Abril 25 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 94
1 REYES 1 - 3
David en su vejez
1 El
rey David era ya muy anciano y, por más frazadas que le ponían, no podía entrar
en calor. 2 Así que sus consejeros le dijeron:
«Busquemos una joven virgen que lo atienda y lo cuide, mi señor; dormirá en sus
brazos y le quitará el frío».
3 Entonces
buscaron una muchacha hermosa por toda la tierra de Israel y encontraron a
Abisag, de Sunem, y se la llevaron al rey. 4 La
joven era muy hermosa; cuidaba al rey y lo atendía, pero el rey no tuvo
relaciones sexuales con ella.
Adonías reclama el trono
5 Por
ese tiempo, Adonías, hijo de David, cuya madre era Haguit, comenzó a jactarse
diciendo: «Voy a proclamarme rey». Así que consiguió carros de guerra con sus
conductores y reclutó cincuenta hombres para que corrieran delante de él. 6 Ahora
bien, su padre, el rey David, jamás lo había disciplinado, ni siquiera le
preguntaba: «¿Por qué haces esto o aquello?». Adonías había nacido después de
Absalón y era muy apuesto.
7 Adonías
se apoyó en Joab, hijo de Sarvia, y en el sacerdote Abiatar, y ellos aceptaron
ayudarlo a llegar a ser rey. 8 Sin embargo, el
sacerdote Sadoc y Benaía, hijo de Joiada, junto con el profeta Natán, Simei,
Rei y la guardia personal de David se negaron a ayudar a Adonías.
9 Adonías
se dirigió a la peña de Zohélet, cerca del manantial de En-rogel, y allí
sacrificó ovejas, ganado y terneros engordados. Invitó a todos sus hermanos—los
demás hijos del rey David—y a todos los funcionarios reales de Judá; 10 pero
no invitó al profeta Natán, ni a Benaía, ni a la guardia personal del rey, ni a
su hermano Salomón.
11 Entonces
Natán fue a ver a Betsabé, la madre de Salomón, y le preguntó: «¿No te has
enterado de que el hijo de Haguit, Adonías, se proclamó rey, y nuestro señor
David ni siquiera lo sabe? 12 Si deseas salvar tu
vida y la de tu hijo Salomón, sigue mi consejo. 13 Ve
ya mismo a ver al rey David y dile: “Mi señor el rey, ¿acaso no me hiciste un
juramento cuando me dijiste: ‘Definitivamente tu hijo Salomón será el próximo
rey y se sentará en mi trono’? Entonces, ¿por qué Adonías se ha proclamado
rey?”. 14 Y mientras tú aún estés hablando con el
rey, yo llegaré y confirmaré todo lo que le has dicho».
15 Entonces
Betsabé entró en la habitación del rey. (David era ya muy viejo y Abisag lo
cuidaba). 16 Betsabé se inclinó ante él.
—¿En qué te puedo ayudar?—le preguntó el rey.
17 Ella
le contestó:
—Mi señor, usted hizo un juramento delante
del Señor su Dios cuando me dijo: “Te aseguro que tu hijo Salomón
será el próximo rey y se sentará en mi trono”. 18 Sin
embargo, Adonías se proclamó rey, y mi señor el rey ni siquiera se ha
enterado. 19 Ha sacrificado gran cantidad de
ganado, terneros engordados y ovejas, y ha invitado a todos los hijos del rey a
la celebración. También invitó al sacerdote Abiatar y a Joab, comandante del
ejército, pero no invitó a su siervo Salomón. 20 Y
ahora, mi señor el rey, todo Israel está esperando que usted anuncie quién será
el próximo rey. 21 Si no toma alguna medida, mi
hijo Salomón y yo seremos tratados como criminales en cuanto mi señor el rey
haya muerto.
22 Mientras
ella aún hablaba con el rey, llegó el profeta Natán. 23 Los
funcionarios del rey le informaron: «El profeta Natán está aquí y quiere
verlo».
