Julio 12 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 172
JEREMÍAS 14 – 17
La terrible sequía en Judá
14 Jeremías
recibió este mensaje del Señor que explica por qué detuvo la lluvia:
2 «Judá
desfallece;
el comercio a las puertas de la ciudad se estanca.
Todo el pueblo se sienta en el suelo porque está de luto,
y surge un gran clamor de Jerusalén.
3 Los nobles envían a sus sirvientes a buscar agua,
pero los pozos están secos.
Confundidos y desesperados, los siervos regresan
con sus cántaros vacíos,
y con sus cabezas cubiertas en señal de dolor.
4 El suelo está reseco
y agrietado por falta de lluvia.
Los agricultores están profundamente angustiados;
ellos también se cubren la cabeza.
5 Aun la cierva abandona su cría
porque no hay pasto en el campo.
6 Los burros salvajes se paran sobre las lomas desiertas
jadeando como chacales sedientos.
Fuerzan la vista en busca de hierba,
pero no la hay por ninguna parte».
7 La
gente dice: «Nuestra maldad nos alcanzó, Señor,
pero ayúdanos por el honor de tu propia fama.
Nos alejamos de ti
y pecamos contra ti una y otra vez.
8 Oh Esperanza de Israel, nuestro Salvador en tiempos de
aflicción,
¿por qué eres como un desconocido?
¿Por qué eres como un viajero que pasa por la tierra
y se detiene solamente para pasar la noche?
9 ¿Estás confundido también?
¿Es nuestro guerrero valiente incapaz de salvarnos?
Señor, tú estás aquí entre nosotros
y somos conocidos como pueblo tuyo.
¡Por favor, no nos abandones ahora!».
10 Así
que el Señor dice a su pueblo:
«A ustedes les encanta andar lejos de mí
y no se han contenido.
Por lo tanto, no los aceptaré más como mi pueblo;
ahora les recordaré todas sus maldades
y los castigaré por sus pecados».
El Señor le prohíbe a
Jeremías que interceda
11 Luego
el Señor me dijo:
—Ya no ores más por este pueblo. 12 Cuando
ellos ayunen no les prestaré atención. Cuando me presenten sus ofrendas
quemadas y las ofrendas de grano, no las aceptaré. En cambio, los devoraré con
guerra, hambre y enfermedad.
13 Luego
dije:
—Oh Señor Soberano, sus profetas les
dicen: “Todo está bien, no vendrá guerra ni hambre.
El Señor ciertamente les enviará paz”.
14 Entonces
el Señor dijo:
—Esos profetas dicen mentiras en mi nombre. Yo no
los envié ni les dije que hablaran. No les transmití ningún mensaje. Ellos
profetizan visiones y revelaciones que nunca han visto ni oído. Hablan
necedades, producto de su propio corazón mentiroso. 15 Por
lo tanto, esto dice el Señor: yo castigaré a esos profetas mentirosos,
porque han hablado en mi nombre a pesar de que no los envié. Dicen que no
vendrá guerra ni hambre, ¡pero ellos mismos morirán en la guerra y morirán de
hambre! 16 En cuanto a aquellos a quienes
profetizan, sus cadáveres serán arrojados en las calles de Jerusalén, víctimas
del hambre y de la guerra. No quedará nadie para enterrarlos. Se habrán ido
todos: esposos, esposas, hijos e hijas. Pues derramaré sobre ellos su propia
maldad. 17 Ahora bien, Jeremías, diles esto:
»“Mis ojos derraman lágrimas día y noche.
No puedo dejar de llorar
porque mi hija virgen—mi pueblo precioso—
ha sido derribada
y yace herida de muerte.
18 Si salgo al campo,
veo los cuerpos masacrados por el enemigo.
Si camino por las calles de la ciudad,
veo gente muerta por el hambre.
Los profetas y los sacerdotes continúan con su trabajo,
pero no saben lo que hacen”.
Oración por sanidad
19 Señor,
¿has rechazado por completo a Judá?
¿Verdaderamente odias a Jerusalén?
