filisteos toda la noche y
saqueemos sus bienes hasta el amanecer. Destruyamos hasta el último hombre.
Sus hombres respondieron:
—Haremos lo que mejor te parezca.
Pero el sacerdote dijo:
—Primero consultemos a Dios.
37 Entonces
Saúl le preguntó a Dios:
—¿Debemos perseguir a los filisteos? ¿Nos
ayudarás a derrotarlos?
Pero Dios no respondió ese día.
38 Entonces
Saúl les dijo a los líderes:
—¡Algo anda mal! Que vengan aquí todos los
comandantes de mi ejército. Debemos descubrir qué pecado se ha cometido
hoy. 39 Juro por el nombre del Señor, quien
rescató a Israel, que el pecador morirá, ¡aun si fuera mi propio hijo Jonatán!
Pero nadie se atrevía a decirle cuál era el
problema.
40 Entonces
Saúl dijo:
—Jonatán y yo nos pondremos aquí, y todos ustedes
se pondrán allá.
Y el pueblo respondió a Saúl:
—Lo que mejor te parezca.
41 Entonces
Saúl oró:
—Oh Señor, Dios de Israel, por favor,
muéstranos quién es culpable y quién es inocente.
Entonces hicieron un sorteo sagrado, y Jonatán y
Saúl fueron señalados como los culpables, y los demás declarados inocentes.
42 Después
dijo Saúl:
—Ahora hagan otro sorteo para señalar si es
Jonatán o soy yo.
Entonces, Jonatán fue indicado como el culpable.
43 —Dime
lo que has hecho—le preguntó Saúl a Jonatán.
—Probé un poco de miel—admitió Jonatán—. Fue solo
un poco en la punta de mi vara. ¿Merece eso la muerte?
44 —Sí,
Jonatán—dijo Saúl—, ¡debes morir! Que Dios me castigue e incluso me mate si no
mueres por esto.
45 Pero
la gente intervino y le dijo a Saúl:
—Jonatán ganó esta gran victoria para Israel.
¿Debe morir? ¡De ningún modo! Tan cierto como que el Señor vive, que
ni un solo cabello de su cabeza será tocado, porque hoy Dios lo ayudó a hacer
esta gran proeza.
De modo que la gente salvó a Jonatán de la
muerte.
46 Entonces
Saúl llamó a su ejército y no persiguieron más a los filisteos, y los filisteos
volvieron a sus casas.
Victorias militares de Saúl
47 Cuando
Saúl aseguró su posición de rey sobre Israel, peleó contra sus enemigos en
todas las direcciones: contra Moab, Amón, Edom, los reyes de Soba y los
filisteos. Y dondequiera que iba, obtenía la victoria. 48 Realizó
grandes proezas y conquistó a los amalecitas y así salvó a Israel de todos
aquellos que lo habían saqueado.
49 Los
hijos de Saúl eran Jonatán, Is-boset y Malquisúa. También tuvo dos hijas,
Merab, la mayor, y Mical. 50 La esposa de Saúl era
Ahinoam, la hija de Ahimaas. El comandante del ejército de Saúl era Abner, hijo
de Ner, tío de Saúl. 51 Cis, el padre de Saúl, y
Ner, el padre de Abner, eran hijos de Abiel.
52 Los
israelitas pelearon constantemente con los filisteos durante toda la vida de
Saúl. Así que cada vez que Saúl veía a un joven fuerte y valiente, lo reclutaba
en su ejército.
SALMOS 81
Para el director del coro: salmo de
Asaf; acompáñese con instrumento de cuerda.
81 Entonen
alabanzas a Dios, nuestra fuerza;
canten al Dios de Jacob.
2 ¡Canten! Toquen la pandereta.
Hagan sonar la dulce lira y el arpa.
3 ¡Toquen el cuerno de carnero en la luna nueva
y otra vez en la luna llena, para convocar a un
festival!
4 Pues los decretos de Israel así lo exigen;
es una ordenanza del Dios de Jacob.
5 Él lo hizo ley para Israel
cuando atacó a Egipto para ponernos en libertad.
Oí una voz desconocida que decía:
6 «Ahora quitaré la carga de tus hombros;
liberaré tus manos de las tareas pesadas.
7 Clamaste a mí cuando estabas en apuros, y yo te salvé;
respondí desde el nubarrón
y puse a prueba tu fe cuando no había agua en
Meriba. Interludio
8 »Escúchame,
pueblo mío, en tanto te doy severas advertencias.
¡Oh Israel, si tan solo me escucharas!
9 Jamás debes tener un dios extranjero;
nunca debes inclinarte frente a un dios falso.
10 Pues fui yo, el Señor tu Dios,
quien te rescató de la tierra de Egipto.
Abre bien tu boca, y la llenaré de cosas buenas.
11 »Pero
no, mi pueblo no quiso escuchar;
Israel no quiso que estuviera cerca.
12 Así que dejé que siguiera sus tercos deseos
y que viviera según sus propias ideas.
13 ¡Oh, si mi pueblo me escuchara!
¡Oh, si Israel me siguiera y caminara por mis senderos!
14 ¡Qué rápido sometería a sus adversarios!
¡Qué pronto pondría mis manos sobre sus enemigos!
15 Los que odian al Señor se arrastrarían
delante de él;
quedarían condenados para siempre.
16 Pero a ustedes los alimentaría con el mejor trigo;
los saciaría con miel silvestre de la roca».
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”