Entonces Natán entró y se inclinó ante el rey con
el rostro en tierra 24 y le preguntó al rey: «Mi
señor el rey, ¿ya has decidido que sea Adonías el próximo rey que se siente en
tu trono? 25 Hoy él sacrificó gran cantidad de
ganado, terneros engordados y ovejas, e invitó a todos los hijos del rey a la
celebración. También invitó a los comandantes del ejército y al sacerdote
Abiatar. Ahora están festejando y bebiendo con él, y gritan: “¡Que viva el rey
Adonías!”; 26 pero a mí no me invitó, ni al
sacerdote Sadoc, ni a Benaía, ni a tu siervo Salomón. 27 ¿Acaso
mi señor el rey ha hecho esto sin informar a ninguno de sus funcionarios acerca
de quién sería el próximo rey?».
David proclama rey a Salomón
28 Entonces
el rey David respondió: «¡Llamen a Betsabé!». Así que Betsabé volvió a entrar y
se quedó de pie delante del rey, 29 y el rey
repitió su juramento:
—Tan cierto como que el Señor vive y me
ha rescatado de todo peligro, 30 tu hijo Salomón
será el próximo rey y se sentará en mi trono este mismo día, tal como te lo
juré delante del Señor, Dios de Israel.
31 Entonces
Betsabé se inclinó ante el rey con el rostro en tierra y exclamó:
—¡Que viva por siempre mi señor, el rey David!
32 Entonces
el rey David ordenó: «Llamen al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaía,
hijo de Joiada». Cuando ellos llegaron a la presencia del rey, 33 él
les dijo:
—Lleven a Salomón y a mis funcionarios hasta el
manantial de Gihón. Salomón irá montado en mi mula. 34 Una
vez allí, el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo ungirán rey de Israel. Hagan
sonar el cuerno de carnero y griten: “¡Que viva el rey Salomón!”. 35 Luego
escóltenlo de regreso, y él se sentará en mi trono. Él me sucederá en el trono,
porque yo lo he nombrado para que sea gobernante de Israel y de Judá.
36 —¡Amén!—respondió
Benaía, hijo de Joiada—. Que el Señor, Dios de mi señor el rey, ordene que
así sea. 37 Que el Señor esté con Salomón
así como ha estado contigo, mi señor el rey, ¡y que engrandezca el reino de
Salomón aún más que el suyo!
38 Entonces
el sacerdote Sadoc y el profeta Natán junto con Benaía, hijo de Joiada, y la
guardia personal del rey llevaron a Salomón hasta el manantial de Gihón; y
Salomón iba montado en la mula que pertenecía al rey David. 39 Allí
el sacerdote Sadoc tomó de la carpa sagrada el frasco de aceite de oliva, y
ungió a Salomón con el aceite. Luego hicieron sonar el cuerno de carnero, y
toda la gente gritó: «¡Que viva el rey Salomón!». 40 Toda
la multitud siguió a Salomón hasta Jerusalén, tocando flautas y gritando de
alegría. La celebración estaba tan alegre y estruendosa que el sonido hacía
temblar la tierra.
41 Adonías
y sus invitados escucharon la celebración y los gritos casi al terminar el
banquete. Cuando Joab oyó el sonido del cuerno de carnero, preguntó: «¿Qué está
pasando? ¿Por qué hay tanto alboroto en la ciudad?».
42 No
había terminado de hablar, cuando llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar.
—Entra—le dijo Adonías—, porque eres un hombre
bueno. Seguramente traes buenas noticias.
43 —¡Para
nada!—respondió Jonatán—. ¡Nuestro señor, el rey David, acaba de proclamar rey
a Salomón! 44 El rey lo envió al manantial de Gihón
con el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, y Benaía, hijo de Joiada, e iban
protegidos por la guardia personal del rey. Montaron a Salomón en la mula del
rey 45 y Sadoc y Natán lo ungieron rey en el
manantial de Gihón. Acaban de regresar, y toda la ciudad está celebrando y
festejando. Por eso hay tanto ruido. 46 Es más,
ahora mismo Salomón está sentado en el trono real como rey, 47 y
todos los funcionarios reales han ido a felicitar al rey David y a decirle:
“¡Que su Dios aumente la fama de Salomón aún más que la suya, y que engrandezca
el reinado de Salomón aún más que el suyo!”. Entonces el rey inclinó la cabeza
en adoración mientras estaba en su cama 48 y dijo:
“Alabado sea el Señor, Dios de Israel, quien el día de hoy ha escogido a
un sucesor que se siente en mi trono mientras yo aún vivo para presenciarlo”.