¿Por qué nos has herido sin la menor esperanza de recuperarnos?
Esperábamos paz, pero la paz no llegó;
esperábamos un tiempo de sanidad, pero solo encontramos
terror.
20 Señor, confesamos nuestra maldad
y también la de nuestros antepasados;
todos hemos pecado contra ti.
21 Por el honor de tu fama, Señor, no nos
abandones;
no deshonres tu propio trono glorioso.
Por favor, recuérdanos,
y no rompas tu pacto con nosotros.
22 ¿Puede
alguno de los inútiles dioses ajenos enviarnos lluvia?
¿O acaso cae del cielo por sí misma?
No, tú eres el único, ¡oh Señor nuestro Dios!
Solo tú puedes hacer tales cosas.
Entonces esperaremos que nos ayudes.
Inevitable condenación de Judá
15 Luego
el Señor me dijo: «Aun si Moisés y Samuel se presentaran delante de
mí para rogarme por este pueblo, no lo ayudaría. ¡Fuera con ellos! ¡Quítenlos
de mi vista! 2 Y si te dijeren: “¿Pero adónde
podemos ir?”, diles: “Esto dice el Señor:
»”‘Los que están destinados a la muerte, a la
muerte;
los destinados a la guerra, a la guerra;
los destinados al hambre, al hambre;
los destinados al cautiverio, al cautiverio’”.
3 »Enviaré
contra ellos cuatro clases de destructores—dice el Señor—. Enviaré la
espada para matar, los perros para arrastrar, los buitres para devorar y los
animales salvajes para acabar con lo que haya quedado. 4 Debido
a las cosas perversas que Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, hizo en
Jerusalén, haré a mi pueblo objeto de horror para todos los reinos de la
tierra.
5 »¿Quién
tendrá compasión de ti, Jerusalén?
¿Quién llorará por ti?
¿Quién se tomará la molestia de preguntar cómo estás?
6 Tú me has abandonado
y me has dado la espalda
—dice el Señor—.
Por eso, levantaré mi puño para destruirte.
Estoy cansado de darte siempre otra oportunidad.
7 Te aventaré como el grano a las puertas de las
ciudades
y te quitaré tus hijos que tanto quieres.
Destruiré a mi propio pueblo,
porque rehusó cambiar sus malos caminos.
8 Habrá más viudas
que granos de arena a la orilla del mar.
Traeré al destructor al mediodía
contra las madres de los jóvenes.
Súbitamente haré que caigan sobre ellas
la angustia y el terror.
9 La madre de siete hijos se debilita y lucha por
respirar;
su sol se puso mientras todavía es de día.
Ahora queda sin hijos,
avergonzada y humillada.
A los que queden, los entregaré
para que sus enemigos los maten.
¡Yo, el Señor, he hablado!».
Queja de Jeremías
10 Luego
dije:
—¡Qué aflicción tengo, madre mía!
¡Oh, si hubiera muerto al nacer!
En todas partes me odian.
No soy un acreedor que pretende cobrar
ni un deudor que se niega a pagar;
aun así todos me maldicen.
11 El Señor respondió:
—Yo cuidaré de ti, Jeremías;
tus enemigos te pedirán que ruegues a su favor
en tiempos de aflicción y angustia.
12 ¿Puede un hombre quebrar una barra de hierro que
proviene del norte
o una barra de bronce?
13 Sin que a ellos les cueste nada,
entregaré tus riquezas y tesoros
a tus enemigos como botín,
porque el pecado corre desenfrenado en tu tierra.
14 Les diré a tus enemigos que te lleven
cautivo a una tierra extranjera.
Pues mi enojo arde como un fuego
que quemará para siempre.
15 Luego
dije:
—Señor, tú sabes lo que me sucede.
Por favor, ayúdame. ¡Castiga a mis perseguidores!
Por favor, dame más tiempo; no dejes que muera joven.
Es por tu causa que sufro.
16 Cuando descubrí tus palabras las devoré;
son mi gozo y la delicia de mi corazón,
porque yo llevo tu nombre,
oh Señor Dios de los Ejércitos Celestiales.