49 Entonces
todos los invitados de Adonías, presos del pánico, saltaron de la mesa del
banquete y se dispersaron velozmente. 50 Adonías
tuvo miedo de Salomón, por lo que corrió a la carpa sagrada y se agarró de los
cuernos del altar. 51 Pronto llegó a Salomón la
noticia de que Adonías, por temor, se había agarrado de los cuernos del altar y
rogaba: «¡Que el rey Salomón jure hoy que no me matará!».
52 Salomón
respondió: «Si él demuestra ser leal, no se le tocará un pelo de la cabeza;
pero si causa problemas, morirá». 53 Entonces el
rey Salomón mandó llamar a Adonías, y lo bajaron del altar. Adonías llegó y se
inclinó respetuosamente ante el rey Salomón, quien lo despidió diciéndole:
«Vete a tu casa».
Últimas instrucciones de David a
Salomón
2 Cuando
ya se acercaba el momento de morir, el rey David le dio el siguiente encargo a
su hijo Salomón:
2 «Yo
voy camino al lugar donde todos partirán algún día. Ten valor y sé
hombre. 3 Cumple los requisitos del Señor tu
Dios y sigue todos sus caminos. Obedece los decretos, los mandatos, las
ordenanzas y las leyes que están escritos en la ley de Moisés, para que tengas
éxito en todo lo que hagas y dondequiera que vayas. 4 Si
lo haces, el Señor cumplirá la promesa que me hizo cuando me dijo:
“Si tus descendientes viven como debe ser y me siguen fielmente, con todo el
corazón y con toda el alma, siempre habrá uno de ellos en el trono de Israel”.
5 »Además,
tú ya sabes lo que me hizo Joab, hijo de Sarvia, cuando mató a mis dos
comandantes del ejército: a Abner, hijo de Ner, y a Amasa, hijo de Jeter. Él
fingió que fue un acto de guerra, pero estábamos en tiempo de paz, con lo cual manchó con sangre inocente su
cinto y sus sandalias. 6 Haz con él lo que mejor te
parezca, pero no permitas que envejezca y vaya a la tumba en paz.
7 »Sé
bondadoso con los hijos de Barzilai, de Galaad. Haz que sean invitados
permanentes en tu mesa, porque ellos me cuidaron cuando yo huía de tu hermano
Absalón.
8 »Acuérdate
de Simei, hijo de Gera, el hombre de Bahurim de la tribu de Benjamín. Él me
maldijo con una maldición terrible cuando yo escapaba hacia Mahanaim. Cuando
vino a verme al río Jordán, yo le juré por el Señor que no lo
mataría; 9 pero ese juramento no lo hace inocente.
Tú eres un hombre sabio y sabrás cómo darle una muerte sangrienta».
10 Luego
David murió y fue enterrado con sus antepasados en la Ciudad de David. 11 David
reinó en Israel durante cuarenta años, siete de ellos en Hebrón y treinta y
tres en Jerusalén. 12 Salomón lo sucedió y se sentó
en el trono de David, su padre, y su reino se estableció firmemente.
Salomón establece su gobierno
13 Cierto
día Adonías, cuya madre era Haguit, fue a ver a Betsabé, la madre de Salomón.
—¿Vienes en son de paz?—le preguntó Betsabé.
—Sí—contestó él—, vengo en paz. 14 Quiero
pedirte un favor.
—¿De qué se trata?—le preguntó ella.
15 Él
contestó:
—Como sabes, el reino me correspondía a mí; todo
Israel quería que yo fuera el siguiente rey. Pero todo cambió, y el reino pasó
a mi hermano porque el Señor así lo quiso. 16 Ahora
solo tengo un favor que pedirte, no me lo niegues.
—¿De qué se trata?—preguntó ella.
17 Él
contestó:
—Habla con el rey Salomón de mi parte, porque yo
sé que él hará cualquier cosa que tú le pidas. Dile que me permita casarme con
Abisag, la muchacha de Sunem.
18 —Está
bien—respondió Betsabé—. Le hablaré al rey por ti.
19 Entonces
Betsabé fue a ver al rey para hablarle en nombre de Adonías. El rey se levantó
de su trono para recibirla y se inclinó ante ella. Cuando volvió a sentarse en
su trono, ordenó que trajeran un trono para su madre, y ella se sentó a la
derecha del rey.
20 —Tengo
un pequeño favor que pedirte—le dijo ella—. Espero que no me lo niegues.
—¿De qué se trata, madre mía?—preguntó el rey—.
Tú sabes que no te lo negaré.
21 —Entonces
permite que tu hermano Adonías se case con Abisag, la muchacha de
Sunem—contestó ella.
22 —¿Cómo
es posible que tú me pidas que entregue a Abisag en matrimonio a
Adonías?—preguntó el rey Salomón—. ¡Sería lo mismo que pedirme que le dé el
reino! Tú sabes que él es mi hermano mayor y que tiene de su lado al sacerdote
Abiatar y a Joab, hijo de Sarvia.
23 Entonces
el rey Salomón hizo un juramento delante del Señor diciendo:
—Que Dios me hiera e incluso me mate si Adonías
no ha sellado su destino con esta petición. 24 El Señor me
ha confirmado y me ha puesto en el trono de David, mi padre; él ha establecido
mi dinastía, tal como lo prometió. Por lo tanto, ¡tan cierto como que el Señor vive,
Adonías morirá hoy mismo!
25 Entonces
el rey Salomón le ordenó a Benaía, hijo de Joiada, que lo ejecutara; y Adonías
murió.
26 Luego
el rey dijo al sacerdote Abiatar: «Regresa a tu casa, en Anatot. Mereces morir,
pero no voy a matarte ahora porque tú cargaste el arca del Señor Soberano
para David, mi padre, y estuviste con él en todas sus dificultades». 27 De
ese modo Salomón expulsó a Abiatar del cargo de sacerdote del Señor, y así
se cumplió la profecía que el Señor había dado en Silo acerca de los
descendientes de Elí.
28 Joab
no se había unido anteriormente a la rebelión de Absalón, pero sí se había
sumado a la rebelión de Adonías. Así que, al enterarse de la muerte de Adonías,
corrió a la carpa sagrada del Señor y se agarró de los cuernos del
altar. 29 Cuando se lo informaron al rey, Salomón
mandó a Benaía, hijo de Joiada, a ejecutarlo.
30 Benaía
fue a la carpa sagrada del Señor y le dijo a Joab:
—¡El rey te ordena que salgas!
Pero Joab respondió:
—No, aquí moriré.
Entonces Benaía regresó a ver al rey y le informó
lo que Joab había dicho.
31 «Haz
lo que él pide—respondió el rey—. Mátalo allí, junto al altar, y entiérralo.
Así se borrará de la familia de mi padre la culpa de los asesinatos sin sentido
que cometió Joab. 32 El Señor le cobrará las muertes de dos hombres que eran
más justos y mejores que él, ya que mi padre no sabía nada de las muertes de
Abner, hijo de Ner, comandante del ejército de Israel, y de Amasa, hijo de
Jeter, comandante del ejército de Judá. 33 Que Joab
y sus descendientes sean por siempre culpables de la sangre de ellos, y que
el Señor conceda paz a David, a sus descendientes, a su dinastía y a
su trono para siempre».
34 Entonces
Benaía, hijo de Joiada, volvió a la carpa sagrada y mató a Joab, y fue
enterrado junto a su casa en el desierto. 35 Después,
el rey nombró comandante del ejército a Benaía en lugar de Joab, y puso al
sacerdote Sadoc en lugar de Abiatar.