17 Nunca me uní a la gente en sus alegres banquetes.
Me senté a solas porque tu mano estaba sobre mí
y me llené de indignación ante sus pecados.
18 ¿Por qué, entonces, continúa mi sufrimiento?
¿Por qué es incurable mi herida?
Tu ayuda parece tan incierta como el arroyo estacional,
como un manantial que se ha secado.
19 Esto
responde el Señor:
—Si regresas a mí te restauraré
para que puedas continuar sirviéndome.
Si hablas palabras beneficiosas en vez de palabras despreciables,
serás mi vocero.
Tienes que influir en ellos;
¡no dejes que ellos influyan en ti!
20 Pelearán contra ti como un ejército en ataque,
pero yo te haré tan seguro como una pared de bronce
fortificada.
Ellos no te conquistarán,
porque estoy contigo para protegerte y rescatarte.
¡Yo, el Señor, he hablado!
21 Sí, te mantendré a salvo de estos hombres malvados;
te rescataré de sus manos crueles.
A Jeremías se le prohíbe casarse
16 El Señor me
dio otro mensaje: 2 «No te cases ni tengas hijos en
este lugar. 3 Pues esto dice
el Señor acerca de los niños nacidos en esta ciudad y de sus madres y
padres: 4 morirán de enfermedades terribles. Nadie
llorará por ellos ni tampoco los enterrarán, sino que yacerán dispersos sobre
el suelo como si fueran estiércol. Morirán por la guerra y morirán de hambre, y
sus cuerpos serán comida para los buitres y los animales salvajes».
Se acerca el castigo a Judá
5 Esto
dice el Señor: «No vayas a los funerales para llorar y mostrar compasión
por ellos, porque he retirado mi protección y mi paz de ellos; he quitado mi
amor inagotable y mi misericordia. 6 Tanto el
grande como el humilde morirán en esta tierra. Nadie los enterrará ni se
lamentará por ellos. Sus amigos no se cortarán la piel ni se afeitarán la
cabeza en señal de tristeza. 7 Nadie ofrecerá una
comida para consolar a quienes estén de luto por un muerto, ni siquiera por la
muerte de una madre o de un padre. Nadie enviará una copa de vino para
consolarlos.
8 »No
vayas a sus fiestas ni a sus banquetes. Ni siquiera comas o bebas con
ellos. 9 Pues esto dice el Señor de los
Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: en sus propios días y ante sus propios
ojos pondré fin a las risas y a las canciones alegres en esta tierra. Ya no se
oirán las voces felices de los novios ni de las novias.
10 »Cuando
le digas todas estas cosas a la gente, ellos te preguntarán: “¿Por qué
el Señor decretó cosas tan terribles contra nosotros? ¿Qué hemos
hecho para merecer semejante trato? ¿Cuál es nuestro pecado contra
el Señor nuestro Dios?”.
11 »Entonces
les darás la respuesta del Señor: “Es porque sus antepasados me fueron
infieles y rindieron culto a otros dioses y los sirvieron. Me abandonaron y no
obedecieron mi palabra. 12 ¡Y ustedes son peores
que sus antepasados! Se pusieron tercos y siguen sus propios malos deseos y
rehúsan escucharme. 13 Por lo tanto, los expulsaré
de esta tierra y los enviaré a una tierra extraña en la que ni ustedes ni sus
antepasados han estado. Allí podrán rendir culto a ídolos día y noche, y ¡no
les concederé ningún favor!”.
Esperanza a pesar del desastre
14 »Por
tanto, se acerca la hora—dice el Señor—, cuando la gente que haga un
juramento ya no dirá: “Tan cierto como que el Señor vive, quien
rescató al pueblo de Israel de la tierra de Egipto”. 15 En
cambio, dirán: “Tan cierto como que el Señor vive, quien trajo a
Israel de regreso a su propia tierra desde la tierra del norte y de todos los
países a donde él los envió al destierro”. Pues los traeré nuevamente a esta
tierra que les di a sus antepasados.