36 Luego
el rey mandó llamar a Simei y le dijo:
—Construye una casa aquí en Jerusalén y vive en
ella, pero no salgas de la ciudad por ningún motivo. 37 Pues
el día que salgas y pases el valle de Cedrón, ciertamente morirás, y tu sangre
volverá sobre tu propia cabeza.
38 Simei
respondió:
—Tu sentencia es justa; haré todo lo que mi señor
el rey mande.
Por lo tanto, Simei vivió en Jerusalén un largo
tiempo.
39 Sin
embargo, tres años después, dos esclavos de Simei se fugaron a Gat, donde
reinaba Aquis, hijo de Maaca. Cuando Simei supo dónde estaban, 40 ensilló
su burro y fue a Gat a buscarlos. Una vez que los encontró, los llevó de
regreso a Jerusalén.
41 Salomón
se enteró de que Simei había salido de Jerusalén, que había ido a Gat y
regresado. 42 Así que el rey lo mandó llamar y le
preguntó: «¿No te hice jurar por el Señor y te advertí que no
salieras a ninguna parte, o de lo contrario, morirías? Y tú respondiste: “La
sentencia es justa; haré lo que mandes”. 43 Entonces,
¿por qué no cumpliste tu juramento al Señor ni obedeciste mi orden?».
44 El
rey también le dijo: «Seguramente recordarás todas las maldades que le hiciste
a mi padre David. Que ahora el Señor traiga todo ese mal sobre tu
cabeza; 45 pero que yo, el rey Salomón, reciba las
bendiciones del Señor, y que siempre haya un descendiente de David sentado
en este trono, en presencia del Señor». 46 Entonces,
por orden del rey, Benaía, hijo de Joiada, llevó a Simei afuera y lo mató.
De ese modo, el reino quedó afianzado en manos de
Salomón.
Salomón pide sabiduría
3 Salomón
hizo una alianza con el faraón, rey de Egipto, y se casó con una de sus hijas.
Se la llevó a vivir a la Ciudad de David mientras terminaba de construir su
palacio, el templo del Señor y la muralla que rodeaba la
ciudad. 2 En ese tiempo, el pueblo de Israel
sacrificaba sus ofrendas en los lugares de culto de la región, porque todavía
no se había construido un templo en honor al nombre del Señor.
3 Salomón
amaba al Señor y seguía todos los decretos de su padre David; sin
embargo, él también ofrecía sacrificios y quemaba incienso en los lugares de
culto de la región. 4 El más importante de esos
lugares de culto se encontraba en Gabaón; así que el rey fue allí y sacrificó
mil ofrendas quemadas. 5 Esa noche, el Señor se
le apareció a Salomón en un sueño y Dios le dijo:
—¿Qué es lo que quieres? ¡Pídeme, y yo te lo
daré!
6 Salomón
contestó:
—Tú mostraste gran y fiel amor hacia tu siervo
David, mi padre, un hombre transparente y leal, quien te fue fiel. Hoy sigues
mostrándole este gran y fiel amor al darle un hijo que se siente en su trono.
7 »Ahora,
oh Señor mi Dios, tú me has hecho rey en lugar de mi padre, David,
pero soy como un niño pequeño que no sabe por dónde ir. 8 Sin
embargo, aquí estoy en medio de tu pueblo escogido, ¡una nación tan grande y
numerosa que no se puede contar! 9 Dame un corazón
comprensivo para que pueda gobernar bien a tu pueblo, y sepa la diferencia
entre el bien y el mal. Pues, ¿quién puede gobernar por su propia cuenta a este
gran pueblo tuyo?
10 Al
Señor le agradó que Salomón pidiera sabiduría. 11 Así
que le respondió:
—Como pediste sabiduría para gobernar a mi pueblo
con justicia y no has pedido una larga vida, ni riqueza, ni la muerte de tus
enemigos, 12 ¡te concederé lo que me has pedido! Te
daré un corazón sabio y comprensivo, como nadie nunca ha tenido ni jamás
tendrá. 13 Además, te daré lo que no me pediste:
riquezas y fama. Ningún otro rey del mundo se comparará a ti por el resto de tu
vida. 14 Y si tú me sigues y obedeces mis decretos
y mis mandatos como lo hizo tu padre David, también te daré una larga vida.
15 Entonces
Salomón se despertó y se dio cuenta de que había sido un sueño. Volvió a
Jerusalén, se presentó delante del arca del pacto del Señor y allí sacrificó
ofrendas quemadas y ofrendas de paz. Luego invitó a todos sus funcionarios a un
gran banquete.
Salomón juzga con sabiduría
16 Tiempo
después, dos prostitutas fueron a ver al rey para resolver un asunto. 17 Una
de ellas comenzó a rogarle: «Ay, mi señor, esta mujer y yo vivimos en la misma
casa. Ella estaba conmigo en la casa cuando yo di a luz a mi bebé. 18 Tres
días después, ella también tuvo un bebé. Estábamos las dos solas y no había
nadie más en la casa.
19 »Ahora
bien, su bebé murió durante la noche porque ella se acostó encima de él. 20 Luego
ella se levantó a la medianoche y sacó a mi hijo de mi lado mientras yo dormía;
puso a su hijo muerto en mis brazos y se llevó al mío a dormir con ella. 21 A
la mañana siguiente, cuando quise amamantar a mi hijo, ¡el bebé estaba muerto!
Pero cuando lo observé más de cerca, a la luz del día, me di cuenta de que no
era mi hijo».
22 Entonces
la otra mujer interrumpió:
—Claro que era tu hijo, y el niño que está vivo
es el mío.
—¡No!—dijo la mujer que habló primero—, el niño
que está vivo es el mío y el que está muerto es el tuyo.
Así discutían sin parar delante del rey.
23 Entonces
el rey dijo: «Aclaremos los hechos. Las dos afirman que el niño que está vivo
es suyo, y cada una dice que el que está muerto pertenece a la otra. 24 Muy
bien, tráiganme una espada». Así que le trajeron una espada.
25 Luego
dijo: «¡Partan al niño que está vivo en dos, y denle la mitad del niño a una y
la otra mitad a la otra!».
26 Entonces
la verdadera madre del niño, la que lo amaba mucho, gritó: «¡Oh no, mi señor!
¡Denle el niño a ella, pero, por favor, no lo maten!».
En cambio, la otra mujer dijo: «Me parece bien,
así no será ni tuyo ni mío; ¡divídanlo entre las dos!».
27 Entonces
el rey dijo: «No maten al niño; dénselo a la mujer que desea que viva, ¡porque
ella es la madre!».
28 Cuando
el pueblo se enteró de la decisión que había tomado el rey, todos en Israel
quedaron admirados porque reconocieron la sabiduría que Dios le había dado para
impartir justicia.
SALMOS 94
Oh Señor, Dios de venganza,
oh Dios de venganza, ¡haz que tu gloriosa justicia
resplandezca!
2 Levántate, oh Juez de la tierra;
dales su merecido a los orgullosos.
3 ¿Hasta cuándo, Señor?
¿Hasta cuándo los perversos tendrán permiso para
regodearse?
4 ¿Hasta cuándo hablarán con arrogancia?
¿Hasta cuándo se jactarán estos malvados?
5 Aplastan a tu pueblo, Señor;
lastiman a los que llamas tuyos.
6 Matan a las viudas y a los extranjeros,
y asesinan a los huérfanos.
7 «El Señor no está mirando—dicen—,
y además, al Dios de Israel no le importa».
8 ¡Piénsenlo
mejor, necios!
¿Cuándo por fin se darán cuenta?
9 El que les hizo los oídos, ¿acaso es sordo?
El que les formó los ojos, ¿acaso es ciego?
10 Él castiga a las naciones, ¿acaso no los castigará a
ustedes?
Él todo lo sabe, ¿acaso no sabe también lo que ustedes
hacen?
11 El Señor conoce los pensamientos de la
gente;
¡sabe que no valen nada!