16 »Ahora
mandaré llamar a muchos pescadores para que los capturen—dice el Señor—.
Mandaré llamar a cazadores para que los cacen en los montes, en las colinas y
en las cuevas. 17 Los vigilo de cerca y veo cada
pecado. No hay esperanza de que se escondan de mí. 18 Duplicaré
su castigo por todos sus pecados, porque han contaminado mi tierra con las
imágenes sin vida de sus detestables dioses y han llenado mi territorio con sus
hechos malignos».
Oración de confianza de Jeremías
19 Señor,
¡tú eres mi fuerza y mi fortaleza,
mi refugio en el día de aflicción!
Las naciones del mundo entero
vendrán a ti y te dirán:
«Nuestros antepasados nos han dejado una herencia despreciable,
porque rendían culto a ídolos inútiles.
20 ¿Acaso puede la gente hacer sus propios dioses?
¡Esos no son dioses verdaderos en absoluto!».
21 El Señor dice:
«Ahora les mostraré mi poder;
ahora les mostraré mi fuerza.
Al fin sabrán y entenderán
que yo soy el Señor.
Pecado y castigo de Judá
17 »El
pecado de Judá
está escrito con cincel de hierro,
grabado con punta de diamante en su corazón de piedra
y en las esquinas de sus altares.
2 Incluso sus hijos van a rendir culto
en los altares paganos y en los postes dedicados a la
diosa Asera,
debajo de todo árbol frondoso
y sobre cada colina alta.
3 Así que entregaré mi monte santo
—junto con todas sus riquezas, tesoros
y santuarios paganos—
como botín a sus enemigos,
porque el pecado corre desenfrenado en su tierra.
4 La herencia maravillosa que he reservado para ustedes
se les escapará de las manos.
Les diré a sus enemigos que los lleven
cautivos a una tierra extranjera.
Pues mi enojo arde como un fuego
que quemará para siempre».
La sabiduría del Señor
5 Esto
dice el Señor:
«Malditos son los que ponen su confianza en simples seres humanos,
que se apoyan en la fuerza humana
y apartan el corazón del Señor.
6 Son como los arbustos raquíticos del desierto,
sin esperanza para el futuro.
Vivirán en lugares desolados,
en tierra despoblada y salada.
7 »Pero
benditos son los que confían en el Señor
y han hecho que el Señor sea su esperanza y
confianza.
8 Son como árboles plantados junto a la ribera de un río
con raíces que se hunden en las aguas.
A esos árboles no les afecta el calor
ni temen los largos meses de sequía.
Sus hojas están siempre verdes
y nunca dejan de producir fruto.
9 »El
corazón humano es lo más engañoso que hay,
y extremadamente perverso.
¿Quién realmente sabe qué tan malo es?
10 Pero yo, el Señor, investigo todos los corazones
y examino las intenciones secretas.
A todos les doy la debida recompensa,
según lo merecen sus acciones».
Jeremías confía en el Señor
11 Los
que acaparan riquezas en forma injusta
son como las perdices que empollan los huevos que no
han puesto.
En la mitad de la vida perderán sus riquezas;
al final, se volverán unos pobres viejos tontos.
12 Pero nosotros adoramos frente a tu trono:
¡eterno, puesto en alto y glorioso!
13 Oh Señor, esperanza de Israel,
serán avergonzados todos los que se alejan de ti.
Serán enterrados en el polvo de la tierra,
porque han abandonado al Señor, la fuente de agua
viva.
14 Oh Señor,
si me sanas, seré verdaderamente sano;
si me salvas, seré verdaderamente salvo.
¡Mis alabanzas son solo para ti!
15 La gente se burla de mí y dice:
«¿Cuál es este “mensaje del Señor” del que hablas?
¿Por qué no se cumplen tus predicciones?».
16 Señor,
no he abandonado mi labor
como pastor de tu pueblo
ni he insistido que mandes desastres.
Tú has oído todo lo que dije.
17 Señor, ¡no me aterrorices!
Solo tú eres mi esperanza en el día de la calamidad.