12 Felices
aquellos a quienes tú disciplinas, Señor,
aquellos a los que les enseñas tus instrucciones.
13 Los alivias en tiempos difíciles
hasta que se cave un pozo para capturar a los malvados.
14 El Señor no rechazará a su pueblo;
no abandonará a su posesión más preciada.
15 El juicio volverá a basarse en la justicia,
y los de corazón íntegro la procurarán.
16 ¿Quién
me protegerá de los perversos?
¿Quién me defenderá de los malvados?
17 Si el Señor no me hubiera ayudado,
pronto me habría quedado en el silencio de la tumba.
18 Clamé: «¡Me resbalo!»,
pero tu amor inagotable, oh Señor, me sostuvo.
19 Cuando mi mente se llenó de dudas,
tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría.
20 ¿Acaso
pueden los líderes injustos afirmar que Dios está de su lado,
los líderes cuyos decretos permiten la injusticia?
21 Se unen contra los justos
y condenan a muerte a los inocentes.
22 Pero el Señor es mi fortaleza;
mi Dios es la roca poderosa donde me escondo.
23 Dios hará que los pecados de los malvados se tornen
contra ellos;
los destruirá por sus pecados.
El Señor nuestro Dios los destruirá.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
En Reyes, el
hijo de David, Salomón, lleva a Israel a la grandeza, pero después falla y
lleva a Israel a una guerra civil y, finalmente, a la destrucción y al exilio.
SABIDURÍA, JUSTICIA Y PROPÓSITO DIVINO EN EL INICIO DEL REINADO DE
SALOMÓN
Estimado Lector:
El primer libro de Reyes presenta el cierre del reinado de David y la
transición hacia el gobierno de Salomón, evidenciando la soberanía de Dios en
medio de tensiones humanas y decisiones determinantes. En el capítulo 1, se
muestra a un David anciano, mientras Adonías intenta proclamarse rey sin
autorización. Sin embargo, la intervención de Natán y Betsabé permite que se
cumpla la voluntad divina, siendo Salomón ungido oficialmente. Este hecho
refleja que, aun en contextos de intriga, el propósito de Dios prevalece.
En el capítulo 2, David transmite a Salomón instrucciones finales,
exhortándolo a caminar en obediencia y a ejercer justicia con sabiduría. Tras
la muerte de David, Salomón consolida su reino enfrentando y eliminando
amenazas internas, incluyendo a Adonías y otros opositores. Este proceso
resalta la importancia de establecer un liderazgo firme basado en la obediencia
a la ley divina.
El capítulo 3 describe un momento clave del inicio de su reinado. Dios
concede a Salomón la oportunidad de pedir lo que desee, y este solicita
sabiduría para gobernar. Esta petición agrada a Dios, quien le concede
sabiduría, riqueza y honor. La decisión frente al caso de las dos mujeres que
disputaban la maternidad de un niño evidencia el discernimiento otorgado por
Dios, destacando que la verdadera grandeza radica en la capacidad de juzgar con
justicia.
El Salmo 94 complementa esta perspectiva al presentar a Dios como juez
justo que observa la maldad y escucha el clamor de los justos. Aunque la
injusticia parece prevalecer temporalmente, se afirma que Dios no abandona a su
pueblo y ejercerá justicia. Asimismo, se resalta que la disciplina divina forma
parte de su enseñanza.
En conjunto, estos pasajes muestran que el liderazgo y la justicia se
fundamentan en la obediencia, la sabiduría y la dependencia de Dios, quien
dirige la historia hacia el cumplimiento de su propósito.
Aplicación:
Se evidencia la importancia de buscar sabiduría antes que beneficio
personal, reconociendo que un liderazgo correcto requiere discernimiento y
obediencia. Asimismo, se resalta que, aunque la injusticia pueda parecer
dominante, la justicia de Dios prevalece en su tiempo. Por ello, se enfatiza la
necesidad de confiar en su dirección, actuar con integridad y comprender que la
disciplina y los procesos forman parte del desarrollo de una vida guiada por
principios sólidos.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”