18 Haz que se avergüencen y se desalienten todos los que
me persiguen,
pero no dejes que sea yo el avergonzado y el
desalentado.
Haz que caiga sobre ellos un día de terror.
¡Sí, haz que caiga sobre ellos doble destrucción!
Guardar el día de descanso
19 Esto
me dijo el Señor: «Ve y párate en las puertas de Jerusalén, primero en la
puerta por donde el rey entra y sale, y luego en cada una de las demás
puertas. 20 Dile a todo el pueblo: “Escuchen este
mensaje del Señor, ustedes reyes de Judá y ustedes, habitantes de Judá y
todos los que viven en Jerusalén. 21 Esto dice
el Señor: ‘¡Escuchen mi advertencia! No comercien más en las puertas de
Jerusalén en el día de descanso. 22 No trabajen en
el día de descanso, sino hagan que sea un día sagrado. Yo les di este mandato a
sus antepasados, 23 pero ellos no escucharon ni
obedecieron. Tercamente rehusaron prestar atención o recibir mi disciplina.
24 »”’Pero
si me obedecen, dice el Señor, y no comercian en las puertas ni trabajan
en el día de descanso, y si lo guardan como día sagrado, 25 entonces
los reyes y sus funcionarios entrarán y saldrán para siempre por estas puertas.
Siempre habrá un descendiente de David sentado en el trono aquí en Jerusalén.
Los reyes y sus funcionarios siempre entrarán y saldrán en carros y a caballo
por entre la gente de Judá, y esta ciudad permanecerá para siempre. 26 Desde
todas partes de Jerusalén, desde las ciudades de Judá y Benjamín, desde las
colinas occidentales y la zona montañosa, y del Neguev vendrá gente con
sus ofrendas quemadas y sus sacrificios. Traerán sus ofrendas de grano,
incienso y las ofrendas de acción de gracias al templo del Señor.
27 »”’Sin
embargo, si no me escuchan y se niegan a guardar como sagrado el día de
descanso, y si ese día pasan mercadería por las puertas de Jerusalén como si
fuera cualquier otro, entonces quemaré estas puertas. El fuego se extenderá a
los palacios y nadie podrá apagar las llamas rugientes’”».
SALMOS 17
Oración de David.
17 Oh Señor,
oye mi ruego pidiendo justicia;
escucha mi grito de auxilio.
Presta oído a mi oración,
porque proviene de labios sinceros.
2 Declárame inocente,
porque tú ves a los que hacen lo correcto.
3 Pusiste
a prueba mis pensamientos y examinaste mi corazón durante la noche;
me has escudriñado y no encontraste ningún mal.
Estoy decidido a no pecar con mis palabras.
4 He seguido tus mandatos,
los cuales me impidieron ir tras la gente cruel y
perversa.
5 Mis pasos permanecieron en tu camino;
no he vacilado en seguirte.
6 Oh
Dios, a ti dirijo mi oración porque sé que me responderás;
inclínate y escucha cuando oro.
7 Muéstrame tu amor inagotable de maravillosas maneras.
Con tu gran poder rescatas
a los que buscan refugiarse de sus enemigos.
8 Cuídame como cuidarías tus propios ojos;
escóndeme bajo la sombra de tus alas.
9 Protégeme de los perversos que me atacan,
del enemigo mortal que me rodea.
10 No tienen compasión;
¡escucha cómo se jactan!
11 Me rastrean y me rodean,
a la espera de cualquier oportunidad para tirarme al
suelo.
12 Son como leones hambrientos, deseosos por
despedazarme;
como leones jóvenes, escondidos en emboscada.
13 ¡Levántate,
oh Señor!
¡Enfréntalos y haz que caigan de rodillas!
¡Con tu espada rescátame de los perversos!
14 Con el poder de tu mano, oh Señor,
destruye a los que buscan su recompensa en este mundo;
pero sacia el hambre de los que son tu tesoro.
Que sus hijos tengan abundancia
y dejen herencia a sus descendientes.
15 Porque soy recto, te veré;
cuando despierte, te veré cara a cara y quedaré
satisfecho.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”